EL SOL EN UNA CARRETERA OSCURA
Viaje sin rumbo,
postrado en mis espaldas trota,
señales de tráfico se jactan,
dejando en el rastro
cualquier lastre de derrota.
Siento los huesos crujir;
movimientos al volante, suaves mecen,
una lírica música de fondo,
mis entrañas al unísono danzan
y, en consonancia,
aplauden y se estremecen.
A la luz de madrugada,
las maniobras duermen la velada;
solamente grillos se ensalzan
sus chirridos algarabía despliegan;
y los faros iluminan
el plumaje que tan dulcemente sosiegan.
Noches en remanso de paz;
en vilo siento mi voz entonar,
vocablos que empalagan el sentir
de un compañero sonreir,
que casi a oscuras me permito captar.
El silencio de una noche estrellada;
el susurro fino de unos árboles alegres;
la escarcha de la llovizna en riego;
palabras no escritas en eco placentero
de bocas inmersas en un fuero veraniego.
Instantes rezagados ya jamás volverán;
el día retornará, la noche los eclipsará;
y la tinta escrita en mis memorias,
por valles y cordilleras viajará;
como esa ruta que en el subsuelo yace
por un camino pedregoso,
hacia un infinito que velarla
ya nunca más se atreverá.
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