LA ATRACCIÓN DE LOS IMANES
Puntos de energía,
dinámicos y estáticos
envuelven nuestro ser.
Son ápices que convergen
en un mismo eje,
para recordarnos
la conexión con el cosmos,
que a flor de piel
se despliega y emerge.
Sonidos cautivadores;
música celestial;
ritmos danzarines;
silencio colosal;
danzas que sonríen
como simpáticos arlequines;
melodías que colman
nuestra pasión
por la belleza terrenal.
Entonamos canciones;
tarareamos estribillos;
palabras arrojadas con transparencia
y con un impecable brillo;
conexiones que viran
al ritmo de un incansable tiempo en rodillo.
Ese universo galante;
un convite que se degusta sin pudor;
almas agregadas
su atuendo lucen con esplendor;
sonrisas que se esbozan
con ese genuino humor,
que no disipa,
que no concluye,
simplemente nos recuerda
que una fuerza sutil nos une,
por una gran fuente
de sabiduría impune.
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