EL DESPERTAR DEL ALBA
Malogrados mundos
mis talones pisan agrietados;
de antaño se repliegan sin pudor;
me crucifican
bajo la copa de un sonriente castaño.
Los árboles me saludan
y me acarician el torso;
épocas que mantienen
mi vientre estéril
sin gestar nuevos incentivos,
probar nutrientes,
sabrosos frutos,
atrás parece han quedado rezagadas.
Una irrisoria llama enciende mi pecho;
ignorante persisto en mis presagios;
quizás una anticipada intuición
quiera implantar renuncia
frente a un emocional apagón,
convivido en mí,
día tras día,
sin conmoverse
ante una calamitosa desazón.
Mi camino voy forjando,
el firmamento con orgullo se jacta,
de ser el galardón de un escenario,
en que yo poso en un estrado,
sin saber si me encontraré finalista,
bajo el certamen de una vida,
siempre antes competidora
entre un presente mediocre
y un futuro fatalista.
El sol alardea mi avance
hacia nuevos poblados;
bellos reflejos de intangibles rayos de calor
hasta sonrojar rebosan.
Con iridiscencia y descaro
a saborear me invitan,
el despliegue de un manjar tentador,
un inductor partícipe,
de un paraje que,
sin pretensiones ni arrogancias,
embelesado
me mece y mece sin desfallecer
con la templada y suave brisa,
hasta hechizar mis sentidos,
con la misma compostura
de la delicada pluma
de una majestuosa ave.
No hay comentarios:
Publicar un comentario