MÁS ALLÁ DE LA MENTE
Desnudos al mundo venimos,
dice el proverbio,
llevamos el pan bajo el brazo;
llantos exasperantes
abruman la inocencia de un plumazo.
Gritos en la distancia,
voces de alerta desde la ignorancia;
verborrea sin sentido con sublime resonancia.
Bebés perdidos en la inconstancia,
se despiertan babeando,
alimentados de vocablos con predominancia.
Alertados por los mentores,
a ciegas adoptamos
la madurez y sus errores;
aprendemos a experimentar temores,
muecas de asombro
hacia un inminente desesperar.
Y esperamos un jubiloso despertar,
que aguarde a nuestras voces,
para entonar melodías afinadas
como grandes intérpretes cantores.
¿Dónde reside el secreto de la piedra filosofal
que esconde el pergamino
que, desenrollado,
un broche dorado luce triunfal?
¿Dónde nos aguarda la sabia naturaleza,
esa que define nuestra figura
más allá del caparazón carnal,
y de esta espumosa y densa vileza?
¿Quién sabe dónde habitan aquellos
que celebran con festejos y ademanes,
unidos con un mismo legado:
Ser libres del pensamiento y del pecado?
Los portales hacia el arcoíris
no presiento estén tan lejos de alcanzar;
Solo se requiere empezar a caminar,
para desembrollar impolutos
la riqueza de adorarnos,
sin más pretextos ni excusas.
Haces de luz blanca
son el catalizador
que despiertan
a nuestras almas del sueño;
en estado de letanía
hacia la pura lucidez,
todavía reticentes.
Más allá de nuestra mirada dormida,
la consciencia trazará el sendero
y una puerta emergente se abrirá,
hasta que, por fin, bebamos
del cáliz de nuestro yo verdadero.
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