jueves, 14 de mayo de 2026

EL BALANCEO DEL PÉNDULO

 



EL BALANCEO DEL PÉNDULO


En sueños recuerda ser un cosmonauta; un miembro de la NASA que accedía con una nave espacial a viajar por el espacio astronómico. Otras veces volaba como un pájaro y cruzaba puentes, acueductos, lagos, mares, océanos, continentes enteros hasta pisar los dos polos: el Glacial Ártico y la Antártida. Y en estos puntos, recordaba que el silencio aliado con un viento silbante y la paz, que reinaba el vacío de un desierto rebozado de hielo, eran sus mejores compañías. Allí, comprendía el preludio de especies que, aclimatadas y en estado de hibernación, albergaban vida sin detenimiento, sin retroceder ni regresar a su antiguo estado no encarnado. El tránsito que Tommy recorría era intrincado, con una mochila cargada de pesantes piedras. En los sueños nunca llegaba a un destino industrializado, capitalizado por el ser humano. Siempre se remitía a mimetizarse con un medio rudimentario, simplificado, en que los animalitos y las fuentes de energía vitalicias como el sol, agua, viento y tempestades eran el soporte más apreciado. Para salir del atolladero tan tormentoso, su subconsciente dimitía ante una comprometedora carga de responsabilidades y deberes. Su vida cotidiana tenía que suplantarse por unos ideales que Nueva Maryland le ofrecía en su despertar, pero no en su total apogeo. Su inconsciencia era parecida a un joyero en que se guardan valores de más o menos gradación según el metal fabricado. Tenía un espacio de oro, en el que cualquier ordinariez era transfigurada por un alquimista. Tommy estaba convencido que el vuelo que dejaba despegar, sin permiso de nada ni nadie, quedaba imprimido en un archivo que ni él era capaz de encontrar. Posiblemente un documento encarpetado, repleto de fechas, lugares, personalidades conocidas o desconocidas y eventos inmediatos quedarían grabados en el espejo cerebral. Y dentro de éste, la memoria sería el bote salvavidas que pescaría el contenido sujetado por un simulado anzuelo. Tommy está helado, con una sonrisa menguada por la sorpresa de tener que descifrar con supuestos, claves, indicios y especulaciones la relación entre el caudaloso mundo soñador con un objeto surgido de un origen inconcreto, vago, nebuloso por las sombras de un futuro ya evaporado. El pentagrama sigue ostentando su iridiscente cubierta dorada; una capa pintada posiblemente en acrílico parece concederle un aire aristocrático. El niño piensa sin cesar en la hipótesis de que solamente una diva, con cualidades muy avanzadas, podría haber sugestionado a Blackie para que, a través de un gato casi raquítico por la blandura de un cuerpo sedoso, pudiera enviar por telequinesia un objeto dignificado en las manos de Tommy. El muchachillo no puede razonar con una lucidez conducida por alguna teoría de índole clínica o científica. Está embelesado por esta pertenencia, que ve como una pócima para poder salir de un lugar apestado por una escuadra de roedores tan bien jerarquizados en funciones, que quieren extinguir el planeta de manera irrevocable.

Él se esfuerza por asociar el pentagrama con las onomatopeyas de los animales que poblaban Maryland. Éstos siempre se acercaban a Tommy como arlequines que bailaban con el proceso de un tiempo totalmente detenido, aparcado de una forma indefinida por un disfrutar constante. La música, en algún nivel, no vibraba a través de un instrumento con teclados, cuerdas, percusión o soplidos, pero acaparaba a todo un poblado de hilaridad unánime. Parecía que la vastedad de especies había heredado de manera congénita la virtud de ver la fraternidad, la hermandad y la igualdad como pequeños grandes estribillos de una canción entonada sin truncamientos.  Tommy se da cuenta de que los enraizados recuerdos y todos los partícipes que lo circunvalaban, cuando se prestaban a saludarlo con expansión y desenfado, tienen un vínculo con las líneas rectas de la parte fundamental de una partitura: un pentagrama, un trozo de párrafo, un fragmento. Tommy está acechado por una lluvia torrencial de ideas masificadas ¿Cómo compara un pentagrama con una pequeña imagen de una libreta usada para elaborar un manuscrito? Pero, bien pensado, la correlación, disociada en apariencia, gesta algún fruto, alguna evidencia, un resultado completamente inquebrantable...

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