ESPEJOS ROTOS
Miles de rostros
se reflejan en immutables cristales;
he visto facciones
que sonríen o se enojan
ante apariencias volátiles.
La evolución de la vida,
¡Que misterio tan recóndito!
una fábula, una novela de intriga
o una realidad que trae novedades de incógnito.
Me pregunto después de romper espejos,
cuántos años me he sentido fundida,
sin faz, cuerpo ni alma,
completamente sumida
ante una odisea sin principio ni acabose;
sin bienvenida ni despedida;
sin causa ni respuesta;
sin tragedia ni comedia,
solamente impasible, casi insensible
a la fuente más elevada de un universo indivisible.
Erguida, en un dormitorio que no se pronuncia;
el espejo es mi reflejo reveledor de una identidad dual,
parece desgarrarse ante un dolor reconocido,
temido, crucial,
desarmado ante una mirada nublada de interrogantes,
que no llegan a desvelarse;
enigmas procedentes de una vieja y alejada adolescencia,
cuya la imagen emanada era fresca, renovada, llena de incandescencia.
Como adulta observo un desgaste físico colosal;
no hay fronteras que detengan la madurez que el espejo me ofrece;
la ingenuidad que de niña desprendía
ha quedado apergaminada,
colocada en un baúl con alguna fotografía difuminada
por la antiguedad;
por haber perdido el color original vivaz;
momentos de expansión en los que de comerme el mundo me sentía capaz.
Tantos años degradados pasan factura;
el espejo habla a pesar de su semblante distante,
más gracias a él veo el contraste
de dos caras que se superponen;
sobresalen sin ningún condicionante;
¿Será verdad que en el fondo mi identidad está reñida por dos polaridades?
más, ¿cómo adivinarlo?
Los pies se me enfrían, el cuerpo se balancea;
mi comisura dibuja una tímida sonrisa que flaquea,
por una carga de rencores, de crispación en escena,
que va siguiendo su curso en cadena;
una mirada de sarcasmo,
un rocío de apatía y de nulo entusiasmo,
se enfrentan sin ánimo de pelea,
sintiéndose víctimas de un embrollo que no suena
a pesar de que aguas torrenciales lleva.
a pesar de que aguas torrenciales lleva.
He vuelto a sentir que piso en tierra firme,
como si el espejo resquebrajado, partido en dos mitades,
quisiera enderezarse y dejarme aterrizar
ante un mundo que necesito ocupar,
sin preámbulos ni pretextos,
solamente poder gozar
de una imagen atractiva que haga irradiar
aquella niña jovial,
que se burlaba del empecinado abismo,
siempre dispuesto a arrastrarla
para no permitir un repentino resucitar.
La magia del espejo es invaluable;
me veo tan distinta, tan intrigada y curiosa;
sin embargo, no puedo apartar mi ojos
de esa imagen inquebrantable,
que preserva una figura irreplicable,
bajo una presencia cándida y fiable.
Doy gracias a esos espejos por descubrir mi recoveco
donde mi personalidad se cobija;
Sé que no soy perfecta,
pero el espejo me devuelve mi íntegro aspecto
y confiesa, sin suspicacia,
que durante los tiempos amargos
sin rechistar me amaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario