martes, 27 de enero de 2026

PERSONALIDAD AMBIGUA

 




PERSONALIDAD AMBIGUA

A veces vivo sin vivir en mí. Tiendo a la introspección, aunque, paradójicamente, soy abierta y espontanea. De naturaleza gregaria, me considero amiga de mis amigos. De pequeña era reservada, más bien taciturna y daba la imagen de ser un pedestal de hielo, sin sentimientos. De espíritu viajero y aventurero, me gustaría ser Willy Fog y recorrer el mundo en ochenta días. ¿Secretos? Muchísimos, igual que deseos, pero la mayoría sin cumplir. Detesto las burlas y los insultos. Pacífica y armoniosa. La soledad me deprime, un estado que a veces reclamo. Sociable y comunicativa, incluso confiada e inocente. El espíritu de la niña que soñaba con ser princesa y hada madrina brota a la superficie. Creativa e imaginativa. Me gusta fantasear, crear una realidad placentera en un mundo de revanchas, conflictos, escenas atroces. Aborrezco las espinacas, no sé por qué, pero me causan intolerancia. Amante del chocolate, me comería cuatro tabletas de un tirón. Una devoradora e insaciable de la repostería. Una especie de pecado venial que practico de vez en cuando. Me gusta romper las reglas. Soy partidaria de la improvisación y hacer cosas que se desmarquen de la monotonía. Curiosa e intrigada con lo desconocido. Leer y estudiar son mi pasión. También cantar, dibujar y escribir poesía. De pequeña me decían si tenía poderes. Tengo una intuición muy aguda. Sin planteármelo, puedo percibir cosas y mucha gente recurre para que la ayude. Empática y simpática. No soporto que me digan lo que es correcto e incorrecto. Me gusta aprender de mis errores y también reconocerlos. Soy de talante humilde. Apoyo la igualdad social y la unión entre colectivos. Me pone enferma la demagogia que utilizan los políticos; también el sermón de los curas. Cada cual tiene su ideología, ni mejor ni peor. No creo en Dios, pero tengo fe. Creo que todos somos dioses si nos lo proponemos. Sólo hace falta que estemos dispuestos a hacer el bien. Cuando tenía ocho años, me gustaba ponerme los zapatos de mi madre, para parecer más alta. Un complejo: mis manos pequeñas. A veces me siento inferior al mundo y me incomoda. Un sueño imposible: poder volar como las aves. Gran defensora de la fauna y la flora. No soy capaz ni de matar a un insecto. Abro la ventana para liberarlos del cautiverio. Sin embargo, me siento prisionera de mí misma; Quizás haya sombras que ocultan quién soy o luces difusas que desvelan quién puedo ser. No lo sé.  Una especie de mazmorra invisible me acorrala e impide que me refleje en el espejo con claridad. “Mañana será otro día” pienso en voz baja. Una mirada de esperanza proyecto en un mundo caótico, donde todo me parece que se derrumba y perece.

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