VIVIR
ENTRE CADENAS
Orígenes desdichados,
convierten
a una niña
desamparada de
allegados
que la acojan en la cuna,
meciéndola al son
del canturreo de una acariciante nana.
La
habitación,
obscura y tenebrosa,
tiene
las puertas
blindadas al mundo exterior,
provocando
que la niña
se estremezca de terror,
sin
un pequeño orificio de salvación,
que palie los síntomas
de un insoportable pavor.
Despierta
sueña,
los agitados pensamientos la enturbian,
teme
mirar hacia los rincones de socorro;
nadie
atiende su tormento,
más
nadie siente como su aliento,
se
convierte en una podredumbre,
en
un rancio escarmiento,
que
no se detiene
ante un llanto ahogado y desatento.
¡Dios! ¿quién acudirá a su rescate?
el
subconsciente de la criatura se rebela
ante
un encarcelamiento declarado
por un abierto combate,
que acecha ante una cegadora parcela.
¿Qué
hago aquí, quién soy, a qué he venido?,
se pregunta reclamando
pequeñas grietas de libertad,
sola,
desprotegida
como una cría de ave en un nido,
temblorosa,
enroscada, replegada,
no
puede dar crédito
a semejante crueldad.
A
su pesar,
nadie acude a peticiones,
la
compuerta está sellada a la luz solar;
en
la habitación
un retrato de Santa Teresa ora;
emite silenciadas bendiciones,
que
la niña no puede adivinar
frente
a un obstinado pesar,
que
no le permite un recuesto,
un
amanecer resonante
de extremo bienestar.
Un
mes, quizás quince años,
sintiéndose prisionera
de la maldecida mazmorra,
la
habitación la invita a una encerrona,
donde la bella condesa
no quiere asomar los ojos,
para
ver qué ha cambiado,
en
un dormitorio
plagado de sábanas de lona;
almohadas
golpeadas,
que
imploran desatascar
de las puertas los cerrojos.
En
la madurez
piensa como el cuerpo
resiste ante semejante holocausto;
un
infierno coloso en llamas,
en
el que cada tejido y célula
arden sin rechistar.
Unos peligros espeluznantes
asoman sin pronunciar
enmascaradas intenciones,
que
la dama no atina a desvelar;
simplemente
se compunge,
esperando
que algún día,
el
príncipe de sus fantasiosos sueños,
le
propicie un idílico despertar.
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