jueves, 29 de enero de 2026

EL RETORNO DE UN AMANECER

 



EL RETORNO DE UN AMANECER

Espirales rotatorias que van tramando círculos grises en un espacio ingrávido vuelven a tener una algidez incuestionable. Haces de luz y tinieblas ensombrecidas por marcapasos que van marcando un ritmo vitalicio de lentitud parsimoniosa, holgazana y remolona parece que no tienen retroceso.

¿Cuántos años, meses o quizás segundos tardará el protagonista en encontrar el ocaso del sol naciente más irradiante en un horizonte que atisba destellos resplandecientes de fulgor ya casi insospechados? ¿Cuánto tiempo transcurrirá para poder recurrir al acabose de un enfermizo delirio que no deja dirigir a nuestro héroe corajoso hacia la buenaventura y la salvación más placenteras?

Nuestro actor, en una novela tragiépica, que se debate entre la animadversión y la plenitud del goce más inherente; entre una oscuridad arremetedora y un alba que, a pesar de ser menguante, pretende resucitar con ahínco para vencer el miedo a una muerte virulenta, despiadada e incompasible, tiene una misión que consumar.

La fatalidad no ha hecho más que empezar. En el seno de una familia humilde, de ritos reiterados y avezada a realizar tareas artesanales para poder sobrevivir sin apuros, decide reemplazar el hastío cotidiano por unas vacaciones de ensueño. Nueva Maryland es ese paraje majestuoso que brinda vistas montañosas espectaculares, una frondosa vegetación que no admite desperdicio y un colorido estremecedor de esencias herbales y florales, que quedarán precintadas en las pupilas de aquel espectador que se precie a tal contemplación.

No obstante, la suerte no siempre es una aliada en nuestro fuero más interno. Aquellos deseos febriles, delirantes, tan sumamente voraces pueden quedar truncados en milésimas de instantes. Todo puede transmutarse en un acabose que acaba rindiendo factura a víctimas que no pretendían poner en peligro sus vidas más inocentes.

Un accidente fortuito acaba desmoronando los planes iniciales para converger hacia un destino impoluto, translúcido, fulgurante y prometedor. La familia Johnson junto a su hijo primogénito y una mascota felina tenían todo sumamente programado para establecer una fecha de partida hacia la aldea canadiense. Desgraciadamente, ese altercado ocasiona que las vidas de los viajeros queden gravemente atentadas y la mascota muera en el acto en el instante que el vehículo vuelca desplomado en el despeñadero más escarpado, bajo unas cumbres borrascosas y especialmente empinadas. La lluvia, pertinaz, testaruda e irrompible no atiende a razones. Los cristales del vehículo se empañan de vaho; la visibilidad marca un trazo muy estrechado que no permite vislumbrar los peligros más evidentes. Nada tiene aquella hermosura que la familia había soñado en visitar. La muerte les pisa los talones y el felino ya no tiene posibilidad de salvación.

El muchachillo entra en un coma profundo; un estado agravante en el que se bate entre la defunción más irreversible y un atisbo de vida que parece quiera amanecer sin barreras dicotómicas. La realidad que él percibe tiene un doble filo: puede conectar con su aliado felino desde un umbral mortuorio a la vez que es capaz de deshumanizarse y fusionarse con los miedos que experimenta el animal en un plano extracorpóreo.

El gato, en la vida física, era valiente, sagaz, se envalentonaba contra sus rivales fetiches: los ratones. No padecía ninguna carencia de intrepidez y utilizaba sus uñas afiladas y su boca sedienta y predispuesta a devorar cualquier espécimen roedor de proporciones irrisorias. Tan previsor, tan cauto, tan extremadamente intuitivo, perfeccionista, pulido y con un sentido peliagudo de la observación, durante el decurso de los capítulos, casi se convierte en trizas para sus mayores contrincantes que daban vida a su supervivencia alimentaria.

En esa vida de ultratumba, desgraciadamente, el animal se encuentra desposeído de coraje, de osadía y de iniciativa para poder empoderarse y acabar con la masacre, que acontece al otro lado de la frontera y experimenta   su padrino y compañero adoptivo llamado Tommy.

Durante la trama argumental los roles de poder se invierten y Tommy está expuesto a varias encrucijadas y recorridos serpenteados e intrincados para salvar su vida que pende de un hilo. Para ello, se somete a múltiples viajes oníricos, en los que, sin preverlo, organizará una emboscada con su principal fuente de maestría: Venus. Una diosa que pertenece al Olimpo podrá ofrecerle, con papel de oro, un elixir que permitirá al jovenzuelo salir de la prisión que los verdugos roedores fundan para acabar con la existencia de los seres vivos del planeta Tierra.

En ese estado ilusorio y llena de hipnotismo, Tommy se da cuenta de que su mascota posee cualidades propiamente humanas: puede hablar, leerle los pensamientos, utilizar el cuerpo como un medio de transporte para intentar salir de la mazmorra en la que el niño se encuentra prisionero y acabar con la patológica situación en la que Tommy está sumido. Un trance entre la vida y la muerte que parece no va a concebir un final renaciente puede que tenga algún acertijo que pretenda concluir con la pusilánime situación de un protagonista elementalmente desesperanzado.

El viaje emprendido, sin embargo, no será sencillo. Mascota y muchacho, después de varias peripecias que deben afrontar sin recelo, tendrán que saldar una deuda con el Dios de la Guerra (Ares) y el Dios de la muerte (Tánatos) a fin de restablecer todo un planeta que ha quedado arrasado por un cataclismo universal que provoca un caos a nivel mundial.

Una fábula novelística que nos invita a reflexionar sobre el gran dilema polémico entre vida y muerte. ¿Son entidades desanexadas o tienen algún enlace que pueda unirlas? La autora, a través, de una historia de ficción, pretende que los lectores puedan sumergirse en el sueño obnubilado del protagonista para que se detengan frente al magnetismo energético que a todos nos atrapa. ¿Es posible que más allá de una muerte rastreada, roída e incluso mordida haya atisbos de consciencia que permitan devolvernos la vida que nos ha sido corruptamente atracada? ¿Podría ser que la muerte no represente más que un simple simulacro, una utopía disfrazada de veracidad; una falacia enmascarada que incluya una vida imposible de desintegrarse?

Esta historia de ficción, a través de un plano aventurero y épico, permite que podamos ensanchar nuestras creencias limítrofes, expandir nuestros corazones y permitirnos dilatar la concepción más restrictiva sobre un fenómeno globalizado, que a todos nos atañe sin excepción alguna.  

Una novela que se balancea entre la tragedia y la comedia, la motivación y la desilusión, el desengaño y la confianza, la riqueza y la pobreza, pero, sobre todo la pérdida y la recuperación, unidas por una actitud filosofal imponente y justiciera, que se acabará implantando después de un casi desfallecimiento y derrota letales.

 

 

 

 

 

 

 

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