LA ESTIRPE
Senos distantes,
maternidad malograda,
mundo sin puerto para aterrar
sepulcral silencio de madrugada.
Nacimiento en agonía,
llanto en desconsuelo,
gemidos desesperanzados,
giros de volante flotando
entre un viento batido
entre el sol y la tormenta de puro duelo.
Ojos entornados,
frente a un aire atizador
que sopla implacable
entre tímidos trazos luminosos
inmersos en una gravedad palpable.
Un respiro me permito;
mi aliento levita
mas mi frágil cuerpo
exhausto en el lecho se rinde,
en un sueño que marca libre
el fin y mis orígenes.
Años transcurren,
a depurar mi espíritu me presto,
noches inmaculadas de recuesto,
quizás alumbren mi lecho
y pueda pasear libre
por los confines del universo,
sin saldar cuentas a enemigos
siempre en posición de acecho.
La luz no será un blanco fácil,
perseguir mis anhelos
con espada y puño haré frente,
más la dicha un sonreír esbozará
en la platea del estrellato
donde finalmente presumida lucirá.
Mis allegados pronto partirán;
el trono de mi niñez
desposeído de realce se torna,
mas ahora agradezco
la desnudez de mi ser
para vestirme de gala
por un cosmos de fábula,
que me invita a soñar despierta
con la oportunidad de acceder
a una acogedora y familiar compuerta.