Dicen que el zodíaco determina y prescribe nuestro carácter innato.
Los estudiosos redactan libros en los que interpretan
astros y descifran su secreto.
Leemos y nos empapamos de información
que nos aporta un sentimiento satisfactorio y grato;
El equilibrio, embarcado en una innata percepción
y un bagaje educacional reunido;
los platillos de la balanza lo anivelan
como las flechas de un arrollador Cupido.
Ojos que perciben el mundo frente a unos preceptos
que proceden de un saber adquirido;
el alcance de la madurez emocional llega
con serenidad y en perfecto sentido.
Y la balanza hace despliegue ante nuestra mirada,
anunciando rasgos de personalidad;
marcan un antes y un después,
siendo cómplice de nuestros aciertos y errores,
con una conducta objetiva y sumamente cortés.
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