LA SOLEDAD
Viajes esfumados, diluidos en el vacío, no volverán;
la soledad, ¡Qué sentimiento tan desolador!
cuando se convierte en desamor;
ancestros que han fallecido no regresarán;
en el aposento, reposan toda la eternidad;
solo las memorias ambulan como chispas reflectantes;
quieren resucitar,
aquellos antepasados,
que ya no se acoplarán.
Como una ermitaña me describo;
sentada en un diván
confieso mis penurias y calamidades;
en soledad, nadie me escucha;
gotas de escarcha van calando mis gruesos mofletones;
en soledad, invoco una saga de milagros a las invisibles asunciones.
En soledad, recuerdos avezados en la red neuronal;
en soledad, noches gélidas que me atizan
e interrumpen un reparador reposo;
en soledad, no puedo morir aunque mi vivir sea banal;
en soledad, pienso en la dicha de compartir un adorable esposo.
Soledad, ¿Cómo aceptarte cuando mi latir ya no bombea sangre?
¿Cómo amarte si me condenas a un silencio sepulcral?
¿Cómo venerarte si me siento prisionera de un acorralado enjambre?
que me pica, me corroe,
con deseo de retorno a mis orígenes en estado fetal?
Mis allegados, ¿por qué razón partisteis sin equipaje?
echo de menos las carcajadas, los arrebatos de hilaridad,
¿Porque desertasteis sin un gesto de despedida
hacia un etéreo viaje?
¿Porque simplemente no evitar ese sentimiento
de aislamiento y orfandad?
Estoy aquí, presa por un pánico espeluznante;
el terror ensancha todo el recinto que ocupo;
temblequeo y deliro sin ningún atenuante,
que remedie el calvario por el cual sin querer me preocupo.
Larga vida me espera, veinte, treinta, cuarenta años ¿Quién sabe?
los días son agrios, insulsos, incoloros, inodoros;
¿Cuánto tiempo Dios Mío me tendrás en cautiverio
como a una domesticada ave?
Cada día espero respuestas de mis voces y sollozos,
retumban en mi fuero interno, insonoros.
Mi imaginación se dispersa y oigo pasos acercarse;
alguna compuerta abrirá mi camastro penitenciario;
Sin embargo, nadie viene,
es puro espejismo quien parece aventajarse;
en mis ruegos visualizo
una nueva familia desanexada de un tiempo precario,
unos descendientes a quién dar la más sincera bienvenida;
mascotas que puedan recostarse en mi regazo
con un objetivo solidario.
Soledad, no seas pertinaz y alza el vuelo de regreso;
así podré reposar sin que el mutismo me invada,
quizás no estaré completa, pero reunida
con seres que me ofrecerán
abrazos y un cálido beso,
y seguiremos recorriendo juntos trazos,
líneas de tiempo,
y una buenaventurada cruzada.
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