LA CÁRCEL
Los errores: signos que requieren rectificación
y un proceso de aprendizaje evolutivo.
Nos elevan como seres vivos
hacia sendas más decentes.
Individuos se hunden en una profunda confusión y desconcierto.
Deliquen sin cesar
por vagos y ordinarios mundos,
sin represalias ni medidas cautelares,
que los encaucen
hacia un camino de autorreflexión conductual.
Las leyes, todas violables, revocables, perdonables,
no contienen cláusulas para convencer a los prisioneros
de no recaer en los mismos ciclos de perdición.
Las autoridades, desposeídas de la enseñanza
del concepto de la ética y de la moralidad.
También, los clanes familiares, los estamentos gubernamentales,
las entidades jurídicas y nuestro entorno social.
Estamos solos ante el peligro
y nos arriesgamos a cometer
actuaciones incautas
que no son evaluadas con un juicioso valor:
se trata del núcleo principal de nuestra enterrada consciencia:
ignorancia, vaguedad, incertidumbre, dudas
y el destierro personal y colectivo
nos empuja hacia comportamientos
detestables y malévolos.
Y el dolor se retuerce por sentirnos extraviados
en un mundo sin sentido.
La clave: Una falta de liberación que expanda nuestro ser,
atrapado en una red tejida de desamor imbuido.
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