domingo, 25 de enero de 2026

LA ALEGRÍA DE EXISTIR



 

LA ALEGRÍA DE EXISTIR


Una honda cavidad almacena 

dunas de silenciada arena;

mi rostro, repleto de arcilla, 

tras tantos años mirando el mundo

desechada como una colilla,

sentía un malestar insondable 

que al percibirse apena.


Callosidades en pies, manos y frente

acompañaron mi adolescencia,

a una muchacha inerte y vivaz;

mas esos estigmas en el cuerpo 

empiezan a resquebrajarse, tenaces,

ante un festival de luces 

que alumbra el vertedero

que al arrastre me condujo 

hacia un destino amargo 

e inequívocamente falaz.


Pequeños riachuelos

 riegan mis venas de estima;

manantiales de sentimientos depurados

inician un torrente caudaloso.

El paisaje circundante destella 

un marco portentoso de formas y colores;

 sentada en una orilla,

mi imagen

se reconoce distinguida y bella.


Un milagro, una quimera,

han reposado durante años

 cerca de mi vera,

sin yo darme cuenta 

de la importancia de cambiar

 el prisma 

conceptual de uno mismo.

Sin luchas ni forcejeos,

sin un desfallecer hacia un abismo,

sino levitar en un éter 

liberado de brumas

en las que la congestión de culpa, 

miedo y dudas

se disocian del egocentrismo,

acarreado de antaño 

por una densa nube en mis ojos 

que, como testigo, 

me exenta

a visualizar un ser

repleto de cordura

 y de impecable civismo.


Aquí radiante me observo;

mi caminar es decisivo

la mirada, nada frustrada y humilde;

una sonrisa pinta los labios sonrosados;

en mi corazón luzco imperdibles dorados

que, por alquimia, han transmutado

aquella desdicha impertérrita,

en una hilaridad en avalancha 

que, a través del cauce de los ríos,

en mí, al fin, ha calado. 











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