JARDÍN PROHIBIDO
Bocas de mordaza,
campanas repiquetean en el altar,
sueños mágicos fantasean
regalos de boda ilusorios,
ahora envoltorios de seda
que en la ingravidez flaquean.
Por primera vez te veo,
con traje, corbata y maletín
un galán, un cineasta
en medio de un homenajeado festín.
No quiero acercarme
una intención latente paraliza mis pies,
más un avance inevitable,
como la atracción de un imán candente
me arrastra en reverencia
a admirar tu esbeltez.
Siento frio, calor,
temblores e indefensión,
sola entre la maleza
sacudo la polvareda
de espectros fantasmales
un pasado desmenuzado
de memorias irreales.
Te veo y te pierdo;
en un instante en soledad
ahora me encuentro,
rosales de espinares
en mi piel se clavan,
heridas supuran
sangre cantora
de música celestial
en una mañana
en sigilo de aurora.
En un cobertizo me cobijo,
una silueta mozuela
alberga en mi cuerpo,
punzantes recuerdos
en una verja aprisionados
por un amor no correspondido
que jamás sabré
si fue real o idolatrado.
Rosas y violetas me sonrien;
aliadas compañeras
compatriotas de consuelo;
pétalos en cruz
en mi mano sostengo,
danzan con rocío de cristal
como un caudaloso riachuelo.
Quiero desaparecer más no puedo
ese romance de fábula,
un imposible olvido
mi mente acarrea rendido.
Una mente marchita
con flores que ya jamás lucirán
fragancias y colores
en mi vida de vuelta
a un presente de ocre,
sumido por un pavor amarillento
en una odisea emprendida
de implacables horrores.
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