INTERROGANTES A FLOTE
Tommy,
encerrado en su cuartito, sigue atrapado en su cascarón mental: una concha que
reviste muchas fotografías, secuencias de hechos ya caducados, completamente
marchitados y escenas en las que el hedonismo era el principal destino, ahora
está siendo enterrado en vida, encadenado, enmarañado de recuerdos ruinosos en
un pozo sin salida. Con las manos prietas en las mejillas y una mirada perdida,
turbulenta y oscurecida por una desidia abrupta, se pregunta cuánto tiempo
permanecerá con vida. De hecho, es una pregunta artificiosa, absurda, banal.
¿Cómo poder plantearse seguir con vida si su corazón ya ha quedado disecado por
la maldita impotencia y un feroz estado de desvanecimiento ante una realidad
que parece tener efectos resolutivos y determinantes? Sin embargo, él se empeña en pensar que
Blackie puede hacer uso de sus dotes todopoderosos que la Madre Tierra pretende
que siga conservando para acabar con estas bestias infames. Después de todo,
los roedores tienen una fuerza característica gracias a la radiación del
planeta saturnino, que deja rebrotar a una velocidad precipitada descargas
eléctricas de luz para recargar de energía unos animales intrínsecamente nulos
de coraje.
Tommy siente pequeñas pinceladas de esperanza
muy hacia sus adentros. Cree, sin lugar a duda, que los pensamientos
electrificantes y dotados de un contenido inesperado pueden tener repercusiones
que contrarresten la realidad más aterrorizante. El niño está convencido que,
el chip, insertado en el cerebro de Blackie, puede recabar información por un
mecanismo radio magnético a una distancia muy alejada a horas luz de la Tierra.
Su único suspiro que le sirve de amarre para sostenerse ante una situación
irremediable es pensar que algo fabuloso interpelará el abandono oficial de una
familia de seres que se nutren de un poder que no les concierne ni les
pertenece. De repente, un guardia de seguridad nota como Tommy lloriquea en
silencio y se acerca a los barrotes para exigirle callar, a la vez que lo avisa
que tendrá que arreglárselas para conseguir sobrepeso antes de ser ejecutado en
un recipiente de máxima presión calorífica. “¡Maldita sea! –dice Tommy en secreto – “Tengo que actuar como sea para que Blackie reaccione. El gato no puede ser obligado a comer unos
ingredientes sobre dosificados que su estómago no asimilará. “Acabará reventado por una indigestión y
seguramente morirá.
Enmudecido
y desanimado, Tommy sigue acelerando su actividad mental con la búsqueda de
alguna fórmula que permita concluir la acción de revancha sin control ni
miramientos. Y casi sin buscarlo a propósito, introduce las manos en el
bolsillo de las bermudas a cuadros y, por sorpresa, aparece un pentagrama con
una clave de sol en el extremo izquierdo antepuesto. El símbolo críptico es
dorado, con pequeñas perlas en el centro de la clave. Pero ¿De dónde ha salido
este artilugio? ¿Quién es el responsable de haber accedido al atuendo de Tommy
para cederle un objeto de origen incierto?
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