DETRÁS DEL MURO
Un valle de grisáceas tinieblas
extiende un manto
tupido de ciegos ojos;
césped marchito
que duerme todavía
acarreando consigo
un montón de despojos.
El sol posa
sobre el brazo del horizonte;
pájaros en circunflejos
danzan en la distancia,
una mirada hacia el cielo,
abstraída, me enfermará
con una rendición
que siento ya jamás partirá.
Años en cruz clavada
en un tabique macizo;
perforados orificios
que parece perfilen alrededor,
más mis fuerzas flaquean
y no ahuyentan el hedor,
que tan fuertemente
merma mi corazón
ahuecado y quebradizo.
Armas de doble filo
pleitean en mi interior;
la voluntad y el miedo
convergen aliados;
un dilema disputado
rige mi mente divagada;
más siento que la hora llegó,
para traspasar la frontera de la duda
que siglos y siglos imploró,
el reflejo de mi valía,
mi inherente sabiduría,
aquella tímida osadía
que evadirse nunca pretendió,
simplemente ausentada vivía,
con un amparo
que prematuramente se marchó
hacia tierras amargas,
hacia llanuras de la civilización alejadas,
en las que un llanto primitivo me embargó.
Un caminar remolón proyecto en sombra
de apariencia indeleble;
el temblor se apacigua
por un recobrado e intrínseco valor,
a querer transcender el escondrijo
mantenido en vida y sin ella.
Y poder timbrar una huella
para dejar un rastro por el mundo pisado,
sin corazas que ya no mellen
las ansias por descubrir
sin tela de juicio,
mi realce interno:
ESA FLAMANTE Y CARISMÁTICA DONCELLA
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