jueves, 2 de abril de 2020

LA TÓMBOLA DE LUCES







LA TÓMBOLA DE LUCES 

Mujer tenaz, persistente, algo caótica en las emociones, pero firme en cumplir propósitos. Amante del hogar, pero también de las fuentes paradisíacas, de aquellos apoteósicos lugares que se esperan pacientes a que pueda recorrer.

Aborrezco los rencores, el salmón cocido, las contiendas, también el desorden extremista. Me considero fiel a mis amigos; apasionada de la lectura, la pintura, las artes dramáticas y la literatura. En invierno me arropo casi hasta la cabeza, el frío me reactiva las células, la primavera florece mi afán por contemplar los cromatismos de unos pétalos ya extendidos.

No soy religiosa más tengo mucha fe. Creo que todos tenemos un Dios en nuestro interior. Solamente debemos que dejar que salga y podamos convertirnos en una María Teresa de Calcuta misericordiosa y caritativa.

Los animales y la flora cautivan mis sentidos y enternecen el alma de alegría. Son una muestra de la magia de un mundo mediocre, lacrado de guerras, batallas sangrantes, enfrentamientos y desavenencias que solo conllevan un desgaste que derrocha la oportunidad para vivir en hermandad.

Lloro en silencio; a veces ruego a las santidades que el caos mundial recupere la cordura; me gusta hablar en voz alta, aunque a veces me retraigo para conectar con la esencia de mi ser.

Dicen que tengo una intuición sobresalida. No lo sé, nunca lo he percibido. A veces, más bien a menudo acuden a mí para que les propague algún consejo, alguna sugerencia o directriz para enderezar vidas ajenas. La visionaria del siglo veintiuno me han llamado en alguna ocasión, ya que sin preverlo he acertado en las predicciones.
Gran observadora, me gusta la escucha, me relaja el sonido del viento, el mecer de las olas del mar, el silbido de las aves en la madrugada. Me encanta el chocolate. Soy una golosa empedernida, pero no soporto los ególatras ni los metomentodos.

Intento, en el silencio más recogido, pensar que algún día una tómbola de luces se activará en mi interior y podré hacer gala en una feria en la que ya no tendré que recrearme en el dolor agrio y cronificado por tantas noches en vela y días vividos sinsabor.

Y la consciencia alumbrará, como una linterna, el pasadizo que debo recorrer en mis años venideros, como esa chispa de fulgor que hará que la oscuridad más tétrica se rinda ante una defunción tantas veces rogada en un pasado espeluznante y solitario.




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