jueves, 14 de mayo de 2026

INSTINTO REACIO



 INSTINTO REACIO


Tommy avanza jubiloso hacia su casa con un felino que tiene la cabecita empotrada contra el torso en un estado de tormento bastante manifiesto. Cualquiera que pudiera verlo a una distancia prudente reconocería la conducta de escepticismo frente a un escenario nada avezado para el pobre gatito. Tommy, antes de penetrar en el interior del hogar, respira hondo con la intención de que el gato se quede más relajado. Desgraciadamente, el intento parece producirse en vano. El felino está irritable, intranquilo, intenta chillar con una voz indefinida, torpe, con un timbre poco resonante. En cambio, no consigue reivindicar inconscientemente su regreso al punto de partida donde su familia biológica habita. Tommy le acaricia el pelo crispado por un nerviosismo incesante y le susurra que no tenga miedo porque va a ser un modelo de referencia a imitar para el resto de los espectadores, esparcidos por los alrededores de la aldea. Instantáneamente, el padre aparece con unas manos barridas por el grosor de un barro después de moldear uno de los tantos recipientes que crea artesanalmente. Se queda anonadado en el momento de ver a Tommy orgulloso de sí mismo por una acción casi épica, propia de los seres que se atreven a enfrentarse a las contrariedades que la vida les acontece. El gato, en cierto modo, ha resultado raptado. Quizás a Tommy no le correspondía la osadía de tomarse libertades a la ligera sin sospesar las futuras repercusiones. La madre gata seguro que sentirá una nostalgia inconsolable cuando identifique la pérdida de un allegado, vinculado por un lazo de consanguinidad indiscutible. Pero Tommy no siente remordimientos ante la ejecución de este acto. Una vez avanza hacia su dormitorio, se mira frente al espejo que se encuentra colgado encima del tocador con dos cuadros: uno de la unión sacramental de matrimonio de los padres y el otro, inclinado en el rincón opuesto, en el que Tommy es un bebito que se acompaña de un chupete mientras está enfrascado en dulces sueños. Alrededor, muchas estampitas de santidades decoran el tocador además de una lámpara de mimbre, que deja colgar pequeñas piedrecitas cristalinas que repican contra la peana al zarandearla. Éstas parecen salpicaduras de agua por el efecto translúcido que denotan y a la vez completamente incoloro. Tommy nada más y nada menos sostiene el gatito en posición vertical hacia el espejo para que pueda contemplar su envidiable y portentosa silueta. Sin embargo, el animalito da sacudidas al azar de manera accidentada sin atino alguno, como si fuera un caballo desbocado. El impacto tan martirizante que experimenta no puede ser descrito en palabras. No acepta su imagen replicada a través de un objeto reflectante. Rehúye todo contacto con el mundo exterior y su capacidad de observación es muy difusa. Tommy, al día siguiente, mientras desayuna con sus padres, el gatito tiene una canastilla con una almohada de algodón muy blandita y moldeable y una sábana con flecos en el contorno para que pueda reposar sintiendo un tacto glorioso. En aquel momento, está durmiendo. Es más, parece sometido a un estado de sedación. Cuando se despierta intenta revolcarse y hacer piruetas con su cuerpo vulnerable pero prácticamente ocurre con poca frecuencia. Todo él está rendido frente a un cansancio crónico y casi imposible de regenerar...

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