jueves, 14 de mayo de 2026

CARENCIAS DE PODER

 



CARENCIAS DE PODER


Blackie empieza a trepar la pared vertical donde se acomodan dos sofás espléndidamente ergonómicos. Trepa con desesperación, quiere llegar a la azotea y desvanecerse en la nada como por milagro. Mientras sigue en su avance con unas garras afiladas, cortantes, que han conseguido una bárbara longitud, el rabo deja aflorar un aspecto que provoca escalofríos y desarma cualquier teorema, surgido de un estudio en el que la lógica más convencional y el análisis obtenido, gracias a un proceso de investigación científica, puedan tener cabida. Tommy estalla en sollozos por una admiración que no concibe. El cuerpo de la madre se vuelve gélido por la sorpresa y sus extremidades, inamovibles, parecen tetrapléjicas. El padre está en el baño y, muy apresurado, después del estruendo causado por chillidos y llantos, se entremete entre Tommy y su esposa y los apretuja con los brazos. El hombre ha quedado pasmado, taciturno, sin atreverse a articular palabra alguna que tenga cordura.

La cola del gatito es como una llama derivada de una candela, que desprende chispas de fuego parpadeantes y va chocando con el mobiliario del comedor con una dispersión descomunal. Blackie está como enloquecido. Ha conseguido llegar casi a la cúspide del techo blanquecino, que ha quedado chamuscado por el despegue de destellos de bengala que van dorando la superficie estucada. Tommy se precipita y ordena a Blackie que salga de ese estado de ensoñación ilusoria. Todo parece una pesadilla que no tiene fecha de caducidad. Blackie, torcido, volcado hacia abajo con una mirada tirana, poderosa, marcando territorio, de sopetón verbaliza unas palabras que sólo Tommy puede recibir en su mente.

–Mi alma procede de una galaxia en la que todas las entidades están poseídas por un aura que no acepta ataques ni peligros –confiesa Blackie.

Tommy no responde. Tampoco se atreve a inquirir a su familia si han sido testigos de esta revelación tan trascendental. Sus padres siguen aterrados, desmoronados, pero no han escuchado los sonidos vocálicos que el animal ha transmitido.

Tommy comienza a entender que él y Blackie están enlazados por una comunicación propiamente telepática. Lo que no sabe es que el niño es un escogido especial, un honorable afortunado que debe constantemente descifrar los mensajes que el gato deja vibrar con una voz impropia a su condición como ser. Blackie prosigue:

–Si salgo a la calle seré mal visto y despreciado por todo el grupo de animales. Yo no tengo magia, pero poseo el don de prevenirme de los asaltos de mis adversarios, los ratones.

Tommy cierra los ojos. Se estremece y procura responder mentalmente para comprobar por casualidad si el gato es capaz de escucharle y recoger debidamente la información enviada.

–Blackie, no sé quién eres, qué quieres ni qué pretendes, ¿me puedes captar? Estoy intentando procesar los datos de tu identidad. ¿Me estás diciendo que las facultades que te definen como un felino no existen, que en realidad no cazas, no agredes ni puedes enfrentarte a los enemigos más comunes, los roedores, que se esconden en pasadizos subterráneos?

El gato no responde. Parece que no puede oírlo por ahora o al menos es lo que Tommy cree. La cola, como un misil en posición de lanzamiento que quiere provocar un devastamiento catastrófico, sigue incandescente y está ardiendo por un fulgor que no se puede ignorar.

Blackie tartamudea y empalidece de golpe. Incluso conservando una luminosidad esplendorosa en el cuerpo, que aviva cada rincón de la cámara que los presentes ocupan, está desgarrado de fuerzas. Un ruido sonoro se concentra en el techo masillado por una pintura de antigüedad reconocida y el gatito nota como su anclaje desfallece, flaquea, mengua a marchas forzadas. Él resiste, pelea con fervor para conservar el agarre de sus patas contra la plataforma superior que encubre el habitáculo. Muestra un terror que transciende cualquier signo de entendimiento racional. No quiere aterrizar y unirse a la familia adoptiva porque sabe que en un escondrijo bajo el subsuelo una plaga de ratones puede aniquilarlo.

¿Cómo es posible que los roles se hayan invertido?...


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