jueves, 16 de abril de 2026

LA VASTEDAD DEL UNIVERSO

 



LA VASTEDAD DEL UNIVERSO


Todo fluye y refluye,

avanza y retrocede,

se enciende y se apaga

en la inmensidad que nos influye.


Nos movemos 

en la sintonía de un ritmo;

como almas fluviales,

alzamos los brazos al vuelo

para acaparar, a raudales,

gotas de agua que bendigan

nuestros florecidos rosales.


Sentimos la velocidad de un mundo

que viaja con sapiencia,

con el compromiso

de una consolidada consciencia,

en la que los cuerpos astrales

oscilan y giran

con inimitable congruencia.


La esencia de lo que somos

es aún un misterio cósmico;

risas y llantos,

alegrías y disgustos,

desamparo y compañía,

discordia y armonía

confluyen en un universo tragicómico.


Hacia el infinito estamos flechados;

con una espada de doble filo,

pendidos por un fino hilo,

sentimos nuestros pies descalzos

sobre pavimentos de asfalto.


El anclaje con la vida

lo vamos madurando;

los estrepitosos azotes

encogen nuestra mirada,

el cogote se agacha

la espalda declina,

reverenciando el suelo marino

como una desdichada alma coralina.


Hacia un plano supremo 

volamos con alas gallardas,

a veces, la fuerza motriz

afloja nuestro levitar,

sintiéndonos flaquear

frente a un terrible pesar.


Una conexión con la vida,

nos aleja y nos aproxima

de un desfile a tientas,

hacia volcados de lagrimal

y sonrisas alcalinas.


Traspasamos con ciega fiereza

los tabiques macerados,

hasta encontrar el brío natural

del cálido seno materno,

revestido por una incólume, 

sustancial y genuina naturaleza.







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