EL BALANCEO DEL PÉNDULO
En sueños
recuerda ser un cosmonauta; un miembro de la NASA que accedía con una nave
espacial a viajar por el espacio astronómico. Otras veces volaba como un pájaro
y cruzaba puentes, acueductos, lagos, mares, océanos, continentes enteros hasta
pisar los dos polos: el Glacial Ártico y la Antártida. Y en estos puntos,
recordaba que el silencio aliado con un viento silbante y la paz, que reinaba
el vacío de un desierto rebozado de hielo, eran sus mejores compañías. Allí,
comprendía el preludio de especies que, aclimatadas y en estado de hibernación,
albergaban vida sin detenimiento, sin retroceder ni regresar a su antiguo
estado no encarnado. El tránsito que Tommy recorría era intrincado, con una
mochila cargada de pesantes piedras. En los sueños nunca llegaba a un destino
industrializado, capitalizado por el ser humano. Siempre se remitía a
mimetizarse con un medio rudimentario, simplificado, en que los animalitos y
las fuentes de energía vitalicias como el sol, agua, viento y tempestades eran
el soporte más apreciado. Para salir del atolladero tan tormentoso, su
subconsciente dimitía ante una comprometedora carga de responsabilidades y
deberes. Su vida cotidiana tenía que suplantarse por unos ideales que Nueva
Maryland le ofrecía en su despertar, pero no en su total apogeo. Su
inconsciencia era parecida a un joyero en que se guardan valores de más o menos
gradación según el metal fabricado. Tenía un espacio de oro, en el que
cualquier ordinariez era transfigurada por un alquimista. Tommy estaba
convencido que el vuelo que dejaba despegar, sin permiso de nada ni nadie,
quedaba imprimido en un archivo que ni él era capaz de encontrar. Posiblemente
un documento encarpetado, repleto de fechas, lugares, personalidades conocidas
o desconocidas y eventos inmediatos quedarían grabados en el espejo cerebral. Y
dentro de éste, la memoria sería el bote salvavidas que pescaría el contenido
sujetado por un simulado anzuelo. Tommy está helado, con una sonrisa menguada
por la sorpresa de tener que descifrar con supuestos, claves, indicios y
especulaciones la relación entre el caudaloso mundo soñador con un objeto
surgido de un origen inconcreto, vago, nebuloso por las sombras de un futuro ya
evaporado. El pentagrama sigue ostentando su iridiscente cubierta dorada; una
capa pintada posiblemente en acrílico parece concederle un aire aristocrático.
El niño piensa sin cesar en la hipótesis de que solamente una diva, con
cualidades muy avanzadas, podría haber sugestionado a Blackie para que, a
través de un gato casi raquítico por la blandura de un cuerpo sedoso, pudiera
enviar por telequinesia un objeto dignificado en las manos de Tommy. El
muchachillo no puede razonar con una lucidez conducida por alguna teoría de
índole clínica o científica. Está embelesado por esta pertenencia, que ve como
una pócima para poder salir de un lugar apestado por una escuadra de roedores
tan bien jerarquizados en funciones, que quieren extinguir el planeta de manera
irrevocable.
Él se
esfuerza por asociar el pentagrama con las onomatopeyas de los animales que
poblaban Maryland. Éstos siempre se acercaban a Tommy como arlequines que
bailaban con el proceso de un tiempo totalmente detenido, aparcado de una forma
indefinida por un disfrutar constante. La música, en algún nivel, no vibraba a
través de un instrumento con teclados, cuerdas, percusión o soplidos, pero
acaparaba a todo un poblado de hilaridad unánime. Parecía que la vastedad de
especies había heredado de manera congénita la virtud de ver la fraternidad, la
hermandad y la igualdad como pequeños grandes estribillos de una canción
entonada sin truncamientos. Tommy se da
cuenta de que los enraizados recuerdos y todos los partícipes que lo
circunvalaban, cuando se prestaban a saludarlo con expansión y desenfado,
tienen un vínculo con las líneas rectas de la parte fundamental de una
partitura: un pentagrama, un trozo de párrafo, un fragmento. Tommy está
acechado por una lluvia torrencial de ideas masificadas ¿Cómo compara un
pentagrama con una pequeña imagen de una libreta usada para elaborar un
manuscrito? Pero, bien pensado, la correlación, disociada en apariencia, gesta
algún fruto, alguna evidencia, un resultado completamente inquebrantable...
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