domingo, 21 de junio de 2026

LA HUELLA DEL DOLOR




LA HUELLA DEL DOLOR 


Sonidos desordenados aprecio,

bocas temblorosas parlotean,

meses en vilo me rodean,

en mi vida encarcelada me sentencio.


Cuadros de apagada pintura

lucen las blancas paredes,

un trasfondo abocado al vacío

difumina cualquier atisbo de hermosura.


Compañías a mi lado 

día y noche,

como entes alocados

vagan sin fijación 

por un espacio nebuloso,

sin principio ni fin

un horizonte oscurecido

por la posible aparición

de peligrosos altercados.


Mis manos se repliegan en mi regazo,

mi mirada, perdida en la distancia sin rumbo,

mis tímpanos invadidos por un filo musical,

una evasión efímera

pretendo que se alimente

entre miles de lágrimas 

que vagas asoman su regadío,

un torrente sin cauce.


Una puerta se abre,

sombras trascienden el muro

entre el silencio y la noche,

desasosegadas gritan en coro,

toxinas defecan sus bocas

entre palabras de desvarío,

en un extremo e inexorable delirio.


Algún día quizás pueda huir,

del entramado en locura;

puede que me libere

de un enjambre de seres

que con veneno anímico hieren.


Busco a un pobre corazón,

alentado por brincar

cruzando los montes del deseo, 

con la misma libertad 

que una jovial  

y selvática liebre.

 




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