DESPECHO
Fragilidad y aislamiento en nuestro interior,
queremos localizar un sepulcro sagrado,
para enterrar pecaminosos actos,
inculcados sin poder eludirlos.
Estamos solos, desnudos, desterrados
por una sociedad atroz y despiadada.
Hartos de viajar hacia lugares apoteósicos,
no alcanzamos a conseguir un remanso de paz.
Malhechores: gente que vagabundea por el mundo
pisoteando y desacreditando la buena fe,
nos persiguen para degradar la inmaculada integridad.
Ya no hay defensores
que ejecuten actos para potenciar esa merecida felicidad;
la inmundicia social se pronuncia
para potenciar la deslealtad.
No existe armamento ni fuegos posibles
que puedan desintegrar del mundo,
la crudeza y semejante fealdad.
Disponemos de la privada potestad
de incorporarnos de nuestro lecho,
de secarnos las lágrimas,
derramadas con tanto pavor,
y de caminar hacia nuevos senderos
en los que haya una barrera equidistante
entre el pasado de horror y el presente,
abnegado y a menudo simpatizante.
.
Los caprichos del destino, muchas veces aparecidos
de manera inesperada y transformadora.
La paciencia: escudo, poseedor de una sabiduría
inherente en una naturaleza, siempre cíclica y mutante.
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