EL PELDAÑO DE LA JERARQUÍA
Tommy interroga a su Majestad con un tono rival. Está harto de que estas presas, de difícil alcance en su estado natural, ahora puedan invertir los roles con una conducta de venganza contra la sociedad:
–Me sabe
mal que os hagáis sentido como unos conejillos de indias durante tanto tiempo.
Comprendo vuestro resentimiento, pero…
–Noo –vocifera el rey –no tenéis ni idea.
Vosotros, los habitantes que siempre quedáis resaltados por una vida digna y
merecedora nunca habéis podido sentir el dolor de ser descuartizados ni
violados por un comportamiento inhumano, que transgrede les leyes más
primitivas y dignas de ser conservadas. Es denigrante vivir con la sensación
que te hace temer cualquier intención de secuestro para, después, proceder a un
crimen realizado sin pudor ni escrúpulos. ¿Cómo mirar con ojos compasivos a los
humanos? ¡Imposible! No existe ningún método que nos lleve a compadecernos de
su crueldad tan fervorosa. Durante años hemos intentado, con nuestra
inferioridad anatómica, ser ejemplares que corretean a través de conductos,
cavidades, hoyos y rincones casi invisibles ante el ojo humano y no reclamar la
libertad e integridad que nos requería. Nuestro envoltorio físico, tan
enclenque y escuálido, no nos ha ayudado a poder crear una confrontación con los
causantes de la cruenta muerte que siempre nos ha deparado. Hemos tenido la
desgracia de reflejar una imagen similar a la de seres infestados, que padecen
una afección pandémica que rompe la concepción de inmortalidad que vosotros,
los humanos, pretendéis siempre exaltar.
Y señalando
la entrada de la vivienda de Tommy y Blackie, que han quedado extasiados de pavor,
les advierte:
–Pero
dejarnos decir una cosa: no somos excrementos ni reliquias de la naturaleza.
Los humanos tenéis una deuda que saldar con nosotros. La cirugía plástica y
estética ha realizado avances gracias a las pruebas y exámenes testados a partir
de nuestras células, tejidos, órganos y sistemas.
Tommy,
mientras el Rey continúa ejerciendo como portavoz, intenta hacerlo disuadir
frente a un intento de ejecución y proclama casi implorándole:
–Por favor,
no nos sentenciéis a un acabose irreversible. Es cierto que siempre habéis sido
considerados como seres inmundos, repelentes y menospreciados por un colectivo
de humanos, liberados de cualquier sentimiento de autoinculpación. Entiendo
vuestro enojo, normal que sintáis odio, pero yo y mi amigo Blackie no estamos
involucrados en dicha operación criminal.
–¡Venga ya!
–exclama el rey con ímpetu –desde que existís habéis peregrinado hacia todos
los lugares del mundo, en algunos con la intención de asentaros y en otros con
el afán de continuar practicando el nomadismo. En cualquier caso, os habéis
adueñado del reino animal y habéis ensalzado un valor que no se encuentra
igualado respecto al resto de especies. Nosotros, los roedores, hemos cedido
nuestro cuerpo para que los médicos pudiesen explorar y escudriñar cualquier
síntoma vírico maligno para encontrar soluciones farmacológicas y alargar la
humanidad a costa de malherirnos y destinarnos a una muerte imprudente. ¿Y aún
no consideráis que es una conducta negligente? ¿Se puede saber quién diablos os
creéis? Podéis edificar, construir, inventar, diseñar, planear, idear,
controlar, coordinar y organizar a vuestro antojo. De antaño, lo estáis
haciendo sin minimizar la sensación de estoicismo. Pero dejarme decir algo: los
ratones estamos totalmente fastidiados, cansados de ser sólo un cúmulo de heces
en descomposición que se desechan en el vertedero borrando de la memoria humana
cualquier vestigio de existencia; hartos de soportar cómo las nuevas
generaciones de chavales nos acusan de ser una familia oportunista, que todo lo
que toca lo deteriora, lo pudre y lo acaba convirtiendo en pura escoria.
–Lo sé, lo sé –interrumpe Tommy –pero os pido
en honor a vuestro poder otorgado por Saturno, un planeta que irradia la
fusión, el acoplamiento y la síntesis de hermandad, provocados por la
conjunción de otros astros miembros de la era planetaria, que nos absolváis
frente a vuestra conducta penalizadora. Matar no creemos que determine que el
mundo, con su código legislativo, pueda progresar y evolucionar hasta fomentar
un estado igualitario y unificador. Al contrario, si nos derrotáis y os quedáis
con el comando del mundo habrá muchos ámbitos que se suprimirán radicalmente: infraestructuras,
telecomunicaciones, fabricación textil y alimentaria, construcciones inmobiliarias,
sectores financieros, cibernética y, como consecuencia, desaparecerán las
transacciones comerciales. ¿Qué opináis sobre esto? Quizás los humanos puedan
ser austeros, tajantes y carentes de condescendencia y comprensión, pero son
necesarios para hacerse con el mantenimiento inacabable de un ciclo benefactor
y productivo.
–Estupideces
–protesta el Rey –los insectos y los agentes naturales como el agua, el viento
y el fuego pueden transportar la fuente de polinización a la zona ovular de las
flores para que germinen, sin necesidad de que ningún ser humano manipule el
proceso.
Entonces es Blackie quién se arma de valor
para encararse con el poderoso monarca:
–Es cierto
en parte, pero la agricultura debe llevarse a cabo por la mano del hombre para
que los frutos y semillas fértiles puedan crecer, desarrollarse y madurar y, así,
facilitar su carácter comestible. Los humanos, en este caso, deben hacer
intervención para dejar que el metabolismo de cada ser reciba la proporción
nutricional debidamente cuantificada para seguir con vida de manera equitativa.
–¡Para nada! Esto son necedades. Los animales
conocemos el valor de la autosuficiencia y el valeroso empuje para no dejarnos
vencer frente a un asalto por parte de devoradores afamados. Los ratones ya no
estamos dispuestos a estar sumidos bajo un estado de humillación por el uso
injusto que los hospitales y clínicas acuerdan con el consorcio sanitario, para
que la gente deje de contraer enfermedades cancerígenas. Nos negamos a los
malos tratos, a las vejaciones y al acceso a nuestro cuerpo para que vosotros
sigáis protegiendo el proceso vital.
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