lunes, 10 de junio de 2019

INOCENCIA INTERRUMPIDA


 



INOCENCIA INTERRUMPIDA


Un verano de 1984 yo y mi familia pasamos la temporada vacacional en un pueblecito de alta montaña, cerca de la sierra del cadí. En agosto, las temperaturas eran bochornosas, ya que el sol del mediodía bronceaba la piel sin ningún escrúpulo. Los rayos ultravioletas provocaban que la pigmentación se hiciera visible a través de las camisetas que quedaban empapadas de un olor característico, consumido por la dosis de un calor apalizante. 
Después de un día muy especial, en que una prima había querido celebrar su cumpleaños organizando un festival en la era de la casa de sus abuelos, ocurrió un hecho indigerible pero verídico.
A las diez de la noche, comenzaba un espectáculo de gala con bailarines, humoristas y presentadores en un show en el que la improvisación podía tener cabida, a pesar de haber realizado numerosos ensayos previos. Todos los habitantes de la aldea, además de visitantes y un grupo de niños, que pertenecían a una casal de colonias procedente de Barcelona, habían querido asistir como espectadores en aquella gala espectacular.
Yo y Silvia, la anfitriona de la noche estábamos muy bien maquilladas, con retoques en el rostro y vestíamos un mallot, con un vestido que colgaba por encima de unos leotardos muy ceñidos para presentar los números musicales de aquel mítico estreno.
Los abuelos y  padres de família habían tenido que finalizar las tareas agrícolas y ganaderas antes de lo previsto para sentarse en una butaca y ver desfilar, en primicia, a un público infantil que dejaría memorias imborrables con el paso de los años. La coreografía estaba muy bien sincronizada, perfectamente conseguida por maravillosas niñas que concentradas, salían a bailar temazos que formaban parte de una década de músicos consagrados, que pasarían a ser recordados por venideras generaciones. Aquella noche era especialmente fría, el aire calaba los huesos a pesar de estar situados en una estación veraniega y recuerdo que, entre descansos, me tapaba con una cazadora tejana que me había prestado mi tia para paliar los escalofríos que sentía. La noche prometía aplausos muy entusiastas, efusivos, en que se elogiaban los logros de los supuestos artistas, que imitaban cantantes tan populares como Irene Cara, Laura Branigan, Gloria Gaynor, Donna Summer, entre otros. Los familiares de los participantes fotografiaban con cámaras algunas salidas en escena en las que el baile tenía más estilismo y sobresalía de los cánones convencionales.
Sandra, un chiquilla de doce años, concluyó el festival con un número en que tenía que imitar el hit de Joe cocker en la película de "nueve semanas y media". Con una coquetería despampanante y una gracia, se iba desprendiendo de las piezas de ropa que llevaba hasta quedar semi desnuda, con un traje de baño y un sombrero como único atuendo. 
Las impresiones eran intercambiadas con mucha admiración por todos los asistentes del evento de una noche que merecía ser regocijada sin desprecio alguno. Para clausurar el show de medianoche, los monitores del esplai de Barcelona, propusieron un brindis para Silvia, ya que en el fondo ella era la heroína que había decidido la creación y la realización de un festival, que nunca antes fue consensuado.
Entre algunas reticencias, al final los niños fueron arrastrados a la cama por los abuelos y padres y los monitores con su grupo se despidieron formalmente, porque al día siguiente tenían que visitar Pedraforca y necesitaban reponer fuerzas para poder resistir una excursión a pie de tantos quilómetros de distancia.
Cuando me desperté a la mañana siguiente me sentía fatigada  y me preparé el desayuno con tostaditas y un poco de mermelada de fresa que había en el frigorífico. De repente, el portal se abrió y Sabina, una prima de cuatro años mayor que yo, vino a darnos una fatídica notícia:
 -Siento interrumpiros a estas horas, pero necesitaba hablar con vosotros.
Mis abuelos y yo estupefactos y enmudecidos esperábamos algún tipo de información.
-Una niña de doce años ha caído por un barranco a cuarenta metros de altura.
-¡Coomo! exclamé yo desencajada.
 -Se ve que los monitores la han obligado esta mañana a madrugar, a pesar de que ella les decía que tenía el estómago revuelto y pequeñas décimas de fiebre. Entre resistencias, controversias y disentimientos los monitores le han exigido salir de casa en contra de su voluntad.
-Pero, ¿Qué ha ocurrido exactamente? 
-El grupo iba andando en cuesta ascendente. Los caminos eran escarpados y llenos de hendiduras y baches difíciles de desafiar. Ella cada vez se sentía más mareada y estaba perdiendo el rumbo. El grupo iba a un quilómetro y medio más avanzado y los monitores no supervisaban que todos los chiquillos caminaran a la vez.
 Sabina sentía su corazón palpitar mientras proseguía con el incidente:
-El caso es que una compañera la vio tan descompuesta que la obligó a cogerse del brazo para reiniciar el trayecto. El problema radicaba en que el sendero se estrechaba  desmedidamente y no tenían apenas espacio para transitar las dos lado a lado.
-¿Y entonces que decidieron hacer?
 -No os lo creeréis pero la niña enferma resbaló de la mano de su compañera hasta caer al vacío. La compañera oyó un grito de terror que se iba evaporando con el eco de las montañas contiguas y, de pronto, asomó la cabeza hacia el acantilado para ver un cadáver que había quedado aplastado encima de una superfície empedrada.
-No puede ser, es terrible -respondí yo.
 En aquel instante recordaba la noche anterior en la que todo el grupo de colonias estaba conforme para alargar la jornada después del festival, y unas horas más tarde, una niña había perdido la vida de una forma francamente atroz.
Sabina y yo salimos a la calle para saber más sobre el tema. Vimos tres monitores que se dirigían al hostal del pueblo para dar parte al fallecimiento improcedente de una niña que había alegado motivos de peso para no acoplarse a la salida senderista que el esplai había convocado llevar a cabo aquella misma mañana.
Al verlos cabizbajos, con la cabeza casi replegada ante el torso, como arrepentidos y dolidos, sintiéndose responsables de una muerte capaz de ser evitada, comencé a preguntarme por la valía de los momentos infinitesimales que la vida nos ofrece insistentemente. 
Empecé a reflexionar que la vida de cualquier persona, independientemente de la edad, puede ser obstruida por cualquier percance fatalista. Seguramente, los monitores serían condenados, seguramente algún tipo de penalización llegaría a recaer sobre ellos. La verdad es que nunca he sabido del cierto como acabó el supuesto proceso judicial de esta historia tan estremecedora, pero cada vez que voy al pueblo me acuerdo de esa niña: Un ser inocente, todavía recién llegado al mundo cuya vida quedó rota por mentes adultas inconscientes, incautas e irresponsables. La tragedia y la comedia están siempre fusionadas igual que una sinfonía musical de acordes graves y agudos.  Esta historia y quién sabe cuántas más lo reafirman sin precedentes.











JUEGOS DE NIÑOS




JUEGOS DE NIÑOS

Senos maternos aguardan al acecho;
niños brincan 
y se despojan de prejuicios sin provecho;
 la infancia es perpetuable,
llena de buena cosecha, 
canturrea al son de un viento amable.

Adultos no comprenden el espiritu infantil siempre presente;
azotan, amonestan, gritan sin control 
en un estado de sulfuramiento evidente;
protestas de chiquillos
 salvaguardan su encantadora dulzura,
esquivando las reprimendas 
a pesar de su corta estatura.

Recuerdos retrospectivos 
me vienen sin planificar;
son escenarios de luces, colores, 
timbres de voces que parecen resonar,
en unos lejanos orígenes 
que ya nunca jamás volverán.

 Siento mis travesuras 
deslizándome por un trampolín, un tobogán;
brío de energía sin intención de concluir,
en una platea al aire libre
 donde todo desemboca
 en un estrepitoso sonreír.

Quiero retener
 cada milésima de segundo,
evadiéndome de algún momento nauseabundo,
que provoque el cierre de ocio 
que no me ofrece 
mi adorable e inocente mundo.

Las compañías presentan intenciones benignas;
son plácidas por naturaleza;
hacen honor a su venerable proeza,
quebrantando reglas impuestas
por la noble grandeza,
de adultos que pretenden conservar los estigmas,
dentro de un código de leyes 
que aplican con inimitable destreza.

A veces jadeo por el sudor regado por mis sienes;
acalorada me siento, 
casi me desvanezco ,
me pierdo en el tiempo paralizante,
a la expectación de cada segundo
 que, en mi cabeza, 
ha dejado de ser avanzante.

 Risas y lágrimas 
son los héroes de mis veladas de infancia;
caídas pero nuevos levantamientos
 protagonizan una jornada irrepetible;
sé que tarde o temprano 
un aviso de clausura se tornará vencible,
pero mi mente pretende restarle al terminio 
una solemne importancia.

Muchos moratones y contusiones aparecen
 después de revolcarme en jardines de gravilla 
y de arcillosa tierra;
pequeñas hazañas provocan contratiempos
a un ritmo dinámico
 y generan 
los mayores momentáneos desconciertos.

Mi infancia, divino tesoro precintado,
como si un alquimista
 la hubiera rebañado en oro,
 a veces espero no crecer para no ver,
como cada amanecer 
se va transformando en un coro,
en que el paso de los años,
trae una rueda de frustraciones 
y un camino de curvas sinuosas.

En cambio madura estoy,
 recordando estos incólumes momentos;
en la verja de un jardín
veo un valle de flores 
que van mutando su colorido;
imagino las atracciones de infancia
 que adornan el cercado,
sin música,
pero con algún alarido de animales, 
que reverencian 
a un entorno de zagales querido. 








domingo, 9 de junio de 2019

ESPEJOS ROTOS


 



ESPEJOS ROTOS

Miles de rostros 
se reflejan en immutables cristales;
he visto facciones 
que sonríen o se enojan
ante apariencias volátiles.

La evolución de la vida,
¡Que misterio tan recóndito!
 una fábula, una novela de intriga 
o una realidad que trae novedades de incógnito.

 Me pregunto después de romper espejos,
cuántos años me he sentido fundida,
sin faz, cuerpo ni alma,
completamente sumida
ante una odisea sin principio ni acabose;
sin bienvenida ni despedida;
sin causa ni respuesta;
sin tragedia ni comedia,
solamente impasible, casi insensible
 a la fuente más elevada de un universo indivisible.

Erguida, en un dormitorio que no se pronuncia;
el espejo es mi reflejo reveledor de una identidad dual,
 parece desgarrarse ante un dolor reconocido,
 temido, crucial,
 desarmado ante una mirada nublada de interrogantes,
que no llegan a desvelarse;
enigmas procedentes de una vieja y alejada adolescencia,
cuya la imagen emanada era fresca, renovada, llena de incandescencia.

Como adulta observo un desgaste físico colosal;
no hay fronteras que detengan la madurez que el espejo me ofrece;
la ingenuidad que de niña desprendía
ha quedado apergaminada,
colocada en un baúl con alguna fotografía difuminada
por la antiguedad; 
por haber perdido el color original vivaz;
 momentos de expansión en los que de comerme el mundo me sentía capaz.

Tantos años degradados pasan factura;
el espejo habla a pesar de su semblante distante,
más gracias a él veo el contraste
de dos caras que se superponen; 
 sobresalen sin ningún condicionante;
¿Será verdad que en el fondo mi identidad está reñida por dos polaridades?
más, ¿cómo adivinarlo?

Los pies se me enfrían, el cuerpo se balancea;
mi comisura dibuja una tímida sonrisa que flaquea,
por una carga de rencores, de crispación en escena,
que va siguiendo su curso en cadena;
 una mirada de sarcasmo,
un rocío de apatía y de nulo entusiasmo,
se enfrentan sin ánimo de pelea,
sintiéndose víctimas de un embrollo que no suena
 a pesar de que aguas torrenciales lleva.

He vuelto a sentir que piso en tierra firme,
como si el espejo resquebrajado, partido en dos mitades,
quisiera enderezarse y dejarme aterrizar 
ante un mundo que necesito ocupar,
sin preámbulos ni pretextos,
solamente poder gozar 
de una imagen atractiva que haga irradiar
aquella niña jovial, 
que se burlaba del empecinado abismo, 
siempre dispuesto a arrastrarla 
para no permitir un repentino resucitar.

La magia del espejo es invaluable;
me veo tan distinta, tan intrigada y curiosa;
sin embargo, no puedo apartar mi ojos 
de esa imagen inquebrantable,
que preserva una figura irreplicable,
bajo una presencia cándida y fiable.

Doy gracias a esos espejos por descubrir mi recoveco
 donde mi personalidad se cobija; 
 Sé que no soy perfecta,
pero el espejo me devuelve mi íntegro aspecto
y confiesa, sin suspicacia, 
que durante los tiempos amargos
sin rechistar me amaba.









sábado, 8 de junio de 2019

MOMENTOS


 




MOMENTOS

Bandadas de pájaros ambulan por el cielo,
se recrean al compás de un ritmo exhibido al unísono;
momentos en que desearía volar para encontrar consuelo,
fugándome, sin rumbo hacia un destino incierto,
con un objetivo alcanzable y despierto.

Grandes baladas mecen mis oídos;
música que se compone de estribillos brillantes como punteros;
   un acariciante vaivén de recuerdos placenteros;
 momentos de alegrías que asoman la cabeza, francamente tímidos.

Relámpagos de luz se estrellan contra un suelo embaldosado,
el reflejo es imperceptible pero existente;
 momentos en  los que el mundo parece hechizado
por estímulos que me arrastran y empujan hacia un torrente,
donde todo coexiste y se funde en un sueño consciente.

¿Cuándo volverán aquellos años en que los momentos estaban detenidos? 
¿Cuándo estaré en perfecta sincronía con esa marcha danzarina 
que me obliga a vivir, ignorante de mi porvenir;
un futuro en el que todos estamos unidos
 conformados frente a una objetiva realidad:
vivir para morir tranquilos.

Momentos felices, el mundo es disfrutado;
instantes derretidos por cumbres nevadas;
infancias que han quedado hipnotizadas
bajo la sorpresa de un tiempo arrollador,
que no pretende escabullirse,
simplemente recordarnos que es la fuerza y el motor,
de un pasaje a bordo que no acabará con el universal y genuino amor.

Cuántos momentos flagelados me vienen a la mente;
un puñado de noches en las que los muros no cesaban de testificar,
cómo los llantos repentinos tendían a rebosar;
 suspiros que mi boca expiraba secretamente;
 tengo constancia de miserables momentos de paz;
escaseaban, pero a veces se reunían
para darme mensajes de esperanza,
en un entorno ordinario y fugaz,
regido por máximas ordenanzas,
que me privaban de una opinión y un criterio veraz.
 
¿Podemos decir que el tiempo tiene autenticidad?
¿Podemos asegurar que no es una patraña?
¿quién sabe? A lo mejor encontrar la respuesta es una auténtica barbaridad, 
 una necesidad de cesar de estar instalados en la ignorancia
para poder constelar nuestras dudas;
 preguntas de absurda apariencia
que nunca llegan a ser aclaradas
  durante esos momentos atados a una sólida experiencia.

El pasado y el presente; dos ciclos que nunca entenderé;
mi esfuerzo es en vano, ya que como ser humano
me siento víctima de momentos que me aturden,
y consiguen que renuncie a todo aquello que una vez sin reservas acepté.

En una habitación me quedo pensativa;
miro el techo blanquecino y algo polvoriento por el paso de los años,
mis ojos quieren adelantarse en el tiempo, 
 sienten una ávida curiosidad por despertar y saber
que no he desaprovechado esos momentos de gloria,
 en que todo parece bailar, moverse flexible,
 ante cualquier perturbadora historia
vivida en una era ancestral sin sentido, lógica ni memoria.

El ahora me persigue; qué terrible condena querer regresar hacia atrás;
pero, ¡qué obstinada soy!;
sigo pensando en mi lamentable infancia,
en aquella niña que crecía sin gozar de momentos,
en los que su esencia flotaba en el aire, sin gravedad, sin peso, 
sin las cargas de unos antecesores
 sumergidos en las amarguras y resentimientos más saturados.

Vivo momentos en los que el mundo parece una ensoñación;
todo lo que voy sembrando nutre mi alma,
antes sumida ante una profunda depresión.

Viajo hacia un espacio inexplorado;
el camino que recorro forja nuevos horizontes
en los que puedo acampar mirando al cielo, 
hacia la luz de las estrellas
atravesando valles y montes,
como las alas de los pájaros,
 ondulantes e indudablemente bellas.





 





PARADISSOS LLUNYANS

  PARADISSOS LLUNYANS En Maurici amb el cap molt trasbalsat i veient onades que el sacsegen amb un torrent de força atípic s’encamina cap al...