jueves, 14 de mayo de 2026

LA FUERZA DE LA TIRANÍA



 LA FUERZA DE LA TIRANIA


No tiene refuerzos, instrumentos ni artefactos que puedan hacer saltar por los aires a dichos bichos perversos y psicópatas. El felino tiene la creencia acérrima que todo animal sólo debería provocar un crimen en masa cuando el hambre lo acecha o cuando, por una cuestión de competición, conquista o cortejo hacia una hembra, necesita el apareamiento inmediato que haga replicar la especie. Le es imposible meterse en la piel de unos sanguinarios y salvajes especímenes que actúan siguiendo unos preceptos en los que la criminalización, sin motivo respaldado, se encuentra en una fase de prominencia. Los roedores, una familia existente que se alimenta de semillas, cereales, carroña y materia muerta en pasillos aislados de la civilización, escoge los nutrientes requeridos para ingerirlos en el acto como fierecillas insaciables.

El Rey, con una mirada determinante y decidida, empieza el pequeño sermón:

 –¡Buenos días! Soy el monarca enviado por Saturno que controla los bosques que colonizan especies como vosotros, los felinos. Quiero pronunciarme para dejar claro mi deber como conductor de estas tierras silvestres –y señalando a Tommy prosigue –tú, muchacho, serás mi rehén. Estarás entre rejas hasta que confieses el porqué de defender con tu adopción una especie que debería estar masacrada. Tenemos pequeños cuartos en nuestra despensa subterránea, varias habitaciones están reservadas para que los presos cumplan condena. Detestamos los animales que no se abalanzan ni repercuten con actos penalizados a los felinos: gacelas, jirafas, bueyes, ciervos, cebras y caballos se encuentran ocupando una parcela, en la que su cuerpo quedará sometido a una tortura física como símbolo de purga.

Tommy recupera el habla con poca destreza y desenrolla las palabras, que parece le quedan trabadas en la garganta:

 –Pero ¿y vuestro honor? ¿y vuestros principios éticos? ¿Cómo inculpar animales que son herbívoros, que se desentienden de la presencia de felinos porque simplemente no forman parte de su medio alimentario para sobrevivir? ¿No creéis Majestad que deberían ser exculpados de toda carga incriminatoria?

–Estás haciendo demasiadas preguntas, pequeño miserable bastardo. No creo que estés en condiciones de demostrar tu solidaridad latente con estos ejemplares que has nombrado ni con los humanos. Yo legislo el condado a mi voluntad y ningún ministro ni concejal podrán revocar las órdenes que impongo –y con sarcasmo sigue con el relato– principalmente porque han quedado convertidos en fósiles. No tienen vigencia ni derecho a permanecer en la aldea. Esta etnia que ha proclamado su dominio soberbio y exhaustivo frente a todas las especies no racionales no debe continuar dirigiendo el mundo. Nosotros, los ratones, seres humildes, siempre a merced de todos los experimentos que los insensibles científicos llevan a cabo en laboratorios, ¿no te parece damnificante que seamos utilizados como utensilios probatorios para que la especie humana quede impune y cubierta de soluciones contra enfermedades terminales? ¿Qué me dices? Hemos soportado durante décadas esta interminable barbarie.  Los felinos nos despedazan, los humanos nos inyectan substancias nocivas en la sangre y, ¿todavía debemos ser indulgentes frente a un universo que nos maltrata?

Tommy, muy paliducho, siente como su cuerpo se deshincha por el vaticinio que su mente está construyendo. Sabe que el futuro inmediato no va a ser un camino lleno de rosas. Habrá espinares, muchas lagunas que lo harán descarrilar frente a un idílico trayecto. Blackie morirá. ¡Dios mío! Él no debería. Tiene benevolencia y un espíritu caritativo. Nunca utilizaría municiones ni sus órganos para provocar un homicidio voluntario. Tommy lo sabe a ciencia cierta. Ha podido comprobar en su domicilio familiar las bellas artes que acompañan al adorable felino, escogido con una maestría y un acierto incuestionables. No tiene ninguna pizca de violencia en el alma. Su cobardía es tan mayúscula como los poderes que, de una fuente galáctica a quilómetros del sol, han permitido consagrar su esencia más sólida.

El niño está meditando en voz baja. Visualiza una coartada para que el Rey Roedor pueda despojar su antojo más deshonrado de atentar contra una vida que no presenta signos de malevolencia. Intenta concentrarse en Blackie y le pide que se atreva a revelar con agallas sus poderes omnipresentes y sus armas inofensivas para cobijarse de los atacantes más desentrañados. Quizás, de ese modo, el monarca decida batirse en retirada y dimitir por sus propios medios, para que el chiquillo y su mascota eviten vivir dentro de un callejón sin salida.

Tommy sostiene a Blackie que ha quedado espasmódico. Parece que su respiración se ha evaporado por la impresión tan insoportable que está testificando. Le da pellizcos con disimulo en las patitas para que reaccione y muestre su conmiseración frente a sus rivales. Su actitud, en cambio, es incomprensible. El terror se acrecienta, va alzando su efecto en el pelotón de colonizadores que han saqueado un poblado solamente porque han conseguido un convenio con el planeta para adquirir grosor en sus proporciones: una magnitud corporal desmedida que deja prevalecer la fuerza necesaria para revolucionarse contra sus sublimes oponentes...

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