AQUELLA QUERIDA NIÑA
Mis primeros pasos recuerdo
indecisos, tambaleantes,
hacia mundos soberanos
en los que una fortaleza severa
imponía su criterio en vano.
Las cadenas de mi mente reptaban;
serpientes de cascabel inocularon veneno,
por mi venas rociaban
en un ambiente, de apariencia,
cálido y sereno.
La niña que luchaba
por cumplir su sueños,
una labor en el mundo
un granito de arena
enterrado se hallaba,
mi espíritu cobraba
aquel rostro iracundo.
Lástima de mí misma sentía,
entre cobarde y valiente me debatía,
esperando una tormenta,
para hacer asomar una fructuosa cosecha
de estímulos agradables,
que mi alma agradecería
satisfecha y contenta.
El vacío se apoderaba de mi ser,
ahora me veo y me acepto
el repudio de niña era perceptible;
en este instante afortunado
con mi esencia emerjo y conecto.
Aquella querida niña
siempre incapaz de apreciarse;
mis ojos de adulta recobran
una percepción madura
de una silueta inocentona y frágil,
que tiempos mejores augura.
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