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viernes, 15 de mayo de 2026

HOGAR EN PAZ

 



HOGAR EN PAZ


¿Es un espejismo, es una transformación en la que fenómenos esotéricos han depositado su granito de arena para que así se produzca el realce y el reincidir de un pueblo antes llorón, lastimoso, prácticamente deprimido? Probablemente sí. Mejor dicho, muy seguro que las personalidades olímpicas han procurado que algo que había quedado despoblado, desalojado de vidas, en este instante parece atisbar brotes, tallos, ramas, floración: un paisaje pintoresco que enamora por un encanto saludable y envidiable.

Tommy, muy sujeto al tronco de Blackie, se encuentra en un espacio eólico que lo empuja a continuar viajando hacia el cenit que siempre había soñado. La llave, introducida en el bolsillo derecho del pantalón rallado del niño, parece que esté volviendo a chispear luz, pero esta vez es más vaga, no tan resaltante. El amuleto que arrastra es, en parte, un reloj y un volante que lo dirige hacia el subterráneo plagado e infectado por pedantes y desnaturalizados ratones.

Por sorpresa, el viaje acaba siendo rápido y resolutivo. Toda la militancia de roedores queda bombardeada con la muerte de Tánatos y la guerra acaba por provocar un batallón entre ellos que los derrumba. Majestad el Rey, los vigilantes, las fortalezas policiales y el personal de justicia encargado de aplicar leyes penales para acabar con los animales impostores han quedado embalsamados, como momias que conservan una estructura corporal endurecida pero que, poco a poco, la luz solar va deshaciendo sin parar.

El aterrizaje de los dos únicos supervivientes del condado ha llegado, por fin, a constituirse. Pero lo que ven es francamente desconcertante: unas praderas en las que toda la fauna y los residentes humanos están como fusionados en una postura de reverencia ante Venus. La Diosa viste una mantilla de terciopelo que queda desplegada ante los ojos de Blackie y Tommy. La dama hace destacar un sonreír que invita a ser contagiado. Es como si con la extendida del manto, quisiera abrazar todo un condado que, de manera ecuánime, sintoniza con los seres que lo habitan.

Tommy es el primero que se da cuenta de que Venus ha cumplido con su palabra y, sin más dilación, un foco reflectante parecido a un rayo queda disparado hacia el espacio que ocupa el niño. La llave de oro le es arrebatada, después de que la Diosa extienda una varita para hacer que ésta regrese al Olimpo.

Tommy, mirando hacia los costados, ve que las cosas han quedado reconstruidas. En la lejanía, hay personas que labran, otros campesinos están arando y segando con herramientas de forma manual y en una distancia más apartada el muchachillo reconoce el caserón de sus padres. A lo lejos, dos minúsculas figuras que parecen pequeños puntitos de tinta o manchitas sin rostro ni cuerpo están en un cobertizo donde realizan actividades de artesanía. ¡No puede ser verdad lo que estoy sospechando! ¿Serán mis padres? –se pregunta Tommy inducido por un presentimiento alentador. ¿Qué ha ocurrido en realidad?

Venus, ya poseedora de la llave, guiña un ojo con un gesto de complicidad, asintiendo con las preguntas que adivina que el chiquillo se cuestiona sin cesar.

–¡Por fin sois libres! Urano y Gea han querido conceder una treta a los ratones militantes. A través de la insistencia de querer la tiranía circular por sus venas, los Dioses no tuvieron más remedio que llegar a adaptarse a la petición, formulada con una tozudez implacable.

–¡Es impresionante! –exclama Tommy –¿O sea que todo estaba planeado desde el principio? ¿Tú sabías que los ratones serían derrotados después de un motín, producido por la reivindicación de los derechos de propiedad de un poblado que, en realidad, no les pertenecía ni mucho menos encajaba con el perfil de intenciones tan maléficas?

–Exactamente –responde Venus –Tú mismo has dado con la respuesta. Ahora os dejo para que disfrutéis del paraíso reparado.

Blackie, por su parte, sabe que tiene que despedirse de Tommy para acompañar a Venus en un viaje hacia el Olimpo que no exige regreso a la Tierra. El gato, finalmente, ha demostrado un coraje extraordinario que no puede relativizarse. Sus grandes rivales, ratones potenciados en tamaño, con un poder supremo y unas agallas muy sobresalidas, han sido contraatacados gracias al encantamiento que al felino le fue cedido por Urano y Gea. Venus ha sido la intermediaria que ha entregado un artilugio dotado de propiedades extrasensoriales para vencer el Dios de la Muerte.

Nueva Maryland es una sierra de montañas armónicas que, en la lejanía, albergan la necesidad de recostarse. Los animales se levantan del suelo en el que se habían acurrucado para venerar a Venus después de su aparición, nada fortuita. Mofetas, Zorros, mapaches, ardillas, hurones, caballos, ciervos y cebras forman una combinación de especies que se encuentran en un estado de congenio y compenetración ejemplar.  El saludo que dejan emerger al ver a Tommy es indudablemente conmovedor. Se retuercen de alegría, dan saltitos y realizan movimientos acrobáticos para mostrar su reaparición milagrosa en Nueva Maryland. Venus, con un gesto de obligado cumplimiento, indica que Blackie debe abandonar el planeta Tierra. El gato, de un revuelo, se desprende de las manos de Tommy, que lo había achuchado, y claudica ante las indicaciones imperativas de la Diosa.

 

 

 

CUERPOS SANADOS




 CUERPOS SANADOS


Desde Toronto, el Alcaide agradece a Blackie la hospitalidad y el gesto solidario frente a Zoe y frente a todos los presentes gracias a la llave de oro que Venus transfirió. Sin embargo, hay víctimas en peligro y la llave de oro cronometra el tiempo restante para rescatar a los animales y humanos que se encuentran en compartimentos comunitarios. Blackie, por su parte, está convencido que ha recuperado la osadía para que la llave, que le fue cedida a Tommy en su visita onírica hacia una era nada explorada, ahora ejerce el poderío para guiarlo hacia el hogar bajo tierra que mantiene clausurados a prisioneros atormentados e imposibilitados para ser provistos de una libertad integral. El felino está concentrando los cinco sentidos en la transmisión de información de una llave que ha sido la clave decisiva para poder poner fin a una infamia y una injusticia incuestionables. Tommy está bajo un estado de lucidez enfermiza. Todo su cuerpo ha quedado desplomado por el impacto de una muerte que quería dejar resurgir el poder suficiente a roedores perniciosos, tóxicos, terriblemente ponzoñosos. Blackie, por otro lado, sabe que no les sobra tiempo para volar hacia Nueva Maryland y acudir al rescate de almas en pena, desoladas, desvalidas y abstraídas en un mundo que ha dejado de pertenecerles. Con un gesto impetuoso y sin reparo, ordena a Tommy, el Alcaide, la esposa y a Zoe que regresen con ellos hasta la aldea de origen. El Alcaide, sin embargo, niega la invitación, ya que, muy en el fondo, se prestó como enviado a la Tierra para una misión muy específica: hacer converger la diversidad de especies y acabar con la escisión y la anulación del derecho a la vida libertina.

–Lo siento Blackie, pero mi acometido termina aquí –dice el Alcaide –yo estoy encarnado como un roedor, pero mi esencia pertenece al Olimpo. En mi vida anterior debo confesarte que había sido un felino, cazador de ratones apilonados en bajos acantilados y corredores enterrados, perfectamente guarecidos para proseguir con la extinción de unos marginados y detestables carroñeros. Pero ahora ya he obedecido como Rey Midas las leyes del Dios Urano, siempre parcial y con una posición dispuesta a compensar a los seres errantes que cometen equivocaciones religiosamente pecaminosas y, por lo tanto, casi imperdonables. Por dicha razón, me despido de vosotros. Con la llave que Venus otorgó a Tommy me fundo en ceniza púrpura que resplandecerá por el plano espacial hasta llegar a la dimensión olímpica.

Entonces es cuando Zoe pronuncia unas palabras de agradecimiento:

–Me siento perfectamente recuperada. He sido una niña que padecía un estigma vírico difícil de vencer, pero vosotros, Blackie y Tommy habéis contribuido a mi sanación. Me faltan oraciones para poder bendecir vuestra más sincera buena intención. Ahora tengo unos pulmones y unos bronquios que dejan filtrar suficientemente oxígeno para procurar una irrigación sanguínea excelente. Los exiguos recursos que antes poseía se han convertido en una bolsa de valores que repercuten positivamente mi salud, de modo que no se pueden subestimar. Me siento feliz, espléndida, dinamizada, radiante. Mil gracias por el encuentro que al principio parecía fútil e intrascendente.

–No hay de qué –dice Blackie – estoy al servicio de todos los animales que han sufrido alguna que otra vejación. Ya sabes que soy el empoderado de un Dios que tiene una identidad planetaria majestuosa. Urano ha sido mi mentor, un profesor especializado en educación moralista y siempre dispuesto a crear un clima de hermandad generalizada entre los mortales

–Gracias, mi adorable felino –dice Zoe –te pido perdón por haber dudado de ti. Ahora me voy con una paz renacida, que ha florecido después de una tempestad arrasadora.

 –No te esmeres en pronunciar más jactancias –comenta Blackie –estoy plenamente satisfecho de la confianza que has depositado en mí para vencer a Tánatos. Ahora me siento como un premiado que ha quedado finalista después de una gala cinematográfica en Hollywood, llena de glamur, belleza y carisma.

El tiempo sigue sin detenerse. La llave empieza a transfigurar el color. Tommy y Blackie ven como el Alcaide, la esposa y su hija quedan convertidos en puro incienso. El aspecto transformado de la llave indica que Nueva Maryland puede renacer después de un final trágico, pero deben apremiarse. En el umbral de una puerta abierta de par en par y unas ventanas sin cristales, ventiladas por un viento acariciante, cálido y acogedor, Blackie prepara el motor para ponerlo en marcha e inferir al vuelo hasta la tierra prometida. Mientras están suspendidos en un aire lleno de templanza, la llave de oro va oscureciendo gradualmente. Tommy la sostiene en el bolsillo del uniforme que conserva como presidiario y va viendo cómo se desfigura por segundos.

–No te preocupes –le responde Blackie –sé lo que estás pensando, que vamos a morir en el intento, pero, sencillamente, la realidad desafiará tus proyecciones idílicas. Disponemos de unos minutos para desatar a la fauna y a la humanidad residente en el condado donde naciste y te criaste.

 –Espero que tengas razón. Estoy aturdido, obcecado. Me atrevo a decir que casi cegado por un cúmulo de nubes borrascosas, que no permiten que mi ángulo de visión quede dilatado para concebir tu afirmación como veraz y comprobable.

Nueva Maryland está quedando alumbrada por una luz que parecía inalcanzable, nada expectante, nada perceptible. El valle, extenso en amplias hectáreas, un territorio uniformado de vegetación y elementos naturales en los que frutos, bellotas y una gama floral muy expandida se empecinaban en existir arrogantes y rollizos, ahora empieza a volver a brillar...

EL TEMBLOR DE LOS CRISTALES



 EL TEMBLOR DE LOS CRISTALES


El Rey y el guardián intercambian miradas de enojo y perplejidad mientras que las piernas de ambos tiemblan, igual que las hojas caducas que son víctimas de un viento huracanado. Casi sin hablarse son capaces de comunicarse por completo. La traición ha asumido un papel protagonista en sus vidas. Recuerdan, cuando empezaron a jerarquizarse, cómo el Alcaide de prisión era un roedor con una conducta demasiado moderada e inofensiva para llevar a cabo el cargo de coordinación funcional de la cárcel. El Rey siempre le delegaba la responsabilidad de atrapar todas las especies amenazantes, que pudieran apostar por una aniquilación hacia los roedores. También recuerda que le pedía que tuviese el carácter suficientemente déspota para preparar a los presos a tener vivencias de tortura y ebriedad emocional. El Alcaide, por su parte, le correspondía alistar a los penitentes y registrarlos con eficacia para ser después cadáveres no exhumados; seres que, apalizados, acabarían pisando la muerte y se convertirían en heces orgánicas para gusanos afamados.

El guardián sabe ahora lo que el Rey está pensando. Los dos rompen con un silencio momentáneo que pone en perspectiva las opiniones:

–No puede ser que el Alcaide sea un topo camuflado que nos haya realizado una trampa voluntaria. Pero seguramente durante todo este tiempo ha estado a favor de esos tipejos que residían en Nueva Maryland y defendía el honor a hacerles perdurar la vida de manera intacta.

–Un momento –exclama el Rey –últimamente, me viene a la memoria que el Alcaide siempre se excusaba con el pretexto de acabar la jornada antes de tiempo y otorgaba al equipo de programación teleinformática no establecer turnos para relevar las cámaras de vigilancia. Era indulgente, excesivamente permisivo y el trato con los compatriotas tenía de todo menos aspecto de severidad.

–Es cierto –dice el guardián –pero fíjese en el amuleto. ¿Cree que el Alcaide ha intentado desviar información hacia horizontes desconocidos con el propósito de mantener Nueva Maryland como en la época en la que el poblado fue creado?

 –Por supuesto. Estamos en pleno siglo XXI y él, sin lugar a duda, habla de un renacimiento. El felino tiene una vinculación con el Olimpo, poderes que se desmarcan de un estado de normalidad concebido, y el Alcaide es muy probable que lo sepa.

 –Pero ¿Cree en realidad que su identidad está falsificada? ¿Qué ha interpretado un rol que no le correspondía y ha enmascarado una personalidad ideológica, en apariencia concordante con la que nosotros defendemos? –inquiere el guardián de celda.

El Rey está sulfurado y cabreado con creces. Las sospechas de que el Alcaide se ha reunido con Blackie y el niño pródigo que decidió adoptarlo son casi indudables. Con atención, el Rey mira de nuevo el folleto que sostiene el guardián de planta con despecho. La confabulación y todo el planeo inicial ha roto con el proceso de extorsión de los roedores frente a dos habitantes escogidos en Nueva Maryland. “Nuevos renaceres” –masculla el Rey.

–¡Por el amor de Dios! El Alcaide ha tenido un trato con los Dioses del Olimpo para reparar, corregir y modificar todo el código de ejecución letal basado en preceptos austeros. Es un miserable y cretino infiltrado.

 –¿Cómo saberlo del todo? –pregunta el guardián –esta pista es algo ambigua, ya que no acaba de desvelar una intencionalidad precisa. Podría ser que el renacer fuésemos nosotros, los ratones, amos y señores de una aldea, caramelizada antes por un ambiente de unidad y enternecimiento. Me parece que estamos deduciendo cuestiones con una cierta precipitación. Muy posible, el Alcaide haya huido por cuestiones desconocidas, pero no podemos confirmar las razones exactas hasta que no hayamos recabado pruebas.

–¡Pruebas! ¡Más pruebas quieres! –grita el Rey –fíjate en el símbolo que se ve en miniatura al pie de la página. Es un crucifijo que está reposando justo debajo del mensaje revelador. El renacer se remonta a la nueva encarnación de Jesucristo después de ser sepultado en un sarcófago exhibido en forma de cruz. Este símbolo es casi inapreciable por una borrosidad evidente, pero yo como Rey he aprendido, igual que los criptólogos historiadores, a poder atar cabos y llegar a conclusiones gracias a un lenguaje lleno de abstracción.

De repente, los monitores, desde la Sede Central, empiezan a revelar imágenes marcadas por unas líneas que dificultan la claridad y el seguimiento policial en todas las ciudades de Canadá. Las interferencias inundan las pantallas de una forma violentada. Los operadores no encuentran la fórmula resolutiva para reconfigurar el sistema operativo. Parece que la calidad de visión ha decrecido estratosféricamente. A marchas forzadas, han perdido el comando para poder informar de los movimientos de unos fugitivos que parecen engullidos, tragados, desaparecidos en un ciclo vital todavía conservado.

Todo el subterráneo, sin preámbulos, comienza a crujir. El engranaje de aparatos, dispositivos, maquinaria e instrumentos de artillería pierden la eficacia probada. Un estruendo tremendamente retumbante está empezando a descomponer toda la arquitectura de un establecimiento penitenciario que parecía nada derrotado. El Dios de la Muerte (Tánatos) se ha rendido ante una guerra de aspecto interminable y ahora los roedores tienen mucho que perder a pesar de una lucha palpitante. La muerte siempre reta a la vida, pero la última acaba aposentando su fuerza ancestral. Tánatos se ha extinguido en el tiempo y el espacio y los ratones, en el poblado de Nueva Maryland, se encuentran carentes de provisiones que tengan un fácil alcance. Se siente frágiles, agotados, sedientos de venganza, pero su imperio forjado de conductos, cavidades y aberturas recónditas que forman un templo con recintos adosados, comienza a tambalear. Toda la estructura maciza tiende a un acabose inevitable que la fortaleza de ratones, insaciables y dispuestos a bloquear el acceso y residencia ante cualquier espécimen ajeno a su biogenética, se empeñan en evitar...

HUELLAS BORROSAS




HUELLAS BORROSAS


Poco a poco, toda la pared superior va quedando iluminada por una aurora prematura. Fuera, en la calle que había quedado penumbrosa, ahora provoca el resurgir de un alba, en primera instancia, introvertida, acallada. Nadie sabe la hora exacta, los días que han transcurrido, el tiempo biológico que se ha dedicado, pacientemente y persistentemente, a testificar una batalla declarada.

La luz del sol, desde un horizonte que denota una perspectiva aplanada, deja sobresalir focos solares que provocan que los encajes enredados vayan quedando recalentados.

Tánatos empieza a caldearse por la fuerza del sol hasta que el disparo de la llave de oro, que deja emerger un rápido pero contundente destello, acaba deshaciendo la forma de la complexión muerta y encogida por un tamaño diminuto.

Cerca del habitáculo del Alcaide, un equipo policial de cuatro roedores intenta reseguir huellas, pasos, rastros marcados a través de las calles que se entrecruzan. Van husmeando los alrededores sin atinar donde Blackie y Tommy están, sin duda, bien resguardados. Siguen el camino, ya que, tanteando, intuyen que están cerca del lugar. La torre centralizada con monitores programados para recibir información verbal y visual ve cada recoveco del país, poblado de roedores que intentan entremeterse y fisgonear, interrogando a los habitantes de la ciudad por si han visto a dos fugitivos con las características físicas que ellos describen. Desde el Punto de Control, se ha diseñado un retrato robot gracias a los pixeles que pueden componer dibujos o piezas maestras que muestran rostros, originalmente, no reconocidos. El problema radica en que los humanos no quieren cooperar; sienten repudio ante el aspecto aparente de cuerpos humanizados, con rostros propios de ratones, y rehúyen el interrogatorio.

Las ciudades están, sin embargo, muy desprovistas de residentes, como si después del asalto en Nueva Maryland, todo el país hubiese quedado infestado por la manada de roedores que, tal como lobeznos, envistieron el poblado o una zona de cacería sin pudor.

Los vigilantes disimulan discretamente su desplazamiento implacable pero la búsqueda y encuentro de los fugitivos está siendo en vano. El sol ha hecho redefinir todas las sutilezas y formas más descaradas de un espacio expandido. Blackie sabe que el sol ha sido la prueba de que la vida ha podido con la muerte porque su chip cerebral detecta señales en las que expresiones de júbilo y aplausos revelan un final completamente digno de complacencia y un rebosar merecedor. Los Dioses del Olimpo están reunidos y Urano ha querido forzar con la claridad del ocaso de un sol naciente la gratitud que siente por Blackie y Tommy: dos héroes que, finalmente, han mostrado un coraje apreciable e inmodificable. Han sido guerreros magnánimos, que se han visto comprometidos a una expedición hacia Toronto sabiendo que estaban imputados y amenazados de muerte en caso de un intento de sabotaje a las autoridades roedoras.

En Nueva Maryland las cosas no marchan bien. Majestad el Rey está en la sede central de control para seguir el proceso de las ordenanzas policiales que han recibido indicaciones estrictamente cumplidoras. Una pantalla tiene fijada la imagen exclusiva de cada planta del penitenciario, donde se encuentran dos vigilantes de celda. Las secuencias se suceden y, en un instante inesperado, el Rey ve la salida de la primera planta en la que estaban Tommy y su mascota: el hoyuelo de emergencia que tomaron para escapar, pero con un añadido peculiar: un talismán de seis puntas parecido a un Mandala o al chakra de los mil pétalos que, en Oriente, los yogistas lo atribuían a una identidad espiritual, está posando en el suelo, totalmente descuidado.

–¡Por Dios! Detened esta imagen y aproximarla. ¿Qué significa dicho amuleto? Ordeno contactar con el vigilante de la primera planta.

El roedor operador que está manipulando el programa que permite sintonizar con cada escena reproducida, aproxima la imagen y, con un megáfono, el Rey se comunica con el guardián:

–Por favor, coge esta estrella o talismán o lo que sea. Puede aportarnos información relevante. Necesitamos escrutar y repasar todas las pistas que parece que vienen, en apariencia, por azar.

–¿Está seguro Majestad que quiere que lo sostenga? –dice el vigilante –puede que sea un cebo y seamos víctimas de un altercado.

 –Sí, estoy convencido –contesta el Rey –creo que, si lo contemplamos de cerca, veremos algún factor revelador que nos ayudará a dar con el Alcaide. No es posible que haya desistido en el proceso de investigación y decidido traicionar nuestra fidelidad por ser patriarcas de un pequeño reino en que éramos como la peste entre la antigua población.

La estrella sigue aguardando ser contemplada. El Rey, atónito y dispuesto a profundizar en la revelación latente de un símbolo muerto encuentra una carátula que está pegada en el reverso del amuleto. Al llevar, sin embargo, una lupa de aumento, por casualidad, le ayuda a vislumbrar unas palabras en las que recae un axioma indiscutible. Dicho reverso está provisto de un folleto pequeño, que, desenrollado, unas letras imprimidas marcan la respuesta que hace que el guardián de celda y Majestad el Rey vean la jugarreta que, desde el inicio de la aparición de roedores en Nueva Maryland, ha sido puesta en escena. El folleto está desgastado, parece garabateado y, en primera instancia, cuesta poder entender el mensaje que proyecta hacia un futuro no resuelto, completamente enigmático. Sin embargo, la brillantez que desprende cada letra, cada carácter aparecido hace más inteligible la secuencia de palabras que están expuestas a viva luz.

Majestad está plasmado, helado por una estupefacción insuperable. El rótulo simplemente indica una revelación: “Nuevo milenio, salvación asegurada”. Esta es la frase de eslogan que se encuentra encerrada en un folleto bien enrollado. ¿Quién, pero puede haber escrito esto? ¿Un individuo mundano y originario del planeta Tierra es capaz de semejante audacia? ¿O quizás es una figura superior la que alerta y advierte que el planeta va a tener un funcionamiento que, desde una logística bien conducida, acabará con los invasores ratones no bien recibidos por el proletariado?

VUELTA A LA VIDA

 



VUELTA A LA VIDA 


En Toronto, el Alcaide está pendiente de su hija encerrada. Más bien, reza para que su integridad no se vea terriblemente afectada. Por sorpresa, Zoe empieza a notar como sus canales energéticos se expanden de forma conjunta. La llave está irradiando una cascada de luz que no abandona a las víctimas de una pelea entre dos Dioses enfurruñados, que se desgranan y se vuelven a juntar con las cabezas tocándose, para llegar a conseguir la medalla del triunfo en el paraje olímpico de Dioses que no necesitan alimentarse de rivalidad para vivir en armonía.

 Ares y Tánatos están concentrados en la mutua disolución y posterior perecer. Emiten sonidos que parecen exorcizados, como dominado por entes que no expiden concordia ni recogimiento. La lucha que están dejando desplegar parece interminable. Tommy y Blackie intercambian miradas de anonadamiento, sensibilizados, pero a la vez desentendidos porque están arrinconados frente a un místico enfrentamiento.

 De golpe, el Rey Midas percibe una transformación muy poco disimulada. Es el primero que, con la voz, propone la finalización de un combate que no tiene ningún remedio para ser impedido. Ares y Tánatos se sienten repercutidos por una especie de dilución corporal progresiva. El exterior, anochecido por estrellas que marcan el compás de posibles cambios, comienzan a dejar destellar las puntas con fiereza. Afuera, la obscuridad es pendenciera, peleona, salvaje. Un ruido muy estorbador hace que el edificio cruja sin interrupción. Los presentes no adivinan que acontecerá prontamente. Blackie y Tommy tienen la mirada bien encajada en este tumulto; una revolución violenta entre Dioses que no se temen ni se dejan intimidar.

Blackie le cuchichea a Tommy que la muerte debe ser demolida por la guerra. Para que la paz vuelva a reinar, el Olimpo y el planeta Tierra deben impedir que la muerte arrase con el condado que, en esencia, ejemplifica un espacio de concordancia y verosimilitud. Blackie, en el momento que se conecta empieza a marearse. Se aprecia en un mar lleno de tinieblas y una densa niebla que prohíbe que el oleaje, provocado por una corriente enojada, pueda ser contemplado con regocijo. Todo el microprocesador cerebral del felino está siendo invadido por la sensación de que un suceso perentorio será el punto culminante de la terminación de una riña entre dos Dioses, que desean fulminarse sin contemplaciones.

El gatito visualiza marismas y terrenos pantanosos que van llenándose de agua por presas caudalosas. Todo parece que apunta hacia el anunciamiento de un desbordamiento acuoso. De repente, una avalancha de agua penetra a través de los ventanales en los que reside el combate de Dioses preocupados por la supervivencia. Blackie piensa en el Dios del Nilo como un posible promotor de un fenómeno antinatural y desafortunado. Sin embargo, lo curioso del caso es que nadie queda empapado ni humedecido por esta lluvia completamente descontrolada. La avalancha riega toda la habitación como si quisiese depurar los gérmenes que se han concentrado por una falta de limpieza duradera. Pero, en realidad, quién sabe. Lo que sí es evidente es que el agua, enloquecida, furiosa y llena de bravura produce que Tánatos se someta bajo un estado de dilución, igual que terrones de azúcar que quedan bañados en el café o cubitos de hielo expuestos ante una bebida refrescante. El agua, de pronto, como por impacto sorpresa, fermenta su aspecto en simples ácaros de polvo que rellenan todo el dormitorio como si fuesen encajes de cortinas. Tánatos se está desintegrando por momentos. Su cuerpo, ya mutado en un estado estéril, no hace más que pedir socorro con sacudidas. El agua, emanada por un torrente virulento, alza el vuelo para querer desaparecer del país. El Alcaide, Blackie, Tommy y Zoe han sido víctimas de una inundación que no ha dejado ningún lastre. Básicamente, no ha retocado ni arrasado ningún objeto sólido ni ser humano. Blackie piensa que el fenómeno es un producto de un Dios del  Antiguo Egipto se llevaba toda la escoria y depuraba con un riego renovado, un frescor inconfundible y una fragancia perfumada ante cualquier resto mugriento. Ahora el agua produce un efecto de desinfección. Ares y Tánatos, hace unos minutos, eran cuerpos aferrados a una identidad existencial en la que negaban cualquier riesgo a ser expuestos a una muerte no revertida. Sin embargo, cabe decir que el Dios de la Muerte, defensor de la filosofía y gran teorema aplicado por roedores profundamente resentidos, se ha disuelto con una ráfaga de agua que ha penetrado en el interior de un hogar que, primariamente, peligraba. Como si un proceso bioquímico, analizado por investigadores científicos estuviera en juego, los ácaros de polvo van dejando el Dios de la Muerte vencido, flaqueado, completamente destrozado por la agonía de un final atroz pero merecido. Los ácaros espolvorean la habitación mientras la llave, a través de un empuje inércico procedente del cerebro de Blackie, vuelve hacia su dueño. Tommy y Venus se reunieron con el propósito de utilizarla para descentrar y habilitar las compuertas de un recinto bajo tierra, en el que mamíferos están exhaustos ante un tormento inimaginable. La llave también ha sido un instrumento de auto rescate para desprenderse de un encarcelamiento impuesto sin derecho a ser abogado. Blackie, por esta razón, tenía que reforzarla con poderes cósmicos para que atrajese los deseos de los solicitantes y pudiera remediar el derrocamiento de un condado, siempre antes privilegiado por vidas humildes y campechanas.

Zoe está intentando salir del armario, aunque, en cierto modo, mucho esfuerzo no resulta invertido. Después de que Tánatos se esfumara del recinto de descanso, Zoe, con el puñito algo apretado, ha golpeado suavemente la puerta y ha salido igual que una estrella de cine que, desde una tarima, baja a platea frente a un escenario para ser felicitada con un premio honorífico.

Su padre y madre no dan crédito a lo que ven. La pequeña sonríe de par en par, con un lustre facial y una radiante expresión que no se puede contradecir. La pleuritis ha tenido el final correspondido después que la muerte pudiera ablandarse, desmenuzarse en ridículas partículas y desvanecerse en una nada vacía, despoblada; una nada que dormita, que se aletarga con un sueño aplacado, remolón, holgazán. Zoe abraza el Rey Midas mientras la habitación mantiene un aspecto en todo momento cambiante. Los ácaros comienzan a formar unos encajes de cortina bordados por telas de araña. Evidentemente, los arácnidos son los responsables de formar estos minúsculos cuerpos, pero, en dicho caso, la presencia de éstos que cazan presas voladoras no se encuentra en el dormitorio. Las telas forman redes con un contorno bastante cónico. Todo el techo queda emponzoñado por este entretejido de color negro plateado, ya que los pequeños hilos que penden brillan a trasluz.

 –¡No puedo creerlo! –exclama Zoe con un asombro espontáneo. El Dios de la Muerte queda atrapado dentro del epicentro de la red global. Se ve el cuerpo, una materia que se ha trasmutado en tamaño y estado. Ahora sólo reside un bulto esquelético, reducido, tan pequeño que los ojos deben forzarse para poder divisarlo. Sin embargo, allí está. Ha quedado totalmente estampado, como un caparazón que ya no tiene órganos que den vida a un sujeto. Sólo es pura fachada; una estructura que queda descrita por una apariencia ridícula, que se resistió ante el definitivo vencimiento pero que, después de una afamada guerra, ha acabado rendido por obligación, sin alternativas de reencarnación y poder...

LUNAS MENGUANTES

 


LUNAS MENGUANTES


Fuera, en Toronto, el clima se respira muy crispado. La tensión va encrespando a Majestad el Rey y al equipo de vigilancia, que tiene que coordinar cada cargo de responsabilidad para prevenir una fuga súbita.

El Consejo Superior de Justicia ha encargado una brigada policial antidisturbios para poder examinar escrupulosamente cada esquina del país canadiense. Todas las ciudades están regidas por una escolta que, apelotonada, se esconde en callejones solitarios para cazar a Blackie y Tommy, un par de fugados que han desobedecido las leyes de un gobierno de roedores de carácter masivo.

El Rey, después de consentir una orden de búsqueda y captura, ha pactado con el Consejero de Defensa Mayor, un anciano roedor experimentado en tramas expiatorias, una exploración por las grandes zonas de un país edificado por torres soberbias: grandes bloques de rascacielos que delimitan el acceso hacia un interior, en el que muchísima circulación de viandantes y un ir y venir de tráfico condensado son los protagonistas eximios.

Teniendo en cuenta que la plaga de ratones está excedida en cantidad, pueden disponer de un personal de inspección especializado para recorrer la extensión territorial de un país nórdico. La reproducción de éstos se ha engrandecido en exceso, ya que han conseguido un apoderamiento colosal en Nueva Maryland, descartando a todas las especies ajenas a su genética y condición biológica. Están apiñados, muy bien adoctrinados por Urano, un Dios que no quería que la Tierra quedara excluida de la biodiversidad animal, pero tuvo que acceder a una propuesta sin rechistar por una cuestión de honor y merecimiento a reivindicar la libertad de unos bichos subterráneos.

Ahora, sin embargo, desde el espacio olímpico, se da cuenta de que ha pecado de bonachón e inocente. Nueva Maryland se ha convertido en un gueto invadido por ratones ávidos a querer defender la vida sin avergonzarse de su existencia por ser anatómicamente simples, escurridizos y repulsivos ante el ojo humano. Pero el trato ya quedó zanjado, completamente cerrado para que los roedores establecieran una militancia abierta, congregándose a fuerza de pactos y alianzas solemnes.

Desde el compartimento monitorizado por operadores informáticos, que habilitan la oportunidad de captar señales radiales a variadas distancias, se ve cómo los roedores, que ambulan por las calles de pueblos y ciudades más vastos, están acechados a capturar a Blackie y Tommy. El Consejero de Defensa habla con el Rey para que le explique cómo organizar el despliegue grupal del pelotón militar que va a detener a este par de insumisos prisioneros:

–Estamos mediante una emisión vocálica a través de ondas de resonancia a larga distancia, intentando poner en marcha un allegamiento de fuerzas policiales que puedan extenderse de manera homogénea por todas las zonas más sospechosas, a fin de que el gato y su padrino sean pillados y enviados al calabozo de nuevo.

 –¿Y cómo va la operación? –inquiere el Rey con impaciencia –¿Estáis consiguiendo el propósito?

–Sí, pero debemos someter el equipo militante a un ensayo para que puedan actuar de acuerdo con las instrucciones.

–¿Y la voz puede sonorizarse de forma estridente en todos los rincones de Canadá?

–Sí, en principio no nos ocasiona problemas. El único inconveniente es que perdemos los detalles más relevantes de la localización de los vigilantes.

 –No entiendo, ¿A qué te refieres?

–Las imágenes que nuestros servidores están captando vienen condicionadas por alguna deficiencia en claridad, precisión, calidad y ordenamiento. Por alguna razón que tratamos de reparar perdemos el paradero de los vigilantes alistados y, con ello, la posibilidad de comunicación para darles pautas.

 –Pero esto no puede ocurrir –responde el Rey –tienen que tomar medidas extremas y eficaces para tener una conexión fiable. En caso contrario, los prófugos podrían afincarse en un lugar que no fuera reconocido mediante un proceso cibernético – ¡Dios! Estoy perdiendo la paciencia y el control de mi comando. Me siento como un estúpido, un bobo, un torpe monarca que ha traicionado la misión de su fortaleza. Pero debéis actuar con precaución, efectividad y rigor, ya que el gato, con poderes extrasensoriales, podría reestablecer un condado destituido en funciones gubernamentales y carente de recursos industriales y económicos para sobrevivir...

EXPECTACIÓN


 

EXPECTACIÓN


Las estrellas, en civilizaciones antiguas, anunciaban nuevos nacimientos, nuevos estrenos, buenos augurios y una cadena de sucesos renovados y bien restaurados. Los trazos en el cielo, que solamente se aprecian por una visión casi virtual, en muchas épocas históricas, eran la senda que delimitaba el futuro incierto y el presente infinito; un conjunto de experiencia sucedidas, avenidas y atadas por un fin particular; un resultado caracterizado por la alegría y la tristeza, el triunfo o la derrota, el éxito o el fracaso.

Las entidades pugnantes se fusionan en tamaño y se igualan en fuerza torrencial. La llave, sin embargo, realiza el ritual de procurar reforzar a Zoe, escondida en un compartimento empotrado, recobrar el atrevimiento de Blackie y hacer brillar el renacer de vidas encorsetadas, prensadas, ceñidas por un dolor innecesario, como toda la fauna y habitantes humanos de Nueva Maryland.

Mientras los luchadores, con cuerpos deformes y blandurrios gimen cuando se atacan con las afiladas espadas, la lluvia de estrellas en la habitación sobreexcede el porcentaje de la normalidad. La lámpara desprende fogonazos, que tenderán seguramente a fundirla. De momento, no obstante, las estrellas comienzan, como un mosaico de purpurina, a rodear a los presentes.

La llave se vuelve sobrepasada de anchura. Va cambiando de forma a medida que las estrellas se van ensanchando y concentrando en las esquinas, los vértices que unen pared y techo. Ares y Tánatos enrojecen de aspecto. Sus cerebros, abultados, arden y estallan como calderas en el purgatorio infernal. Zoe presencia mentalmente todos los movimientos de los Dioses letales. Está pasmada por un pavor desbocado, pero al mismo tiempo fortalecida. Tiene la corazonada que Tánatos acabará liquidado porque su respiración empieza a normalizarse. Quizás es una farsa, quizás es una jugada engañosa que el cerebro procura proyectar, aunque lo que está claro es que siente los bronquios liberados de congestión. El armario es compacto y la deja encasillada, prácticamente inamovible. No obstante, como si una taladradora estuviese construyendo perforaciones en diferentes regiones de la puerta, un filtrado de luces desordenadas invade a Zoe. La llave no para de agrandar el tamaño, originalmente mediano. Ahora parece un árbitro que está regulando cada golpe de espada que se exhibe sin piedad en el área de combate.

Blackie está desconcertado pero esperanzado. Los cuerpos de los Dioses no cesan de deformarse. Da la falsa impresión que pudieran caer rendidos, casi malheridos y desangrados después de múltiples punzadas con el filo de unas espadas temerarias. Las cabezas están chocando frontalmente. El lóbulo delantero va adoptando una protuberancia espectacularmente destacable. Parecen dos boxeadores que en el rin están paralizados, con los cráneos rozándose para pensar en la maniobra final, que derrotará al contrincante más débil y desprevenido.

La llave sigue vigilante, moderando la lucha abierta sin oponerse ni abstenerse a participar. Como una figura testimonial, parece que haya adoptado cualidades humanas, en las que la capacidad de observación y dirección de esta batalla fatigante, jadeante y susceptible a conllevar una dosis de sufrimiento queda vigente, sin intención de menguar...


TÍMIDO FULGOR




 TÍMIDO FULGOR


Mientras tanto, el Rey del ejército de roedores de Nueva Maryland descubre el forzado de dos puertas que suponían el encarcelamiento de Blackie y Tommy. Furioso, casi salido de su asombro se pone en contacto con el Consejo Superior de Vigilancia. Los dos guardianes de la planta debían haber controlado la fuga de los presos tan inexplicable. El guardia de seguridad no sabe qué responder:

–No lo entiendo. Las rejas estaban blindadas y sólo podían tener acceso a la abertura con un código de seguridad que estaba habilitado por el puesto de control informático, en el que únicamente las cámaras pueden ver la salida de cualquier penitenciario.

–Entonces, ¿Cómo se explica esto? ¡Maldita sea Dios! Hemos perdido una pista crucial para acabar con el felino que tiene el comando para seguir con la cadena de reproducción de entes de la fauna salvaje, entes galantes y repulsivamente superiores en fuerza para aplicar el proceso predatorio.

 –No perdamos el norte –dice el vigilante roedor joven –tiene que haber una manera de encontrar su posada.

 –Ninguna, no hay ninguna –dice el Rey –Nueva Maryland no tiene estructura territorial. Se ha extinguido por una explosión masiva. La única explicación que puede tener cabida es que hayan emigrado. Seguramente, están a varias millas de Canadá.

 –Puede, pero debemos asegurarnos de que no hayan revelado nuestras intenciones. El gato es muy cobarde pero astuto. Quizás haya hallado coraje suficiente para trepar hasta llegar a un área protegida –comenta el guardián mayor.

El Rey está prácticamente sulfurado. Un radiotransmisor que lleva conectado en la parte del pecho con audífonos para contactar con la central policial es utilizado. Por mala suerte, él tiene dificultades para activar la sintonización, ya que parece que la terminal no está disponible.

–¿Alguien puede oírme? ¿Dónde os encontráis? El Jefe de Comisaria debería recoger las llamadas salientes y tenerlas almacenadas en el servidor que pueda hacer posible una conexión a distancia –se queja el Rey.

Repite la jugada de nuevo. Casi sin esperarlo, después de pulsar varias veces el botón de encendido y el propulsor que sirve para desviar llamadas, una voz muy entrecortada contesta:

–¿Con quién hablo? –dice el roedor que encabeza el Ministerio de Justicia.

 –Necesito que me contacte con dos agentes –el Rey responde –es una situación urgente, de vida o muerte.

–Los agentes están decididos a dimitir en funciones. Alegan que el mocoso y su mascota han huido por algún motivo que sobrepasa la razón.

 –¿Quée? –vocifera el Rey –no pueden declararse inactivos ni estar en huelga permanente en el cargo que yo les asigné. Son mi escolta, la representación máxima de autoridad para agotar todas las supuestas probabilidades de escape de dos presos para hacernos con el condado.

 –Majestad, necesito que me autorice una orden de búsqueda y captura por distintas localidades del país. El problema se prolonga por el mero hecho de que necesitamos un localizador que esté programado digitalmente para que pueda leer las millas en distancia real. En caso contrario, no hay forma de rastrear los movimientos de los prófugos.

 –Por supuesto que la autorizo. Es más, exijo de inmediato que el Departamento Policial se incorpore de nuevo para que la misión se vea totalmente realizada. Ahora no pueden abandonar.

 –Está bien. No perdamos los estribos. La situación es compleja porque muy seguro el felino se ha servido de los poderes otorgados por Urano para hacer un recorrido difícil de seguir en un entorno terrestre.

 –Haga lo que quiera –contesta el Rey –usted es la máxima fuerza que sigue un ordenamiento judicial normalmente protocolario. Pero ahora el protocolo debe ser quebrantado. No podemos acatar con las normas, ya que ellos han roto todos los esquemas de convencionalidad para desaparecer inminentemente sin ser vistos a través de nuestra oficina computarizada.

 –El plazo de estancia en la cárcel se ha agotado –responde el juez –yo apliqué una sentencia para que fuesen raptados, detenidos y puestos en prisión provisional hasta ser definitivamente liquidados y han burlado un sistema, de antemano, muy bien implantado.

–Un momento –señala Majestad el Rey –el director de este penitenciario es el Alcaide. Él debe encargarse de perseguir a los fugitivos con un proceso de investigación llevado a cabo. ¿Y dónde se encuentra? Hace unos días que no acude a las reuniones de nuestro Consejo Superior de Justicia, no participa ni comparece frente a ninguna incidencia que afecta el servicio que ofrecemos a los retenidos. Debería estar aquí y acompañarnos en este enredona. Están brollando muchos enigmas que hacen que me estremezca de enojo y exasperación.

El Alcaide, por su parte, está a punto de presenciar el combate letal entre dos fuerzas endemoniadas. Las espadas adoptan una forma secante. Parece que se cruzan dibujando con el puntero una especie de constelación estelar. El Rey Midas sabe que está presenciando una lucha, en el fondo, bautizada por Urano, su instructor.

Suena muy paradójico, pero, a medida que Ares y Tánatos están peleando para ganar un triunfo guerrillero, Urano está concentrando la fuerza para que la vida venza a la muerte...

EL TRIUNFO PERDIDO




EL TRIUNFO PERDIDO


Él concentra toda su atención hacia la parálisis de una llave que funciona como límite fronterizo entre los combatientes. El chip está procesando datos que se anticipan en el tiempo. Ve imágenes, en las que la esperanza de un Dios mortal aplastado por la fuerza benigna de la Diosa de la Naturaleza y el Universo no diluye ni mucho menos queda extinguida en llamas. Pero el incendiado repudio que sienten Ares y Tánatos es descomunal. La guerra y la muerte podrían suponer, en apariencia, una alianza pero, en dicho caso, son armas de doble filo. Se rechazan con total pasión y quieren realizar su cometido expresado por una lucha de arma blanca para demostrar que la muerte no llega a su destino sin antes la proclamación de una guerra, conflicto o pleito. La guerra por conseguir la Independencia en Estados Unidos era inconcebible sin, precedentemente, la colonización de Inglaterra, Francia, Alemania y España. Todos los desencadenantes que han traído el despertar de nuevos horizontes han supuesto una muerte prevalente. Territorios nacionales representados por países enfrentados han tenido su reconocimiento, gracias a la previa intención de ser desnudados de la total potestad gubernamental. Una batalla campal ha hecho que se sintieran despojados de un dominio, según los aspirantes a dirigirlo, totalmente merecido. Nueva Maryland, en este caso, es víctima de un caos que no ha hecho más que empezar. Además, la consolidación de dos Dioses que rivalizan por transformar una estructura de base, en la que Venus presagiaba el retorno de un Edén malogrado, se encuentra en una fase en que la marcha atrás no existe.

Blackie sigue viendo la llave con una inmutada nulidad. Las espadas se ponen en posición de ser golpeadas por las dos Deidades. Ares reniega de Tánatos, ya que sabe de antemano que quiere terminar con el imperio o batallón creados. Pero el encargo de Venus está remitido a través de un intermediario, Blackie, hijo de la Tierra y el Cielo, que va a probar por todos los medios acabar con las dos personalidades del infierno más temible...

LA FURIA DE LA PUGNA




LA FURIA DE LA PUGNA


El vidrio, totalmente desmenuzado, cae en la contraventana dejando verter pedacitos casi inapreciables. Zoe, de repente, se endereza. Se levanta de la cama para esconderse como si la llave de oro ya pudiese dejar relucir su efectividad curativa con la entrada de estos Dioses que traicionan todo un reino que vivía en condiciones dignificantes. Blackie se queda helado por el estupor. Inmóvil, sigue sosteniendo una llave que se balancea como un columpio o una maca. Definitivamente, el felino ha decidido no dejarse impresionar ni arrastrar por mafiosos impostores. Venus tiene razón. La llave es un buen artilugio que prueba un fortalecimiento anímico que el gato observaba como desfallecido. Sin ella, la valentía, la intrepidez, el coraje y el valor más introspectivos no hubieran actuado frente a una circunstancia tan incomodadora y rompedora.

Dentro del armario, la niña reside temblorosa. Tommy se percata de que el cuerpo ha recibido un estímulo alimentario a través de la majestuosa simplicidad de una llave. Ahora el niño es consciente que la posesión del objeto tiene una valía inacabable. Es como una fuente que deja verter un goteo de agua bañada en oro que no devalúa. Sin duda alguna, el sostener con una mano el preciado objeto, Zoe ha podido sentir una movilidad psicomotora antes no percibida y, como consecuencia, impensable. Dentro del armario, procura con sus delicadas manos cubrirse los oídos para no escuchar el acontecimiento entre los Dioses que, muy ciertamente, van a adentrarse en un combate de cuerpo a cuerpo, con espadas deformes, poco calificadas como tales.

El Alcaide se retrae a la vez que Blackie se encuentra localizado en la cabecera de la cama de la pequeña. La llave no pierde el poder de descartar las órdenes impuestas por Urano. El gato, como enviado, debe proteger Nueva Maryland y las víctimas que han sufrido repercusiones de salud trascendentales. La llave, como si tuviera un mecanismo activado, se desplaza en el aire hacia el centro, en el que una intersección separa dos núcleos ocupados por Tánatos y Ares.

Tommy, de inmediato se pregunta hacia sus adentros: ¿Por qué la llave se ha desprendido de unos dedos que la agarraban y ha decidido irse hacia el eje central en el que dos entidades se juegan el puesto en el Olimpo para ser los vencedores y, supuestamente, adjudicados a tomar mando de un paraíso santoral? ¿Quién ha podido ser capaz de semejante fenómeno para intentar moderar una lucha que va a terminar con una muerte garantizada? Enseguida, el niño piensa en Venus y todas las pautas y visiones que Tommy ha llegado a incorporar en su cerebro infantil. Las visiones eran completamente proyectadas en un rancho en que la fauna más penitente, tenía cadenas de condena que los conducirían hacia una metafórica pero real sala de ejecución. En estos momentos, comprende que la Diosa más adorada por el amor integral y universalizado hacia todos los seres de un planeta moralmente retardado, casi primitivo, tenía razón en su procesamiento de información, que Tommy debía conocer en colaboración con su mascota.

La llave tiene un cargo aprobado por el Consejo judicial del Olimpo. Urano y Gea han sospesado la importancia de una pertenencia con ocurrencias trepidantes, reacciones improvisadas y actos regidos por un código de leyes que pueden, por cuenta propia, facilitar el consumado cumplimiento de una salvación unánime.

La llave que Venus entregó en el sueño a Tommy fue puesta en escena después de un despertar agitado y sacudido, en el que el niño tenía que implicarse telepáticamente con el poder cósmico de un gato con poderes entumecidos. Gracias a la gran insistencia de un Tommy con agallas y la sucesiva vocalización de unas palabras, muy claves para salir de la prisión, ahora él y Blackie se encuentran en Toronto para dirigir a los enemigos, que compiten para poder ser candidatos de un gobierno hasta ahora bien encabezado. La lucha está a punto de iniciarse. El Alcaide intenta no interferir, pero no puede evitar compartir unas palabras con Tánatos, la muerte más indiscutible:

–¿Te crees con fuerza para vencer un poblado en el que felinos, reptiles, simios, monos, equinos, úrsidos, antílopes y humanos están en manos de un ejército de ratas inmundas? Tú, es cierto que representas la muerte batallada sin cláusulas, objeciones o condicionantes. No temes nada porque de hecho eres un ente sin vida propia. Tú, como muerte, arrastras toda la materia que tiene localizadas formaciones celulares que son animadas. Pero ¿Por qué necesitas beberte el jugo de un poblado que crecía sin interrupciones, sorbía cada instante con goce y júbilo mientras se aplegaba para defender y proteger cualquier adversario indigno?

–Porque no siento pena por nadie –responde Tánatos –mi filosofía radica en no permitir que el mundo de los mortales tenga un crecimiento masivo gracias a un medio de reproducción voluntario.

Blackie se aprieta el dentado con fuerza mientras sigue viendo la llave inmutable frente un par de desdeñados y desalmados Dioses. Él quiere que la llave pueda eliminar la muerte encarnizada que Tánatos intenta hacer perdurar sin escrúpulos. El valle de Nueva Maryland no existe, pero tampoco se le puede atribuir una pérdida irrecuperable. Todo ha quedado arrasado, Blackie lo sabe, pero también sabe que ahora ha llegado la oportunidad de darle fuerza a una llave totalmente hechizada de poderes superlativos...

UN DUELO CON LA MUERTE

 




UN DUELO CON LA MUERTE


¿Por qué Venus, una diosa que puede contratacar cualquier nefasto desencadenante con un poder excelente ahora queda totalmente al margen de una desembocadura macabra, plagada de un vigoroso afán por sobrevivir y, a la vez, derrotar al prójimo?

Tommy, por mucho que intenta recapacitar con una mente racional y concienciada de los sucesos que en los últimos meses ha vivido en primer plano, no tiene la puntería para acertar con esta incógnita. Venus intenta evitar que la muerte y la guerra estén unidas por una causa que no concierne la salvación de una niña infectada y, sin embargo, permite la invasión de un condado corrompido por roedores indiferentes, frívolos, llenos de totalitarismo y despotismo; roedores que imponen una colección de normas que serán legisladas sin una validación o consentimiento por parte de una comunidad territorial y un conjunto de Estados.

El niño, durante décimas de segundo, viendo a Blackie en posición de moderador ante una rebelión fervorosa entre dos Dioses que se avecinan como relámpagos, después de un golpeado entre nubes cargadas de vapor, no entiende la principal intención de la Diosa del Amor, de la Vecindad, la Hermandad y el Bien Común. Todos los esquemas que había valorado e integrado, después de una clase magistral de Venus dentro de una catedral figurada por una aventura onírica, ahora tienden a no tener sentido. Parecen futilidades, absurdidades, torpezas que han sido producto de un sueño delirante. En cambio, otra parte de él presiente que no es en balde todo lo que ha experimentado. Las dudas lo acechan y esperan pacientemente poder ordenar a Blackie que no se deje vencer por una malicia entre Dioses, que no defienden la supremacía por la igualdad y la unidad mundial entre seres pertenecientes a familias heterogéneas. Por fortuna, su alma, muy compungida y apremiada por una ilusión, que proyecta volver a sus raíces y recuperar el dominio de una existencia demográfica en Nueva Maryland, apunta a señalar un desenlace virtuoso y completamente vencedor. En algún instante, Venus alzará su voz para implantar cordura, lucidez y una dosis de equilibrio regulados. ¿Cuándo llegará, por eso? El Alcaide no puede proclamarse un buen aliado del escenario olímpico con Dioses que quieren retar una gobernanza llena de radicalismo, en la que no haya especies vivas que puedan concebir a través de una fecundación sexual o asexual.

La ventana del piso del Rey Midas parece desangrarse por un aspecto rojizo y de gran candencia. De repente, la nave ovalada se detiene en la ingravidez a diez metros de la casa. El vidrio temblequea, afloja su rigidez y su compresión hasta ver cómo las partículas se van despedazando. Toda la carcasa se está deformando por la presión de un vehículo, en la que los pasajeros que lo ocupan utilizan la cinestesia. El techo se abre bruscamente y de él surgen dos Dioses con un aspecto decidido a entrar en la habitación. Se acercan como ventiladores flotantes, con un rodaje que los hace móviles y avanzantes en el caminar. No tienen cuerpo vertebrado, en cambio, su silueta deja reflejar proporciones en las que el tronco y extremidades parecen de naturaleza palpable y táctil. La cabeza, llena de chichones, deformaturas, en la que es complicada asociarla a un cerebro convencionalmente constituido, está localizada por un cuello larguirucho y muy estremecido que destaca por una faz agria, ceñuda, malcarada. En los brazos aparentes llevan dos espadas. Tommy había imaginado que utilizarían arcos con flechas y lanzas. Es más peligroso de lo que pensaba. Como dos mosqueteros y generosos espadachines se ofrecen por voluntad a lograr que Zoe y Nueva Maryland mueran con la victoria asegurada de Tánatos...

CRUCES SANGRANTES

 



CRUCES SANGRANTES


Tommy y Blackie ven, en una distancia más accesible, un platillo que dispara bengalas chispeantes y, con un fulgor trepidante, tiene intención de encaminarse hacia el felino. Es el apocalipsis de una nueva era en la que el símbolo de la guerra (Ares) y el símbolo de la muerte (Tánatos) vienen con la intención de disputarse un duelo, con armas propias de la época de juglares y trovadores en una edad medieval. Los caballeros andantes procuraban, con un éxodo practicado de manera constante, llevar un arcón lleno de arcos, lanzas y flechas. Cupido y su arco flechado es el vivo ejemplo de una mitología romana en que el erotismo y el deseo carnal a través de conductas pasionales, integradas por la voluptuosidad y la lascivia, eran precedentes predominantes.

Eros, en cambio, durante la mitología griega, era el padre maestro de un amor que podía consumarse de manera expresiva y dejar exteriorizar un torrente de promiscuidad. Básicamente, el poder de la atracción provocaba en las féminas, practicantes de un puritanismo solemne, las ganas de romper con la gloria de una virginidad que se concebía como algo incólume, venerado, exaltado por la sociedad de masas en un entorno ya incluido por prejuicios y tabúes.

Sin embargo, durante siglos posteriores, la vívida simbología de estos Dioses se ha ido degenerando y ha pervertido la concepción del amor, convirtiéndolo en un acto de intercambio de placeres superficiales, que sacian un apetito puramente fisiológico. Las infidelidades, las deslealtades y la traición han creado la necesidad de utilizar, a través de una época contemporánea, el abalanzamiento, el ataque, la agresión más salvaje, utilizando el cuerpo como escudo o arma de trascendencia letal.

En realidad, Tánatos y Ares vienen con este propósito. Están convencidos que Nueva Maryland debe ser ocupada por seres que proclamen una amnistía abierta, en la que la raza y condición tengan una escala máxima de autoridad. No obstante, el enfrentamiento creado tendrá que dejar un rastro, una cicatriz, una imprenta que marcará una trayectoria histórica imperecedera e inolvidable.

Blackie se ha recreado en pensar en el proceso mecanizado que guerra y muerte tienen en común. Él tiene que estar al acecho, muy vigilante porque bien seguro querrán arrebatarle los poderes de Venus que, ya antes de ser gestado, le había otorgado y encomendado para un fin benefactor.

Tánatos, durante su existencia temporal, era una figura endemoniada pero no ejercía la violencia. Actualmente, en cambio, gracias a una plaga de roedores displicentes, enojados y consumidos por una conexión injusta frente al mundo que ocupan, han querido extrapolar esa cualidad a Tánatos, a partir de la aprobación incondicional de Urano.

Ahora ya no hay marcha atrás. Un estandarte rectangular que contiene un distintivo de cráneo cadavérico, con dos huesos que simbolizan la cruz de una muerte inevitable, se acerca muy velozmente. La nave que Tánatos y Ares utilizan hace que sobresalga el gran emblema universal, en el que un fallecimiento exhortativo cumplirá su labor después de un encaramiento bélico con armamento no balístico.

Blackie ve que la llegada es cada vez más precipitada. Siente su corazón oprimido por una inquietud que no mitiga, aunque cabe reconocer que el coraje va siendo su compañero fiel, el cual queda cada vez más acrecentado. Parece mentira como se invierten los papeles que caracterizan los principales protagonistas. Tommy, en cambio, no sabe hacia dónde mirar. Zoe está en la cama, pachucha, con un semblante de queja por una enfermedad que no erradicará hasta que los dos poderosos y monstruosos Dioses se enfrenten en un abalanzamiento insensible y desmedido. La llave de oro ha quedado pegada en las yemas de las patas de Blackie. Él, en posición vertical, totalmente derecho y recto, se encuentra preparado para una pelea que no va a ser sencilla de presenciar...

LA DUALIDAD DEL MAL



 LA DUALIDAD DEL MAL


Como dos copas que han quedado desprovistas de consistencia y hermetismo traspasan esta pared tan temible para un Tommy que se siente indeciso. El chiquillo abre los ojos y siente su cuerpo palpitar y el pulso totalmente regulado. Se palpa las sienes del cráneo, las muñecas, la yugular, el plexo solar, el diafragma abdominal y repica con las piernas un suelo que no se desintegra ni se resquebraja. Por fin, los dos están en la casa y Blackie es quién rompe el hielo ante el Alcaide y su esposa, que pleitean qué hacer con una llave de la cual desconocen su utilidad.

Midas se siente físicamente desfallecido. Tiene unas ansias incontrolables por comer. Al fondo del estrecho pasillo, que separa cuatro accesos a dos dormitorios, su hija estalla a gritos. Está emborrachada por un dolor fiero, desgarrador, atropellante. Blackie se presenta frente al Alcaide con una voz ronca, casi como una carraspera:

 –Supongo que nos recuerdas. Él es mi padre adoptivo, Tommy, y yo soy el hijo de Urano; dos presos que hemos residido en Nueva Maryland hasta la aparición de la bendita Venus que, por gratificación, nos ha permitido una escapada de unas rejas que nos consumían y pudrían cualquier oportunidad para contactar, de nuevo, con el diseño arquitectónico de un mundo monopolizado por la mano del hombre.

El Alcaide, emocionado, celebra la llegada de estos dos seres que representan para él y su hija una tabla salvavidas.

–Ahora no hay tiempo para demorarnos –dice Blackie – Necesito coger la llave de oro. Sé que por derecho te pertenece, pero ella, según Venus y sus augurios predictivos, es totalmente imprescindible para desobstruir las compuertas que encierran a toda la fauna de Nueva Maryland.

Acto seguido, Blackie se dirige a la habitación de Zoe para poder desatarla de un sufrimiento que la corroe y debilita. En seguida, nada más verla, sabe que ha sido víctima de un maleficio. Ares y Tánatos han negociado de manera clandestina la posibilidad de levantar una sentencia malevolente contra el Alcaide usando como rehén a la niña. Debe conseguir el propósito de reconducir un cauce, desbordado por un camino en el que el bienestar de las especies no es realizable, no admite condiciones para los dos Dioses que se debaten entre la adversidad y la violencia.

De inmediato, levanta la llave y la deja como un péndulo colgante o como las burbujas de jabón, que van calando un espacio vaciado de cuerpos sólidos, para poder sanar a la pequeña de una enfermedad fundada por dos diabólicas deidades. Parece una paradoja, una contradicción. ¿Es posible que los Dioses tengan un espíritu hiriente, descaradamente sórdido y ensañado? En las religiones abrahámicas, Satanás o Satán era conocido como el embaucador, la fuerza que tentaba y arrastraba a las frágiles mentes a desviarse de cualquier senda, de entrada, bien encauzada.  En una situación tan estrechamente ligada ante un juego de rivalidad entre Dioses, que los clasifica de dotes mágicos y habilidades curativas y purificadoras, Blackie deberá mostrar el coraje, ahora más que nunca, para subsanar un ser que casi delira por un castigo impuesto de manera pérfida. El gato no padece ni la menor duda de que existe un pronunciamiento de palabras que han maldecido al Rey Midas, desde que se proclamó en su momento alquimista de un mundo imperfecto y decantado a la corrupción y la nocividad más drásticas. Nunca, de hecho, ha tenido una relación propiamente mundana, llena de complicidad y avenencia. Más bien, ha sido el cabo perfecto para despertar gestos de envidia, detestación y mucho desprecio entre Dioses que, en sus vidas, reúnen finalidades más sencillas, menos cargadas de componentes que puedan ser ostentadores y cautivadores a corto plazo.

 –Estamos todos expuestos a un peligro mortal –afirma Blackie dirigiéndose hacia la ventana de la habitación de Zoe. Hay un dispositivo de artillería que bombea balas de fuego a mucha distancia, aunque el problema se acrecienta por el hecho de que Ares y Tánatos van a realizar una querella frente a nosotros.

 –Pero ¿Cómo dices? –pregunta Midas sorprendido –yo no pacté con Urano ser un infiltrado para tener que ver una batalla sangrienta conducida por Dioses que no pueden gobernar el Olimpo en son de paz y un entendimiento unívoco.

 –Es cierto –afirma Blackie –pero en este pacto Ares y Tánatos quedaban descartados de potestad. Sin embargo, siempre han querido desposeer a Urano del trono que ha ocupado como monarca celestial y terrenal. La guerra ha sido el ingrediente vital para abrir un enfrentamiento entre la benignidad y la maldad más cruda. Justamente, es siempre lo que he intentado decir a mi cuidador adoptivo Tommy: bien y mal, son como una escisión, pero, en realidad, son un cordón muy tibante y de margen corto, que separa la interrelación que se ha engendrado entre ambos desde que el mundo tiene un estado definitorio y demostrable. No tenemos mucho tiempo que perder – prosigue Blackie –la llave de oro no realiza el efecto deseado porque debe producirse una muerte primeriza. como he dicho, benignidad y malignidad andan cogidas de la mano. Son como una percha que sostiene unos principios moralistas que tanto se repelen como se adoran. Pueden fracturarse o pueden unificarse para un propósito que incluya un beneficio mutuo.

El Alcaide, muy asustado por un avecinar poco dominado y concebido, le exige a Blackie que use la llave de oro como arma blanca para aliviar la carga enfermiza tan penitente de su hija Zoe.

 –Lo intento, créeme –dice Blackie –estoy dejando pender el artilugio para que un relámpago radioactivo quede penetrado en los bronquios y vaya circulando hasta llegar a conseguir un resurgimiento sanador. Sin embargo, los pulmones están taponados e infectados. La llave no está cumpliendo con el deber de eficacia probada porque tenemos a la vista una llegada de Dioses, que tramarán una pelea a mano armada.

Todo, de repente, está sumido ante una opacidad denigrante. Afuera, un retumbamiento, que casi ensordece va acercándose hacia la casa del Alcaide...

DESPUÉS DE HOY

  DESPUÉS DE HOY Consciencia desnuda; habitación en duelo; recuerdos de anhelo, lenguaje de locura. Verborrea sin nombre viaja en el tiempo ...