jueves, 14 de mayo de 2026

INSACIABLE APETITO


 

INSACIABLE APETITO


Insólitamente, las raíces, que iban elevando su crecimiento, quedan totalmente pobladas,  de grandes seres que a imagen y semejanza asoman con soltura como madres parturientas. En realidad,tienen una proximidad de apariencia con los duendes que acompañan a la población infantil en su desarrollo mental y creativo. El niño ve cómo van avanzado hacia él mientras sigue plantado, como un pedestal en la entrada de una casa vacía, alejada de un mundo moderno y evolutivo, plagado de espectros que pretenden un porvenir siempre mejorable. 

Rendido, intenta apartarse de la puerta y camina en sentido opuesto hacia los supuestos duendecillos que, como estelas, van flotando suspendidos en el aire más tibio, templado y rehabilitador. No quiere saber qué ocurrirá dentro de unos segundos, pero no le queda otra opción que presenciar un espectáculo sugerente, comprometedor y, a la vez, dilemático. Tommy quiere despertar, pero un sueño lo incita a contemplar cómo las criaturas realizan contorsiones y piruetas en un espacio liviano y pacífico. En unos brazos muy cortos llevan una antorcha que determina un recorrido desviado, lleno de movimientos oscilatorios. Sin esperarlo, esos brazos se alargan descaradamente con un gesto de convite a la vez que una escalera colgante, con quince peldaños permite que Tommy pueda participar en un desfile de seres que fantasean con prácticas exhibicionistas y circenses, que burlan la realidad más universal. De repente, no sabe cómo pero un salón, que airea un estilo propiamente modernista, tiene mesas redondas con unos hules de encaje conservados por un blanco, que recuerda la nieve escandinava y los entornos glaciales.

Tommy no atina a encontrar personas a quienes preguntar. Las entidades que antes vio parecen esfumadas por un parpadeo instantáneo. Él se acerca a la mesa más cercana a la hilera de peldaños que han permitido su descenso y siente los huesos crujir. Se encuentra contracturado, los músculos se han pinzado por un ir y venir en los que escenarios, nada concordantes ni regidos por una lógica ordenada, tienen a Tommy alocado, fuera de su control. Desea con empeño un despertar repentino, pero aquel lugar, que tiene al fondo un bufete con una serie de alimento crudos, que invitan a obedecer una dieta macrobiótica por ingredientes tan naturales, se encuentran colocados en cazuelas grisáceas y le despiertan apetito. 

Su mente le sacude la idea de arrasar, aprovechar la promoción gastronómica para vaciar todos los utensilios de cocina. Otra parte más interiorizada, en la que la cordura y un razonamiento procesado intervienen, detienen drásticamente ese deseo tan febril. Un hilo musical deja entonar voces que parecen surgidas de un plano celestial y relajan a Tommy. El muchacho está decaído. Tiene que poder contactar con alguien para encontrar un instrumento de rescate que lo lleve a la liberación. Él sabe que está soñando despierto, concienzudo frente a cualquier evento aparentemente circunstancial. Pero los sueños tienen una doble vertiente: pueden ser consejeros fieles que sirven de manual de guía para seguir una senda bien encauzada por pautas o pueden ser anhelos reprimidos, que nunca van a concebir un final consumado. Y ahí es donde reside el conflicto de este viaje que le permite, con todos los obstáculos, ver una realidad dual.

En la mesa en la que se halla aposentado hay servilletas de franela dobladas como aviones de papel, pero libre de cubiertos y artículos para proceder a una comilona copiosa. Esperando apaciblemente, con una mirada casi vencida por la resignación, dos presencias detrás del mostrador de alimentos captan su atención. Parecen brujos por el aspecto tan descuidado. Tienen pelos desgreñados, barba peinada con rastas asimétricas y una ropa extravagante: pantalones como hinchados por la presión del aire comprimido, con flecos y arrugas y una camisa bastante rota, con lunares de una brillantina de resalte escandaloso. Se apartan del bufete y se sientan frente a Tommy. Se presentan como recaderos de la diosa Venus. Tienen un mensaje que divulgar, pero no dan con el enfoque adecuado porque Tommy ha quedado compungido y poco alentado para cooperar con dichos intermediarios. En las manos llevan un frasco con un tapón de corcho que, al desprenderse, provoca nubes de humo con un espesor que ciega al niño durante unos instantes puntuales. Dentro, parece que haya una substancia licuada que podría ser un zumo, un sorbete o una bebida afrutada, quién sabe.  Tommy no pregunta. En su interior, un reloj de arena va amontonando dunas que perfilan la cuenta atrás; un compás cronológico que no puede calcularse, pero existe. Él lo sabe, pero no comprende la escena frente a unos tipejos estrambóticos, que le ofrecen una consumición que él no se atreve a aceptar. El mago más mayor, se coloca unas gafas con una montura gruesa y rompe el silencio más lamentable en una velada que no tiene explicación...

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