domingo, 12 de mayo de 2019

EL PODER DE LAS PALABRAS


 





EL PODER DE LAS PALABRAS


Expresiones insolentes,
¡qué desprovecho de vocablos mal articulados!
Comentarios impertinentes,
¡cuántas palabras contradictorias
que penden de hilos encadenados!

Frases ofensivas salen de bocas inmundas;
se propagan, se divulgan,
formando miradas y reacciones iracundas.
Demasiadas palabras se derrochan sin pudor;
demasiadas personas emanan un rancio hedor;
rencores, envidias insanas
yacen bajo los cuerpos, tapiando la comunicación;
rabia, odio, furia son protagonistas
de un entramado verbal
que se activa de un tirón.

Mentiras piadosas, a veces, se insinúan con timidez;
son palabras que saben a gloria;
calman, pacifican, armonizan el ambiente
con una cierta calidez.
Pequeñas infamias que no hieren,
solamente palian y aminoran tempestades grotescas;
se alían, pactan y contagian,
solventan interpretaciones erróneas
y maquinaciones dantescas;
siguen su curso como la corriente fluvial,
como el agua de un manantial,
como los pequeños surcos
de un serpenteado canal.


Palabras de compasión, de apoyo, de condolencia;
piadosas por naturaleza,
vagan por un espacio ahuecado;
encuentran a quienes, con honor, respeto y sapiencia,
las pronuncian con cautela y delicadeza.

Palabras recurrentes que exhiben dulzura;
galantean en el espacio vibratorio;
premian los tímpanos con halagos
frente a un bullicio notorio,
y no desembocan en sepultura.

Palabras encomiadas predominan
ante un mundo confrontado;
palabras dulces empalagan
y embelesan los sentidos;
palabras entrañables se quedan posando,
sin abalanzarse
hacia el cénit de los acantilados;
coquetas y remilgadas,
coleccionan miles de vestidos
de elegantes bordados.

Las palabras juegan a ser divas
en un escenario naciente;
frente a una pasarela galantean al azar,
desprendiendo un efecto de amargura o hermosura,
ante un ciclo de vida
de gruesas capas de tintura;
cogidas de la mano,
como un corro de niños
que no se desune,
paciente.






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