AUTOPISTA HACIA EL CIELO
Sendas se desperezan,
aguardan azotadas por arduos andares;
sendas se retuercen,
hacia infranqueables muros
alzados, posados, soberbios, maduros.
Sendas van hacia un cielo,
sin traquetear, sin ajetrearse;
se aproximan hasta juntarse,
desfilando como bailarinas
con vestido de terciopelo,
por esos segmentos oblicuos, rectos,
serpenteados y ondulados,
que respetan el trayecto.
Un viaje sin precedentes,
que va mutando su aspecto,
a medida que cruza
con ojos conscientes,
elevados acueductos.
Indivisibles fortalezas.
desembocan en heterogéneos reductos,
vislumbran cielos rasos;
corazones sin marcapasos,
sobrepasan líneas fronterizas
demarcando un zénit
que no se descompone a trizas.
Un zénit íntegro, orgulloso de su poderío,
mostrando con libre albedrío,
la complacencia de recibir seres
que han perdido su caserío,
sinn ser arrasados por corrientes virulentas
que los desvíen de nuevas sendas,
hacia un mundo nocivo.
Tramos que nos dirigen
hacia nuestro linaje nativo,
sin rebeliones, contiendas,
ni caras descontentas,
con ojos lúcidos
que brillen por nuevos caminos,
con la luz de alba,
y el sol de madrugada,
por un cielo resplandeciente,
sin grumos de espuma.
Solamente la textura
del tinte de acuarela azulado,
que luce sonrosado
por los caminos del reposo,
que confluyen, por fin, unidos,
hacia un aposento recóndito,
estelar y hermoso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario