EL DECLIVE
Agujeros negros perforan mis entrañas;
años de intimidad febril,
momentos de hilaridad
calan mis poros con maestría sutil.
Dicha compartida,
a la luz emerge presumida;
se regocija de esplendor
hasta convertirse en añicos de horror.
Cuantos segundos han pasado;
décadas, intervalos de vientos sulfurados;
el ocaso renuncia
a un renacer alumbrado.
Siento las vísceras gemir;
un dolor punzante acrecienta el agravio,
de sentirme inexistente,
frente a un universo grandilocuente y sabio.
El remontar es tardío;
un jolgorio caduco,
la alegría dispersa,
esa llama entusiasta,
mis venas recorre
como un roce disimulado,
que con un minúsculo contacto basta.
En la deriva aterrizo;
lágrimas de secano
sin soporte ni apoyo
se desprenden calcinadas;
en silencio y con violencia
se pronuncian derramadas,
sin poder trascender fronteras
de un pasado reciente
que despliega en mi mente
un martirio feroz,
resucitado en forma de ser
vulnerable y ausente.
Demacradas formas
en el subsuelo subyacen;
imágenes el tiempo emborrona,
y solo queda el consuelo perdido,
la faz de un recuerdo
en un recodo distante,
se desploma exhausto
y totalmente abatido.
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