ESPÍRITUS ERRANTES
Consciencias sin solidez,
vagan por un espacio indeterminado;
ingrávido e inmutable,
prosigue con su rítmico talante.
Cerebros de plástico blando,
como algodones azucarados
nacemos sin pócimas ni ácaros;
impolutos de fechorías
seguimos los impulsos,
del viento que se agita
por un clima,
que se exhibe en sombría.
Palacios de lujos y purpurina;
brillantinas con valía exuberante;
máscaras, aparente miel rebozan,
se recrean y seducen
con palabras exasperantes
a bebés inocentones,
llenos de expresión
de sorpresa a borbotones.
Preceptos sin ley,
viajan en nuestro mochila
de piedras filosofales;
habitan en nuestro nido mental,
de primarias ideas
vírgenes y albinas,
gestadas por un mutismo colosal.
Dueños del mundo nos creemos;
"la verdad nos hará libres",
Jesucristo predica
sin fidelizar seguidores,
más se enraizan recelos,
prejuicios y temores,
en las mentes de malhechores
que, en revancha, sublevan
el límpido brebaje de la vida:
nacer para morir y renacer con albores.
La virginidad del bosque encantado;
la voz del alumbrado del alba;
El circense festival de los sonidos eólicos;
el chispeo exhibicionista de una lluvia refrescante,
la gélida nieve de un invierno flamante.
Fenómenos apoteósicos nunca perecen,
se transmutan y florecen
al compás de un pretensioso cosmos
que reluce para recordarnos:
que venimos despojados de muda,
para vestirnos de gala,
y resplandecer
hacia el eterno infinito,
con la fuente de toda vibración existencial:
cristalina, iluminada y concienzuda.
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