viernes, 15 de mayo de 2026

CRUCES SANGRANTES

 



CRUCES SANGRANTES


Tommy y Blackie ven, en una distancia más accesible, un platillo que dispara bengalas chispeantes y, con un fulgor trepidante, tiene intención de encaminarse hacia el felino. Es el apocalipsis de una nueva era en la que el símbolo de la guerra (Ares) y el símbolo de la muerte (Tánatos) vienen con la intención de disputarse un duelo, con armas propias de la época de juglares y trovadores en una edad medieval. Los caballeros andantes procuraban, con un éxodo practicado de manera constante, llevar un arcón lleno de arcos, lanzas y flechas. Cupido y su arco flechado es el vivo ejemplo de una mitología romana en que el erotismo y el deseo carnal a través de conductas pasionales, integradas por la voluptuosidad y la lascivia, eran precedentes predominantes.

Eros, en cambio, durante la mitología griega, era el padre maestro de un amor que podía consumarse de manera expresiva y dejar exteriorizar un torrente de promiscuidad. Básicamente, el poder de la atracción provocaba en las féminas, practicantes de un puritanismo solemne, las ganas de romper con la gloria de una virginidad que se concebía como algo incólume, venerado, exaltado por la sociedad de masas en un entorno ya incluido por prejuicios y tabúes.

Sin embargo, durante siglos posteriores, la vívida simbología de estos Dioses se ha ido degenerando y ha pervertido la concepción del amor, convirtiéndolo en un acto de intercambio de placeres superficiales, que sacian un apetito puramente fisiológico. Las infidelidades, las deslealtades y la traición han creado la necesidad de utilizar, a través de una época contemporánea, el abalanzamiento, el ataque, la agresión más salvaje, utilizando el cuerpo como escudo o arma de trascendencia letal.

En realidad, Tánatos y Ares vienen con este propósito. Están convencidos que Nueva Maryland debe ser ocupada por seres que proclamen una amnistía abierta, en la que la raza y condición tengan una escala máxima de autoridad. No obstante, el enfrentamiento creado tendrá que dejar un rastro, una cicatriz, una imprenta que marcará una trayectoria histórica imperecedera e inolvidable.

Blackie se ha recreado en pensar en el proceso mecanizado que guerra y muerte tienen en común. Él tiene que estar al acecho, muy vigilante porque bien seguro querrán arrebatarle los poderes de Venus que, ya antes de ser gestado, le había otorgado y encomendado para un fin benefactor.

Tánatos, durante su existencia temporal, era una figura endemoniada pero no ejercía la violencia. Actualmente, en cambio, gracias a una plaga de roedores displicentes, enojados y consumidos por una conexión injusta frente al mundo que ocupan, han querido extrapolar esa cualidad a Tánatos, a partir de la aprobación incondicional de Urano.

Ahora ya no hay marcha atrás. Un estandarte rectangular que contiene un distintivo de cráneo cadavérico, con dos huesos que simbolizan la cruz de una muerte inevitable, se acerca muy velozmente. La nave que Tánatos y Ares utilizan hace que sobresalga el gran emblema universal, en el que un fallecimiento exhortativo cumplirá su labor después de un encaramiento bélico con armamento no balístico.

Blackie ve que la llegada es cada vez más precipitada. Siente su corazón oprimido por una inquietud que no mitiga, aunque cabe reconocer que el coraje va siendo su compañero fiel, el cual queda cada vez más acrecentado. Parece mentira como se invierten los papeles que caracterizan los principales protagonistas. Tommy, en cambio, no sabe hacia dónde mirar. Zoe está en la cama, pachucha, con un semblante de queja por una enfermedad que no erradicará hasta que los dos poderosos y monstruosos Dioses se enfrenten en un abalanzamiento insensible y desmedido. La llave de oro ha quedado pegada en las yemas de las patas de Blackie. Él, en posición vertical, totalmente derecho y recto, se encuentra preparado para una pelea que no va a ser sencilla de presenciar...

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