SOLES EN LETARGO
Nerea sentada
castillos de arena construye;
desmayados sus ojos caen
en un aposento
que sencillamente rehuye.
Evadirse pretende;
la realidad es turbia;
mas la ficción la hechiza,
dentro de una morada cálida
y de melena rubia.
Grita mar adentro;
animales acuáticos parecen escucharla;
el paraje está cerca
de ecos sonoros,
que tientan la suerte
hacia veredas sin verja.
Apearse intenta;
la quiebra la persigue;
esa arena de muralla
entre sus dedos se escurre.
Anhela una posada;
una família de encanto;
un recóndito lugar intimista
que no se resquebraje
por un portentoso llanto.
La luz puede soñarla;
sentir los brazos de los rayos desplegarse;
quizás llegó de momento de posarse
en un trono triunfal.
Un trono que la ancle
y le permita, al fin,
el derecho incondicional
de resplandecer y de amarse.
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