EL RETORNO DE UN AMANECER
Espirales rotatorias que van
tramando círculos grises en un espacio ingrávido vuelven a tener una algidez
incuestionable. Haces de luz y tinieblas ensombrecidas por marcapasos que van
marcando un ritmo vitalicio de lentitud parsimoniosa, holgazana y remolona
parece que no tienen retroceso.
¿Cuántos años, meses o quizás
segundos tardará el protagonista en encontrar el ocaso del sol naciente más
irradiante en un horizonte que atisba destellos resplandecientes de fulgor ya
casi insospechados? ¿Cuánto tiempo transcurrirá para poder recurrir al acabose
de un enfermizo delirio que no deja dirigir a nuestro héroe corajoso hacia la
buenaventura y la salvación más placenteras?
Nuestro actor, en una novela
tragiépica, que se debate entre la animadversión y la plenitud del goce más
inherente; entre una oscuridad arremetedora y un alba que, a pesar de ser
menguante, pretende resucitar con ahínco para vencer el miedo a una muerte
virulenta, despiadada e incompasible, tiene una misión que consumar.
La fatalidad no ha hecho más que
empezar. En el seno de una familia humilde, de ritos reiterados y avezada a
realizar tareas artesanales para poder sobrevivir sin apuros, decide reemplazar
el hastío cotidiano por unas vacaciones de ensueño. Nueva Maryland es ese
paraje majestuoso que brinda vistas montañosas espectaculares, una frondosa
vegetación que no admite desperdicio y un colorido estremecedor de esencias
herbales y florales, que quedarán precintadas en las pupilas de aquel
espectador que se precie a tal contemplación.
No obstante, la suerte no siempre
es una aliada en nuestro fuero más interno. Aquellos deseos febriles,
delirantes, tan sumamente voraces pueden quedar truncados en milésimas de instantes.
Todo puede transmutarse en un acabose que acaba rindiendo factura a víctimas
que no pretendían poner en peligro sus vidas más inocentes.
Un accidente fortuito acaba
desmoronando los planes iniciales para converger hacia un destino impoluto,
translúcido, fulgurante y prometedor. La familia Johnson junto a su hijo
primogénito y una mascota felina tenían todo sumamente programado para
establecer una fecha de partida hacia la aldea canadiense. Desgraciadamente,
ese altercado ocasiona que las vidas de los viajeros queden gravemente
atentadas y la mascota muera en el acto en el instante que el vehículo vuelca
desplomado en el despeñadero más escarpado, bajo unas cumbres borrascosas y
especialmente empinadas. La lluvia, pertinaz, testaruda e irrompible no atiende
a razones. Los cristales del vehículo se empañan de vaho; la visibilidad marca
un trazo muy estrechado que no permite vislumbrar los peligros más evidentes.
Nada tiene aquella hermosura que la familia había soñado en visitar. La muerte
les pisa los talones y el felino ya no tiene posibilidad de salvación.
El muchachillo entra en un coma
profundo; un estado agravante en el que se bate entre la defunción más
irreversible y un atisbo de vida que parece quiera amanecer sin barreras
dicotómicas. La realidad que él percibe tiene un doble filo: puede conectar con
su aliado felino desde un umbral mortuorio a la vez que es capaz de
deshumanizarse y fusionarse con los miedos que experimenta el animal en un
plano extracorpóreo.
El gato, en la vida física, era
valiente, sagaz, se envalentonaba contra sus rivales fetiches: los ratones. No
padecía ninguna carencia de intrepidez y utilizaba sus uñas afiladas y su boca
sedienta y predispuesta a devorar cualquier espécimen roedor de proporciones
irrisorias. Tan previsor, tan cauto, tan extremadamente intuitivo,
perfeccionista, pulido y con un sentido peliagudo de la observación, durante el
decurso de los capítulos, casi se convierte en trizas para sus mayores
contrincantes que daban vida a su supervivencia alimentaria.
En esa vida de ultratumba,
desgraciadamente, el animal se encuentra desposeído de coraje, de osadía y de
iniciativa para poder empoderarse y acabar con la masacre, que acontece al otro
lado de la frontera y experimenta su
padrino y compañero adoptivo llamado Tommy.
Durante la trama argumental los
roles de poder se invierten y Tommy está expuesto a varias encrucijadas y
recorridos serpenteados e intrincados para salvar su vida que pende de un hilo.
Para ello, se somete a múltiples viajes oníricos, en los que, sin preverlo,
organizará una emboscada con su principal fuente de maestría: Venus. Una diosa
que pertenece al Olimpo podrá ofrecerle, con papel de oro, un elixir que
permitirá al jovenzuelo salir de la prisión que los verdugos roedores fundan
para acabar con la existencia de los seres vivos del planeta Tierra.
En ese estado ilusorio y llena de
hipnotismo, Tommy se da cuenta de que su mascota posee cualidades propiamente
humanas: puede hablar, leerle los pensamientos, utilizar el cuerpo como un
medio de transporte para intentar salir de la mazmorra en la que el niño se
encuentra prisionero y acabar con la patológica situación en la que Tommy está
sumido. Un trance entre la vida y la muerte que parece no va a concebir un
final renaciente puede que tenga algún acertijo que pretenda concluir con la
pusilánime situación de un protagonista elementalmente desesperanzado.
El viaje emprendido, sin embargo,
no será sencillo. Mascota y muchacho, después de varias peripecias que deben
afrontar sin recelo, tendrán que saldar una deuda con el Dios de la Guerra
(Ares) y el Dios de la muerte (Tánatos) a fin de restablecer todo un planeta
que ha quedado arrasado por un cataclismo universal que provoca un caos a nivel
mundial.
Una fábula novelística que nos
invita a reflexionar sobre el gran dilema polémico entre vida y muerte. ¿Son
entidades desanexadas o tienen algún enlace que pueda unirlas? La autora, a
través, de una historia de ficción, pretende que los lectores puedan sumergirse
en el sueño obnubilado del protagonista para que se detengan frente al magnetismo
energético que a todos nos atrapa. ¿Es posible que más allá de una muerte rastreada,
roída e incluso mordida haya atisbos de consciencia que permitan devolvernos la
vida que nos ha sido corruptamente atracada? ¿Podría ser que la muerte no
represente más que un simple simulacro, una utopía disfrazada de veracidad; una
falacia enmascarada que incluya una vida imposible de desintegrarse?
Esta historia de ficción, a
través de un plano aventurero y épico, permite que podamos ensanchar nuestras
creencias limítrofes, expandir nuestros corazones y permitirnos dilatar la
concepción más restrictiva sobre un fenómeno globalizado, que a todos nos atañe
sin excepción alguna.
Una novela que se balancea entre
la tragedia y la comedia, la motivación y la desilusión, el desengaño y la
confianza, la riqueza y la pobreza, pero, sobre todo la pérdida y la
recuperación, unidas por una actitud filosofal imponente y justiciera, que se
acabará implantando después de un casi desfallecimiento y derrota letales.
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