LA LÍNEA DE LOS COLORES
Paisajes de fábula,
con ojos desnudos me oriento;
mi imagen plácida reposa
en un confortable asiento.
Caras familiares diviso,
a corta distancia.
El sol deslumbra mi visión,
pero, pese a la efímera ceguera,
pequeños zagales se divierten
en un ambiente de pura comunión.
me gustaría ser partícipe
de ese espacio lúdico sin reservas;
mas, en el pupitre,
de repente, aparezco en soledad
rotulando imágenes
con colores dispares
y márgenes desalineados.
Los dibujos tiemblan
al ritmo de una barbilla que se estremece;
el colorido, con brusquedad, empalidece.
El aula se rinde a mi desconsuelo
y, enmudecida por las sombras de mi llanto,
se torna triste hasta ensombrecerse.
Contrastes llamativos,
uniformes de escuela,
autoridades disconformes,
niños burlones...
en mi mente se forja, poco a poco,
alguna que otra secuela.
No quiero dejar de pintar:
las montañas se elevan,
los ríos fluyen caudalosos,
los pájaros vuelan en círculo,
los árboles bailan
con la música del viento
estelares y hermosos.
Todo un marco de luces,
un espectáculo cromático,
parece ayudarme
a desplegar mi obra de arte,
sin contiendas ni heridas
que, aun sin quererlo,
afloran y duelen.
Lápices me permiten expresar
colores presuntuosos
que reclaman su portento.
Pretendo sustituir, en mi memoria,
cualquier trazo emborronado
por un color blanquecino,
capaz de barrer
todo lastre de escoria.
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