sábado, 8 de junio de 2019

MOMENTOS


 




MOMENTOS

Bandadas de pájaros ambulan por el cielo,
se recrean al compás de un ritmo exhibido al unísono;
momentos en que desearía volar para encontrar consuelo,
fugándome, sin rumbo hacia un destino incierto,
con un objetivo alcanzable y despierto.

Grandes baladas mecen mis oídos;
música que se compone de estribillos brillantes como punteros;
   un acariciante vaivén de recuerdos placenteros;
 momentos de alegrías que asoman la cabeza, francamente tímidos.

Relámpagos de luz se estrellan contra un suelo embaldosado,
el reflejo es imperceptible pero existente;
 momentos en  los que el mundo parece hechizado
por estímulos que me arrastran y empujan hacia un torrente,
donde todo coexiste y se funde en un sueño consciente.

¿Cuándo volverán aquellos años en que los momentos estaban detenidos? 
¿Cuándo estaré en perfecta sincronía con esa marcha danzarina 
que me obliga a vivir, ignorante de mi porvenir;
un futuro en el que todos estamos unidos
 conformados frente a una objetiva realidad:
vivir para morir tranquilos.

Momentos felices, el mundo es disfrutado;
instantes derretidos por cumbres nevadas;
infancias que han quedado hipnotizadas
bajo la sorpresa de un tiempo arrollador,
que no pretende escabullirse,
simplemente recordarnos que es la fuerza y el motor,
de un pasaje a bordo que no acabará con el universal y genuino amor.

Cuántos momentos flagelados me vienen a la mente;
un puñado de noches en las que los muros no cesaban de testificar,
cómo los llantos repentinos tendían a rebosar;
 suspiros que mi boca expiraba secretamente;
 tengo constancia de miserables momentos de paz;
escaseaban, pero a veces se reunían
para darme mensajes de esperanza,
en un entorno ordinario y fugaz,
regido por máximas ordenanzas,
que me privaban de una opinión y un criterio veraz.
 
¿Podemos decir que el tiempo tiene autenticidad?
¿Podemos asegurar que no es una patraña?
¿quién sabe? A lo mejor encontrar la respuesta es una auténtica barbaridad, 
 una necesidad de cesar de estar instalados en la ignorancia
para poder constelar nuestras dudas;
 preguntas de absurda apariencia
que nunca llegan a ser aclaradas
  durante esos momentos atados a una sólida experiencia.

El pasado y el presente; dos ciclos que nunca entenderé;
mi esfuerzo es en vano, ya que como ser humano
me siento víctima de momentos que me aturden,
y consiguen que renuncie a todo aquello que una vez sin reservas acepté.

En una habitación me quedo pensativa;
miro el techo blanquecino y algo polvoriento por el paso de los años,
mis ojos quieren adelantarse en el tiempo, 
 sienten una ávida curiosidad por despertar y saber
que no he desaprovechado esos momentos de gloria,
 en que todo parece bailar, moverse flexible,
 ante cualquier perturbadora historia
vivida en una era ancestral sin sentido, lógica ni memoria.

El ahora me persigue; qué terrible condena querer regresar hacia atrás;
pero, ¡qué obstinada soy!;
sigo pensando en mi lamentable infancia,
en aquella niña que crecía sin gozar de momentos,
en los que su esencia flotaba en el aire, sin gravedad, sin peso, 
sin las cargas de unos antecesores
 sumergidos en las amarguras y resentimientos más saturados.

Vivo momentos en los que el mundo parece una ensoñación;
todo lo que voy sembrando nutre mi alma,
antes sumida ante una profunda depresión.

Viajo hacia un espacio inexplorado;
el camino que recorro forja nuevos horizontes
en los que puedo acampar mirando al cielo, 
hacia la luz de las estrellas
atravesando valles y montes,
como las alas de los pájaros,
 ondulantes e indudablemente bellas.





 





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