PLATA NEGRA
Un párroco te bendice
en la capilla del sagrario;
un traje de encaje luces
en medio de un espíritu gregario.
Quieres volver hacia atrás,
mirar a la luna en trance,
en movimiento y compás,
y recrearte en su brillo y realce.
Menuda eres,
mayor te sientes;
vives la edad que recuperas,
la protagonista entre la gente,
entre exuberantes cordilleras.
Vas y vuelves,
disfrutas de tu estancia,
saludas a la muchedumbre;
recorres hoy tu infancia
como un relato de costumbres.
Pañuelos por los aires flotan,
lágrimas de carbón resbalan;
llamas de hoguera se prenden
mientras las campanas brotan.
Miras al cielo y al suelo.
Una turbia sensación
te arrastra mar adentro;
las olas revueltas
se pelean en tu vientre;
deseas bucear
en compañía
de una presencia,
solemne y fuerte.
El odio invade tu ceremonia,
chamuscado es el olor
que sientes de cerca;
intentas traspasar una verja
y voltearte por los prados,
como una doncella
que se jacta radiante y bella.
El soplido del pasado
te devuelve al presente
con un rostro indiferente.
Quizás bajo la negrura del velo
se aprecie una faz sonriente...
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