UN DUELO CON LA MUERTE
¿Por qué Venus, una
diosa que puede contratacar cualquier nefasto desencadenante con un poder excelente
ahora queda totalmente al margen de una desembocadura macabra, plagada de un
vigoroso afán por sobrevivir y, a la vez, derrotar al prójimo?
Tommy, por mucho que
intenta recapacitar con una mente racional y concienciada de los sucesos que en
los últimos meses ha vivido en primer plano, no tiene la puntería para acertar
con esta incógnita. Venus intenta evitar que la muerte y la guerra estén unidas
por una causa que no concierne la salvación de una niña infectada y, sin
embargo, permite la invasión de un condado corrompido por roedores
indiferentes, frívolos, llenos de totalitarismo y despotismo; roedores que
imponen una colección de normas que serán legisladas sin una validación o
consentimiento por parte de una comunidad territorial y un conjunto de Estados.
El niño, durante
décimas de segundo, viendo a Blackie en posición de moderador ante una rebelión
fervorosa entre dos Dioses que se avecinan como relámpagos, después de un
golpeado entre nubes cargadas de vapor, no entiende la principal intención de
la Diosa del Amor, de la Vecindad, la Hermandad y el Bien Común. Todos los
esquemas que había valorado e integrado, después de una clase magistral de
Venus dentro de una catedral figurada por una aventura onírica, ahora tienden a
no tener sentido. Parecen futilidades, absurdidades, torpezas que han sido
producto de un sueño delirante. En cambio, otra parte de él presiente que no es
en balde todo lo que ha experimentado. Las dudas lo acechan y esperan
pacientemente poder ordenar a Blackie que no se deje vencer por una malicia
entre Dioses, que no defienden la supremacía por la igualdad y la unidad
mundial entre seres pertenecientes a familias heterogéneas. Por fortuna, su
alma, muy compungida y apremiada por una ilusión, que proyecta volver a sus
raíces y recuperar el dominio de una existencia demográfica en Nueva Maryland,
apunta a señalar un desenlace virtuoso y completamente vencedor. En algún
instante, Venus alzará su voz para implantar cordura, lucidez y una dosis de
equilibrio regulados. ¿Cuándo llegará, por eso? El Alcaide no puede proclamarse
un buen aliado del escenario olímpico con Dioses que quieren retar una
gobernanza llena de radicalismo, en la que no haya especies vivas que puedan
concebir a través de una fecundación sexual o asexual.
La ventana del piso
del Rey Midas parece desangrarse por un aspecto rojizo y de gran candencia. De
repente, la nave ovalada se detiene en la ingravidez a diez metros de la casa.
El vidrio temblequea, afloja su rigidez y su compresión hasta ver cómo las
partículas se van despedazando. Toda la carcasa se está deformando por la
presión de un vehículo, en la que los pasajeros que lo ocupan utilizan la
cinestesia. El techo se abre bruscamente y de él surgen dos Dioses con un
aspecto decidido a entrar en la habitación. Se acercan como ventiladores
flotantes, con un rodaje que los hace móviles y avanzantes en el caminar. No
tienen cuerpo vertebrado, en cambio, su silueta deja reflejar proporciones en
las que el tronco y extremidades parecen de naturaleza palpable y táctil. La
cabeza, llena de chichones, deformaturas, en la que es complicada asociarla a
un cerebro convencionalmente constituido, está localizada por un cuello
larguirucho y muy estremecido que destaca por una faz agria, ceñuda, malcarada.
En los brazos aparentes llevan dos espadas. Tommy había imaginado que
utilizarían arcos con flechas y lanzas. Es más peligroso de lo que pensaba.
Como dos mosqueteros y generosos espadachines se ofrecen por voluntad a lograr
que Zoe y Nueva Maryland mueran con la victoria asegurada de Tánatos...
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