Lagos abiertos que dejan mella en el alma humana.
Un vacío sientes
y los sentidos se entumecen
por un tímido y latente despertar.
Evitas ese hueco emocional:
lo repudias, lo arrojas de tu ser, peleas,
entras en un pleito que resulta inapelable.
La nada: ese concepto que parece no florecer con razón.
Un discreto dolor, un sentimiento reconocido pero menospreciado.
Un pozo inundado por un mar de lágrimas,
deseosas de poder encontrar consuelo.
Pasadizos subterráneos atraviesas con ímpetu,
sin pensar con una salida por ahora desapercibida.
Una existencia de la realidad difusa;
y presientes que se acerca el final de la partida
frente a la calidez de la vida.
Ya no hay más allá ni más aquí.
Los momentos se recrean lúgubres e insípidos.
Ignoras como endulzarlos y darles un ritmo danzarino,
que vibre al compás de tu presencia.
En cambio, ahí están y te emocionas.
En cambio, ahí te acogen, y te emocionas.
En cambio, ahí te reconocen y te emocionas.
Cumplidos esos anhelos de libertad, antes herméticamente anclados.
Y, al fin, sonríes con un suspiro, llorando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario