jueves, 14 de mayo de 2026

PASOS FIRMES

 



PASOS FIRMES

Tommy cavila con sensatez mientras se visualiza como si, pendido en una cúpula, pudiese ver todo un escenario bullente de maravillas. Como ángel, era obvio que tuviera una captura de imágenes muy engrandecida y, gracias a una capacidad de despliegue volador, su retina viese pasar, como aviones en el cielo, numerosos valles montañosos, laderas, colinas, estanques, lagos, lagunas, arroyos, cascadas y otros semblantes de origen propiamente ecológico. Y la flor seguramente es el resultado de la incubación de un ser en estado fetal, que va definiendo una forma específica siempre embellecedora, siempre cambiante y sugerente: el capullo ha sido el embrión que, con la magia de Venus, ha creado un artefacto inmaterial; un resultado en que la simpatía, la ternura, un romanticismo y una amorosidad completamente cristalinos son el emblema básico de esta nueva creación floral.

Tommy siente que su cabeza va a estallar por tantas ataduras, tantos enlaces y crucigramas que ha tenido que resolver: un juego de palabras que lo hacen salir de sus casillas. El tiempo, aunque detenido, sigue fluyendo como las corrientes marinas, como la bravura de un agua rebelde que se revuelca en desafío ante una gravedad que no teme.

El tiempo, Tommy sabe que es un atacante obstinado, que no tiene escrúpulos ni entrañas compasivas. En realidad, él y Blackie ya hace siglos que han perdido la noción. No pueden contabilizar los días que tardarán en perder una vida que, en los inicios, parecía regalada. Los roedores no se cansan, con las porciones de carne que ha destrozado centenares de seres herbívoros, de obligar a fuerza de látigo que los dos, aunque en especial Blackie, lleguen a reunir los quilos necesarios para poder ser entregados al chef que los convertirá en entrañas, pizcas de nutrientes que terminarán con la cadena reproductiva de futuras generaciones felinas y humanas. La flor, y, más concretamente, el girasol está reposando después de un desarrollo que ha recubierto la imagen de la cruz intermedia entre la cara de dos ángeles, en apariencia mellizos por los idénticos rasgos. Con la mano, Tommy toca la textura del girasol. Parece un lienzo, pero al tocarlo más a fondo se da cuenta que se pueda arrugar e incluso arrancar de cuajo cada uno de los pétalos. El tacto es resbaladizo, las manos se escurren ante la suavidad de un material incalificable. 

¿Cómo puede ser que, bajo un objeto creado en teoría por la mano de un hombre, haya una presencia floral nacida de la Tierra Madre? Tommy, no obstante, sabe que nada de lo que ocurre en la celda tiene una comprensión clara ni procede de un proceso manufacturado. La industria no interviene bajo ningún concepto ni fundamento. Esta línea de evento encadenados está promovida por entidades místicas que tienen la potestad en la faz de la Tierra. La flor sigue halagándose con su caprichosa belleza. La creación no se concibe como algo que haya tenido que someterse ante un arduo proceso. Tommy, mientras palpa con cuidado todas las partes del girasol, ve en el centro, donde se encuentra la corona, que hay un pergamino. El papelito está muy bien enrollado, con un cordel que lo apretuja, como si de un rollito de primavera chino se tratase. El niño, al principio, teme cogerlo. ¿Y si fuera una nota que no va dirigida a él ni a Blackie? 

Después recuerda que, en el viaje por el firmamento, una golondrina mensajera acarrea con la correspondencia para que los ciudadanos puedan saldar deudas, cartearse o intercambiar información con quién les apetezca. Otra vez se produce una presunta coincidencia que Tommy sabe con seguridad que no es precisa. Quizás ahora él es el destinatario que deberá leer el contenido de un remitente que se mantiene en el anonimato. Quizás ahora ha llegado el momento de desenredar tanta escoria, que se ha acumulado por unos magnates roedores, que desean intoxicar a las víctimas para encarrilarlas hacia una inconsciencia definitiva por un paro cardíaco, provocado por un abrasamiento maligno e indigno, imposible de describir. 

La mano le tiembla; él es como el ángel caído de la estrella de Belén que debe trascender ecuadores, fronteras y travesías para llegar a conectar con el verdadero propósito de unos carroñeros procedentes de un infierno que parece interminable. Un ángel que ha renunciado a desnudar su alma para que, con el emplumado de unas alas, pueda llegar a servir, contentar y satisfacer deseos ajenos. Un ángel que debe apalancarse en un suelo firme para sufragar a otros seres que, según los deshonrados ratones, han sido cruelmente malheridos para luego proceder a un asesinato brutal. Ahora Tommy ya no puede aferrarse a los sueños...

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