EL EMBRUJO DE LA NOCHE
Colchones llorones
me acompañan en mis plegarias,
sábanas mi cuerpo descubren,
expectante y de amor sediento.
La ventana rayos refleja,
destellos con sigiloso fulgor
merodean en una habitación de clausura;
un canto a la liberación
un reclamo a la alegría
la pared puede que me sonría,
sin un espíritu de cercanía.
Sola me siento,
en mi cama de tumba me repliego,
voces al lado repican en la ingravidez
mientras soy partícipe
de un infame desasosiego.
Rostros impasibles me observan
perversos e ignorantes de mi porvenir,
ambulan en un espacio de asfixia,
mi alma desaparecer del entorno pretende
mas nada ni nadie me auxilia.
Dulce soledad, emponzoñada te vuelves
y en medio de la negrura del dormitorio
como un fervoroso fuego, hierves.
Un vómito invade mi mente;
deseo y repelo el aposento,
un descanso creo me merezco
pero me visualizo digna de un entorno
en el que la inconsciencia
luce un broche de vileza,
como un desentonado y patético adorno.
Quiero reírme pero no puedo,
divago entre rostros desencajados sin pudor,
Oh, soledad, aléjate de mi vera
para poder ser portadora
de alas viajeras
que a buen recaudo me esperen,
para despegar el vuelo
hacia nuevas tierras
libres de herméticas y acérrimas fronteras.
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