jueves, 14 de mayo de 2026

EL ECO DEL DESIERTO

 



EL ECO DEL DESIERTO


Tommy exprime con mucha concentración el mantra que promulga para generar en Blackie la incorporación a la realidad consciente y poder, así, recuperar el estado original de Nueva Maryland.

Ante el asombro de Tommy, mientras está agachado delante de su compatriota, un remolino en forma de espiral se va formando en el epicentro del que había sido el jardín de la casa.  Pequeños tirabuzones se entrecruzan y forman una geometría llena de curvaturas escalonadas que crecen progresivamente hacia el vasto firmamento. Tommy, rápidamente discurre que las palabras que ha pronunciado de manera insonora han creado en Blackie un nuevo horizonte de esperanza. El niño vuelve a acercarse a la ventana. Efectivamente, una tempestad luminosa ha revolucionado el paraíso perdido: Una población arrasada y fulminada, como localidad reconocida geográficamente, ahora se encuentra resurgida por haces de luz trenzados y oblicuos, que señalan un horizonte imperceptible por un lugar sombrío, estéril, en el que las probabilidades ante el nacimiento de nuevas identidades parecen no contemplables. La escala espiral se mantiene sin apaciguar su fogosidad luminiscente, como decidida a enviar una señal frente a los dos únicos residentes en Nueva Maryland. El aspecto que presenta es inocuo, armónico, nada repudiable. Tommy va moviendo los ojos hacia la presunta figura misteriosa y también hacia Blackie. En un segundo inesperado, cuando el niño sigue intentando el despertar del gatito, el color de la piel adopta un tono platino, casi abrillantado por un efecto de purpurina. Unos nimios copitos reflectantes, totalmente incoloros, reaniman a Blackie y lo ayudan a regresar hacia su consciencia.

De entrada, no da crédito a lo que ve. Se pregunta por qué la tierra está desértica, aislada de seres con vida. Pero lo más chocante es que la superficie plana donde han anclado los pies haya quedado desmenuzada y llena de grietas y rajas, las cuales han provocado un desencaje irreparable. Blackie, todavía afectado por un sueño muy hondo, como anestesiada pregunta a Tommy qué ha ocurrido. El niño le asegura que han quedado solos, al menos en el pueblecito. Todo está destruido; vegetación, animales, astros y humanos. Blackie piensa con detenimiento y llega a una conclusión:

 –Tommy, estas líneas curvas, caracolas que confluyen hacia un punto infinito lúgubre son una revelación clara de que estoy bajo el mandato de un arquetipo roedor tirano y déspota. Con su valentía y agallas podrá engullir todo mi cuerpo en un santiamén. Su propósito, en el fondo, es desechar a todos los felinos que no tenemos posesión de un temperamento osado y, así, esparcir su especie, acrecentarla, retroalimentarla e imponer su voluntad mediante una fortaleza física nada arrebatadora.

–Blackie, querido –contrarresta Tommy –no puedo concebir al cien por cien lo que dices. Tú tienes un bagaje enigmático, complejo e indefinido, pero en nuestra familia hemos visto que hay rasgos de un ser prodigio. Te elevas a una altitud incalculable dejando de valerte de la fuerza de la gravedad, tu cola se enciende como si el fuego estuviera prendiendo con descaro, predices el futuro y anticipas la llegada de un verdugo roedor que te predestina a morir asesinado. ¿Es poco para ti? Yo, personalmente, considero que debería entrenarte.

 –Pero ¿cómo? –pregunta Blackie –Tenemos que huir de esta casa. De momento no se ha derrocado porque mi presencia ancla los cimientos.

Blackie intenta recostarse de nuevo pero una fuerza eólica, casi huracanada lo levanta con furor, golpeándose contra el suelo. Él prueba de ponerse de pie y sostenerse con el supuesto soporte de las patas. Con poca traza, las patitas parecen debilitarse ante la presión que el gato intenta ejercer para equilibrarse.  Tommy nota el tembleque y se acerca para que, con sus manos masajeándolas, puedan recobrar vida. Varias frotaciones con las palmas de arriba a abajo hace que Blackie se siente más aliviado. El dolor articular no se apodera tanto de él, dejándolo sosegado. Blackie sabe que el hechizo no ha hecho más que empezar...




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