jueves, 14 de mayo de 2026

ROLES INVERTIDOS



 ROLES INVERTIDOS


El gato ya tiene dos patitas que prácticamente se desunen del techo. Gracias, pero al reactor que resalta su cola, queda suspendido en el aire a pesar de haber divergido su cuerpo de la plataforma superior de la vivienda.

–Mi querido gatito, me provoca congoja tener que declarar ante mis padres que puedes hablar como nosotros, los humanos. Me gustaría expresarme con libertad frente a ellos, pero creo que por alguna explicación implícita yo soy el elegido con el que decides aliarte para ejecutar una misión inexplorada.

Blackie, con los ojos como dos órbitas asiente:

 –Necesito que me ayudes a encubrirme de estos bosques. Debo proteger mi escapatoria. Soy un recién nacido sin amparo, sin recursos ni ninguna operación estratégica para no diluirme en la nada y poder sobrevivir ante las inclemencias de un mundo atroz y vil. Estoy acorralado. Sé que tú, Tommy, eres afectuoso y considerado. Me has traído para convertirme en un símbolo de envidia no vanidosa y un prototipo de aclamo social.

–Blackie, Blackie, tranquilo –lo corta Tommy –debes relajarte –¿qué es lo que más temes?

 –Que, a pesar de ser en esencia recio, resistente energéticamente, mi carácter es demasiado influenciable y flácido. No puedo adivinar la razón por la cual carezco de audacia antes los grandes atacantes diseminados a lo largo del condado.  Pero una cosa debo asegurarte, ¿Te acuerdas de la plaga de ratones que se encuentran dentro del corredor que conduce hacia la arboleda de robles?

–Por supuesto, los acabas de nombrar –dice Tommy.

Y Blackie sigue con el relato: 

–Pues hay un Rey que ha sido votado por consenso colectivo. Un ratón bigotudo, con un ceño fruncido, un ser repugnante, aversivo, de temperamento avinagrado. Ha sido proclamado oficialmente como el director de la colonia de esta clase de roedores. Tiene un poder insuperable para legislar. Da órdenes y consignas al resto de miembros con austeridad y no tiene escrúpulos, ya que, a la más mínima que se entera de la existencia de felinos acabados de nacer, procura que su comando sea llevado a cabo por el grupo de ratones súbitos.

 –Pero no comprendo –contesta Tommy –¿De dónde recibes esa información? ¿Quién te ha contado esta historia? Un ratón que parece ser el patriarca, ¿cómo reúne su valor para envalentonarse contra vosotros los gatos, sus asiduos rivales? Por lo que yo tengo entendido son escurridizos, resbalan con facilidad dentro de cualquier hoyo para no ser trizados por agresores sin entrañas. ¿Y ahora tú descubres que tienen la habilidad de cazar? ¿Cómo lo explicas?

–Es complicado de contar. Muchos interrogantes para mí. De momento, te suplico que seas tú quién subas por la escalera para desclavarme del todo del techo. Te prometo que no saldrás malherido. No tengo artillería ni poderes cósmicos para dañar ni herir el cuerpo de ningún ser, humano o no. Como fin compensatorio, estoy dispuesto a ser una mascota condescendiente, supeditado ante tus deseos y tentaciones. No me opondré a nada siempre y cuando esté emplazado en tu hogar. No destrozaré nada, no emitiré gestos de sublevación ni utilizaré el cuerpo como arma para producir resultados nocivos: actos vandálicos o agresiones físicas como arañazos, rasguños o heridas más graves. Estarás siempre ileso, ya que soy manso en esencia.

–Mi gran problema –dice Blackie entristecido –es la falta de intrepidez frente a los contratiempos. Por eso, el contacto con el medio ambiente me acogota y hace chirriar mis dientes y encoger mis uñas retráctiles. Con tu corazón benévolo, Tommy, vas a respetar mi voluntad y no serás imprudente ni traidor como lo haría cualquier animal dotado de fortalecimiento.

–Blackie, yo te quiero –contesta Tommy –Después de oírte hablar estoy seguro de que nuestro encuentro es una llamada del destino, siempre imprevisible, sorprendente y nada casual.

 –No te quepa la menor duda –afirma Blackie –tenemos muchas cosas en común. La única diferencia que nos distingue enormemente es que tú eres audaz, pertinaz y decidido a conseguir cualquier propósito, aunque haya barreras que procuren bloquearte el paso en la senda emprendida.

Tommy, sin proponérselo, indaga en su mente como aislar a Blackie de los depredadores carroñeros que se disponen a una devorado integral frente a frágiles ejemplares vivos. Automáticamente, casi impelido por una inercia inexplicable, empieza a elevarse por la escalera vertical en la que su mascota desata su cuerpo del techo y cae plomizo en los brazos lánguidos. Blackie le mira a los ojos con tenacidad:

–Gracias, amigo mío. Hagas lo que hagas a partir de ahora te brindo la confianza para decidir mi futuro a tu conveniencia. Te adjudico el poder para que me encuentres aquel lugar acogedor, plácido y habitable y, así, dejar de sentirme un forajido empedernido.

 –No digas bobadas. Tú no eres cobarde. Simplemente Dios no ha reforzado en ti el don de poder vapulear ni forcejear con seres aparentemente más resistentes.

 –No, Tommy –le corta Blackie – me he equivocado de raza, localidad, familia y personalidad. Sé que, en mi planeta, cuyo nombre no recuerdo porque sólo tengo escasos días, no existe la competitividad, los delitos ni el castigo penitenciario. Lo llevo escrito en las venas de mi sangre. Poseo un dispositivo que me acerca a mis orígenes, un disco radial fusionado en el corazón que provoca que reciba señales de frecuencia radio espaciales, que me han conducido casi por atisbo a mi nueva residencia, antes de convertirme en un ser carnal nada feroz ni malévolo. También tengo un chip en mi cerebro, un detector que plasma fotográficamente un plano general de los rasgos y figuras vivas que orbitan alrededor. Noto las vibraciones con una sensibilidad inimaginable.

 –Guau, es increíble, Blackie. Yo sabía que debía separarte de la madre que se puso de parto para ofrecerte la vida porque eras ingenioso, curioso y especial.

–No hace falta que embellezcas mi imagen con estos comentarios un tanto pomposos –ríe Blackie –puede que tenga una pizca de peculiaridad y desmarcamiento si tenemos en cuenta al resto de mortales, pero ese terror ante un mundo atacante me hace sentir desfallecido e inservible. Como puedes ver, el valor para jactarme de mí mismo no tiene cabida alguna.

Tommy, mientras su compañero felino está produciendo sonidos que sólo el niño puedo reiterar le propone un trato: –¿Por qué no vienes conmigo en lo alto de un aposento en el que he edificado un hogar de tablones de madera recios para ayudarte en tu etapa de desarrollo y crecimiento? La puerta tiene un blindaje que no da lugar al derribo y la cerradura es suficiente hermética para no dar entrada a ningún ser intrusivo. ¿Qué me dices?

 –Me da miedo salir al jardín, aunque me lleves en brazos. Sé que los peligros me acosarán sin miramientos. Estoy expuesto a ser enviado de nuevo a mi planeta si el Rey Roedor Todopoderoso adivina mi paradero. Creo que es mucho más recomendable que me quede en mi canastilla, cerca del leñero.

Un silencio sepulcral invade la porción de espacio en el que los dos residentes dialogaban. Los padres están en el cobertizo, después de ver que Tommy siente que debe acoger al invitado de honor, Blackie. La emisión del sonido que provoca un entendimiento idiomático entre ambos se intercepta por interferencias intermitentes...


No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL CORAJE EN EL NIDO

EL CORAJE EN EL NIDO Entre pájaros nulo vuelo mi plumaje no espanta la polvareda de un pasado, hostil y de sabor ahumado. Cielos obtusos, nu...