LA FUERZA DE LA TIRANIA
No tiene
refuerzos, instrumentos ni artefactos que puedan hacer saltar por los aires a
dichos bichos perversos y psicópatas. El felino tiene la creencia acérrima que
todo animal sólo debería provocar un crimen en masa cuando el hambre lo acecha o
cuando, por una cuestión de competición, conquista o cortejo hacia una hembra,
necesita el apareamiento inmediato que haga replicar la especie. Le es
imposible meterse en la piel de unos sanguinarios y salvajes especímenes que
actúan siguiendo unos preceptos en los que la criminalización, sin motivo
respaldado, se encuentra en una fase de prominencia. Los roedores, una familia
existente que se alimenta de semillas, cereales, carroña y materia muerta en
pasillos aislados de la civilización, escoge los nutrientes requeridos para
ingerirlos en el acto como fierecillas insaciables.
El Rey, con
una mirada determinante y decidida, empieza el pequeño sermón:
–¡Buenos días! Soy el monarca enviado por
Saturno que controla los bosques que colonizan especies como vosotros, los
felinos. Quiero pronunciarme para dejar claro mi deber como conductor de estas
tierras silvestres –y señalando a Tommy prosigue –tú, muchacho, serás mi rehén.
Estarás entre rejas hasta que confieses el porqué de defender con tu adopción
una especie que debería estar masacrada. Tenemos pequeños cuartos en nuestra
despensa subterránea, varias habitaciones están reservadas para que los presos
cumplan condena. Detestamos los animales que no se abalanzan ni repercuten con
actos penalizados a los felinos: gacelas, jirafas, bueyes, ciervos, cebras y
caballos se encuentran ocupando una parcela, en la que su cuerpo quedará
sometido a una tortura física como símbolo de purga.
Tommy
recupera el habla con poca destreza y desenrolla las palabras, que parece le
quedan trabadas en la garganta:
–Pero ¿y vuestro honor? ¿y vuestros principios
éticos? ¿Cómo inculpar animales que son herbívoros, que se desentienden de la
presencia de felinos porque simplemente no forman parte de su medio alimentario
para sobrevivir? ¿No creéis Majestad que deberían ser exculpados de toda carga
incriminatoria?
–Estás
haciendo demasiadas preguntas, pequeño miserable bastardo. No creo que estés en
condiciones de demostrar tu solidaridad latente con estos ejemplares que has
nombrado ni con los humanos. Yo legislo el condado a mi voluntad y ningún
ministro ni concejal podrán revocar las órdenes que impongo –y con sarcasmo
sigue con el relato– principalmente porque han quedado convertidos en fósiles.
No tienen vigencia ni derecho a permanecer en la aldea. Esta etnia que ha
proclamado su dominio soberbio y exhaustivo frente a todas las especies no
racionales no debe continuar dirigiendo el mundo. Nosotros, los ratones, seres
humildes, siempre a merced de todos los experimentos que los insensibles
científicos llevan a cabo en laboratorios, ¿no te parece damnificante que
seamos utilizados como utensilios probatorios para que la especie humana quede
impune y cubierta de soluciones contra enfermedades terminales? ¿Qué me dices?
Hemos soportado durante décadas esta interminable barbarie. Los felinos nos despedazan, los humanos nos
inyectan substancias nocivas en la sangre y, ¿todavía debemos ser indulgentes
frente a un universo que nos maltrata?
Tommy, muy
paliducho, siente como su cuerpo se deshincha por el vaticinio que su mente
está construyendo. Sabe que el futuro inmediato no va a ser un camino lleno de
rosas. Habrá espinares, muchas lagunas que lo harán descarrilar frente a un
idílico trayecto. Blackie morirá. ¡Dios mío! Él no debería. Tiene benevolencia
y un espíritu caritativo. Nunca utilizaría municiones ni sus órganos para
provocar un homicidio voluntario. Tommy lo sabe a ciencia cierta. Ha podido
comprobar en su domicilio familiar las bellas artes que acompañan al adorable
felino, escogido con una maestría y un acierto incuestionables. No tiene
ninguna pizca de violencia en el alma. Su cobardía es tan mayúscula como los
poderes que, de una fuente galáctica a quilómetros del sol, han permitido
consagrar su esencia más sólida.
El niño está
meditando en voz baja. Visualiza una coartada para que el Rey Roedor pueda
despojar su antojo más deshonrado de atentar contra una vida que no presenta
signos de malevolencia. Intenta concentrarse en Blackie y le pide que se atreva
a revelar con agallas sus poderes omnipresentes y sus armas inofensivas para
cobijarse de los atacantes más desentrañados. Quizás, de ese modo, el monarca
decida batirse en retirada y dimitir por sus propios medios, para que el
chiquillo y su mascota eviten vivir dentro de un callejón sin salida.
Tommy
sostiene a Blackie que ha quedado espasmódico. Parece que su respiración se ha
evaporado por la impresión tan insoportable que está testificando. Le da
pellizcos con disimulo en las patitas para que reaccione y muestre su conmiseración
frente a sus rivales. Su actitud, en cambio, es incomprensible. El terror se
acrecienta, va alzando su efecto en el pelotón de colonizadores que han
saqueado un poblado solamente porque han conseguido un convenio con el planeta
para adquirir grosor en sus proporciones: una magnitud corporal desmedida que
deja prevalecer la fuerza necesaria para revolucionarse contra sus sublimes
oponentes...
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