sábado, 11 de mayo de 2019

VEO PASAR



 

VEO PASAR

Desde mi ventana veo pasar el viento exacerbado;
faros que alumbran las calles;
coches que transitan hacia un destino ignorado;
matorrales van y vienen por los vientos que arrasan.

Veo pasar faces con semblante sombrío;
transeúntes que caminan por un suelo entorpecido;
gente que se dirige a paso lento, con hastío;
jóvenes que circulan más rápido con un ánimo envejecido.

Desde mi ventana, un cielo enmarañado, tejido de nubes condensadas;
aves con alas que abanican la migración hacia tierras forasteras;
veo pasar aviones, cometas que los infantes lanzan disparados;
veo pasar estrellas fugaces en el éter sin barreras.

Desde mi ventana asteroides destellan pedacitos de luz;
me pregunto cuánto tiempo permanecerán con vida;
demasiadas incógnitas rebañan mi mente en estampida,
deseosa por encontrar respuestas a cuerpos astrales, 
observados en la distancia como círculos en cruz.

Veo pasar las semanas,
nunca perecen, regidas por un tiempo inmortal;
días y días amortizados, algunos desperdiciados,
se recrean ante las experiencias de seres desprotegidos, que viven sin aval.

Veo pasar madrugadas sin descansos placenteros;
noches áridas que acogen lechos sin cesar;
silencios intermitentes se interrumpen por pasos callejeros;
veo pasar segundos en que mi memoria parece divagar,
hacia sentidos opuestos, 
encrucijadas confusas, 
grandes e irresolutos  atolladeros.

La ventana me ofrece un fabuloso incentivo;
madres gestantes se entretienen estimulando
a chiquillos en un mundo fiero y competitivo;
traviesos y picarones, los juguetes manipulan con un portentoso estilo;
desde mi ventana, veo como se voltean, saltan, ríen y lloran
evitando cualquier indicio de sigilo.

Veo pasar recién nacidos pertenencientes a un mundo hostil,
que todo lo que incluye lo pinta de un color añil;
veo pasar ancianos que se aferran a cumplir
sus últimas voluntades, 
antes de propiciarse un repentino morir.

Todo lo que veo pasar se convierte en un asombroso misterio;
luces y sombras se abrochan el cinturón para no descarrilar,
juntas, forman un fortificado imperio,
que engloba emociones contradictorias, 
que revanchan hasta desesperar.

Veo pasar tupidos velos;
caras que exhiben armaduras y disfraces;
realidades yuxtapuestas que juegan frente a fortalecidos duelos;
multitudes que no se arrepienten de sus errores sagaces.

Ay vida, vida, 
veo pasar tantas cosas enigmáticas 
que me conmueven y estremecen,
que a veces cierro los ojos para no ver pasar nada;
solamente armazones que muestran almas indelebles,
que ante un presente turbio resisten,
aunque con el dolor padecen y arremeten.

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