DIARIO AMARGO
El rocío de madrugada,
va calando mi osamenta,
mi cuerpo se retroalimenta;
una sensación interna,
se va tornando
por segundos helada.
Viajo por líneas y párrafos;
escritos se estampan en tinta;
un librito accesible rebobina en el tiempo
en un rodete en cinta,
recodos consagrados
en los que vivo fuera de mí,
fuera del biorritmo del aquí,
en un paisaje de ensueño,
donde un arlequín en las laderas
travieso y picaresco,
me inocula de gratas
profecías con frenesí.
Mis ojos absorven
las palabras plasmadas en papel;
mis labios una leve curvatura perfilan;
mis manos se agarran fuertemente
al anhelado pentagrama de vida,
ahora solemne y empobrecida
de estímulos sensoriales,
que impiden dejar filtrar
raudales de copos de felicidad
en pura y blanquecina estampida.
Años en la sombra amarga
vagabundeo sin aposento;
motes de aliento
dejo caer en partitura,
como un hilo musical
que vibra con una exquisita finura,
notas léxicas,
que expresan con una sabia estructura
las carencias de un seno
desentendido y ajeno.
Mientras escribo
rayos de sol me alumbran;
quizás vuelvan a desplegarse
las alas del aviario
y planear por el mundo,
y cerrar páginas de capítulos redactados,
con la estilografía de las plumas.
Elevarme como la nieve de espuma;
volar hacia planos biográficos
en los que el amor y la ternura
sean los compatriotas asiduos,
reflejados para siempre en mi diario
sin una protectora y acérrima armadura.
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