PINTURA
SURREALISTA
Pinceladas de acuarelas, acrílicos,
tonos pastel y pinturas al óleo dejan estampar en pequeños marcos uniformes
aquellas vivencias que han arrastrado consigo generaciones. Épocas de duelo, de
repliegue y de recogimiento. También aquellos años en los que todo era
bullicioso, jovial, incluso revolucionario y polémico se recoge en simples obras
de arte que trascienden la razón más calculadora, para dar paso a ingeniosos
trazos de coloridos dispares que van tramando formas caprichosas. En un azar
abstraído por la variedad variopinta de recursos creativos, se plasman recuerdos
arduos, memorias fragantes, aromas perfumados, observaciones e impresiones que
han calado nuestro fuero más interno.
Quién de nosotros es capaz de
delinear imágenes que nos remonten a nuestra infantilizada existencia por un
planeta que en aquel entonces rebosaba inocencia e ignorancia. Cuántas personas
se prestan a dejar emerger paisajes con fondos solemnes, otros más abrillantados
por tonos cálidos y candentes a la par.
Tenemos la habilidad en nuestros
genes para poder expresar abiertamente como los cuadros de Picasso o de Dalí,
qué nos inquieta, qué nos hace sentir embebidos de placer, que nos produce
jactancia y admiración; cuáles son nuestros valores, aquellas definiciones que
no hacen más que desvelar y realzar nuestra identidad dual. Una identidad que
recobra poder en un estrado figurativo cuando dibujamos con sombras, espacios
ambiguos de rostros que se solapan, cuerpos inertes, desnudos, vivaces, que
acaparan una brizna de sonrisa, un pedazo de regocijo en nuestras venas, una
brecha de alegría que ya no puede fundirse en la nada más recóndita.
En una galería de arte, nos
quedamos anonadados cuando muchas fotografías ilustran nuestras vidas. Nos identificamos
fácilmente con aquellos segmentos, aquellas líneas cortantes, despuntadas,
perfiladas con una continuidad y un acierto inmejorables.
Tenemos en nuestras manos la
potestad de escrutar con ojos apegados a una curiosidad tan vinculada a un misticismo
objetivo que casi nos olvidamos de quiénes somos; qué rige nuestra vida; cuáles son las pequeñeces que nos disciernen del resto de los mortales. Los juicios de
valor sobre unas pinturas que se han diseñado con humildad, desde el corazón
más dilatado, que late a una profundidad temible y a la vez impresionista, nos
devuelve la gratitud de poder reconocer nuestro marco identitario.
La creatividad de unos
pintores que han regido la historia contemporánea con la magia de saber
deslumbrar a críticos desprendidos de la radicalidad basada en juicios disyuntivos,
en comentarios que rozan una opinión extremista, que no admite condicionantes,
es una evidencia que no deberíamos descuidar.
La capacidad de cegarnos por
la posesión de estos trabajos que no saben transmitir el mismo efecto ante los
ojos de observadores cautivados por el misterio de un surrealismo que deja
ventanales a merced de una corriente, libre de pensamientos tóxicos, no ha hecho
más que germinar.
Estos retratos exudan la
placidez y aquel aspecto armónico que nos devuelve el camino a nuestro linaje,
a aquellos orígenes remotos que nos ligan a una cadena genealógica de ancestros, que han evolucionado de forma gradual hacia la bien conocida sociedad
civilizada.
Los museos se prestan a abrir
colecciones de pinturas que pueden competir entre artistas que disputan la
habilidad de afianzar su veracidad y una visión a la vez ficcionaria y poder permitir
que los visitantes establezcan un veredicto sin precedentes, sin pistas ni ningún
acertijo de ayuda.
Y en ese viaje interminable por
una forma de reconocer el arte sin reservas ni complejos, tenemos el manejo de
refugiarnos en nuestro dolor, de dejar expirar el júbilo más soterrado o de
permitir extrapolar ambas sensaciones hacia un limbo que nos anclará sin mayor
resistencia en un mundo renacentista, regenerado, depurado de emociones rebeldes,
que se revuelcan por un pasaje ambivalente, para conducirnos a imaginar otros
escenarios contrastantes y realzados por una belleza alegórica, idealista, pero
a la vez repleta de dogmas y mensajes ortodoxos aunque paradójicamente interpretables.
No hay comentarios:
Publicar un comentario