AMORES EXTRAÑOS
Ay, mis queridos amores;
recuerdos que pueblan mi mente de antaño;
el ayer, caduco y marchito, por fin,
ya convertido en un ente huraño.
Amores que regaron un corazón solitario, desconfiado;
amores que nacieron de una eterna juventud;
caricias que dejaron huellas inquebrantables
en un presente de plenitud.
Amores que devoraron un cuerpo flácido de un solo bocado;
el ayer parece lejano, los días empequeñecidos, alejados;
no existe ni un rastro de templanza, de pesar, de nostalgia,
solo episodios de indiferencia, de frialdad,
un ayer hundido en un pozo ahondado,
de pequeñas reminiscencias e ideales ya excretados.
Años de adolescencia en que el mundo parecía superlativo;
creencias que idolatraron amores no perdurables en el espacio;
aventuras reiteradas ante un impulso exhaustivo,
donde todo lo valoraba y saboreaba francamente despacio.
Ay, mis amores,
erradicados ante un actual reciclado;
nunca jamás pensé poder descartaros;
habéis sido mis cómplices en un momento pusilánime, delicado,
pero ahora necesito cobijarme
ante una soledad elegida
y dejar de adoraros.
Perdonadme si parezco cruel;
no es mi intención ultrajaros;
solo quiero ser honesta, sentirme íntegra, complacida,
y a vuestra suerte en el pasado abandonaros.
Etapas de vida fueron enriquecidas por compañeros de viaje que amé;
o al menos eso creía, ciegamente;
ahora me doy cuenta de que sin pretenderlo me engañé,
convertida en vasalla de amores,
solamente instalados en el deseo carnal, plenamente.
Fracasos, decepciones, desengaños antecedieron intervalos
en el que el llanto era mi máximo torrente,
mi socio competente,
aquel vertido de lagrimal en desconsuelo.
Mientras revivo estas mareas amorosas turbulentas,
puedo vislumbrar un umbral en el futuro con alegría;
quizás es una falacia o una quimera;
mi alma se regocija frente aguas parturientas,
que puedan engendrar
nuevos amores arraigados,
nuevos amores arraigados,
abastecidos por una unión tangible,
constatable, imperecedera.
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