TESTIGO MUDO
Frutos caen de las ramas,
los árboles los sustentan al desnudo;
vientres fecundos alimentan,
el instinto de los niños,
persistente y tozudo.
Hazañas de infancia se recrean
en el patio de los sabores,
nuevos placeres acrecientan
la tentación de mirar de frente
hacia un paraje natural
que reverencia la fortuna.
¡Cuántas experiencias caducas!
¡Cuántas palabras sopla el viento
hacia confines distanciados
de las pueriles patrañas!
Mi mente amamanta los recuerdos;
el entorno virgen vislumbro
con todo lujo de detalles.
La fuerza del sol
eclipsa aquellas mentiras oscuras
que, en la vejez,
permanecen fértiles y maduras.
Puentes levadizos atravieso;
los arbustos abanican mi dorso;
palabras discordantes se funden,
en un universo vasto y frondoso.
Las compañías me resultan familiares;
retengo imágenes yuxtapuestas.
Como del fruto prohibido,
sacio mi hambre dolorida
hacia una senda
donde del sufrimiento
me alejo y me olvido.
Los niños se nutren conmigo,
con los años de la dulce inocencia,
liberando la conciencia amarga
de travesuras que no trascienden,
y que, con deleite,
me fortalecen,
envuelta en una paz renovada,
orgullosa y alegre.
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