lunes, 5 de agosto de 2019

AL MEU GAT





AL MEU GAT

Essència de pura raça;
 guardó d’un jardí silvestre;
ésser felí d’hàbil caça,
rescatat en una diminuta  parcel·la rupestre.

Semblant al cotó fluix,
bola de neu és el teu pelatge;
Floc t’anomenem;
 i amb la teva mirada,
com la claror d’un llumí,
 de tu ens enamorem.

Orfe prematur de mare,
sense ancestres a qui associar-te;
nascut al aire lliure,
als nostres peus vas claudicar,
per convertir-te en un membre més de la família
a qui uns versos escriure.

Semblant al cotó fluix,
bola de neu és el teu pelatge;
Floc t’anomenem,
i amb la teva mirada,
com la claror d’un llumí, 
de tu ens enamorem.

El teu posat elegant,
no té confusió;
desfiles per la casa,
com una figura escultòrica;
vas caminant amb parsimònia
 però alhora amb passió,
mentre encomiem sense reserves
la teva ressaltant presència anatòmica.


Semblant al cotó fluix,
bola de neu és el teu pelatge;
Floc t’anomenem;
i amb la teva mirada,
com la claror d’un llumí, 
de tu ens enamorem.

Enjogassat per naturalesa,
saltes i brinques 
com un trapella sense fre;
ens deixes embadalits 
gairebé mancats d’alè,
cada cop que fas exhibir 
la teva innata i característica proesa.

Cordills, ratolins i nímies pilotes 
rodolen sòl avall;
les teves potetes 
tenen la destresa de manipular-los amb facilitat;
et rebolques, t’ajeus i t’ajups 
provocant un cert  terrabastall
que els estris de joc 
produeixen, amb cara de felicitat.

Semblant al cotó fluix,
bola de neu és el teu pelatge;
Floc t’anomenem;
i amb la teva mirada,
Com la claror d’un llumí, 
de tu ens enamorem.


De tarannà sossegat i caràcter pacífic
et deixes amanyagar amb tendresa;
la teva pell 
de textura sedosa i tacte acrílic
convida al contacte físic,
com el caliu d’una magnànima Deessa.

Les plantes amb florida 
les olores amb misteri;
al balcó 
molts testos irradien mostres de clorofil·la;
et mimetitzes amb el medi floral 
amb un gest d’encanteri,
i vas resseguint els pètals
 col·locats en una simètrica fila.

Els raigs ultraviolats 
els reps amb reverència;
t’eixarranques amb presumpció
 per gaudir d’una bronzejada;
un son amorosit 
sembla demanar clemència,
i somnis plàcids fan l’efecte
 que t’acullen
en aquesta benvinguda estada.

El teu miol 
es com un esglai que no intimida;
tens la potestat d’emetre’l
 quan et sents importunat;
revifa com un ofec 
que es mostra entretallat,
quan algú vol obligar-te a accedir,
 des del balcó,
 a la teva rutinària guarida.

Es un honor gaudir-te 
i està a prop de la teva companyia;
gallarda mascota, 
gran redemptor d’implícita saviesa;
volem que per molts anys 
resideixes amb una salut òptima
i un perseverat estat d’harmonia,
i ens facis fondre
 qualsevol indici de nostàlgia i de tristesa.

La teva blancor escumosa 
entendreix el meu cor;
identidat menuda 
que es transmuta en un veritable tresor;
la calidesa retrata  tot allò que  tu envoltes;
magnifica tots els espais 
amb una especial senzillesa,
mentre menges, dorms, et mous, 
guaites i escoltes.

Semblant al cotó fluix,
bola de neu és el teu pelatge;
Floc t’anomenem;
i amb la teva mirada,
com la claror d’un llumí, 
de tu ens enamorem.













 





















domingo, 4 de agosto de 2019

RECUERDOS






RECUERDOS

Luces y sombras se encienden y apagan;
 imanes que no pueden disgregarse;
recuerdos inundados por dolores que cuajan,
otros simplemente desfilan 
sin apenas percatarse.

¡Cuántos recuerdos infantiles 
han poblado páginas de libros sin publicarse!
¡cuántas migajas de resquicios 
han desquiciado mi memoria!
más no quiero recordar las viejas reminiscencias que no dejan de mofarse,
de una niña que reía y lloraba,
creando una imagen 
casi enfermiza y persecutoria.

Los recuerdos, baúles descoloridos
entelados de lágrimas de calvario y goce;
en el desván yacen inmortales, esculpidos,
son emblemas que aún con los años
 no quiebran con el contacto y el roce.

Qué recuerdos aquellos 
en los que mi vida sabía a algarabía;
qué recuerdos aquellos 
en los que no tenía 
que rendir cuentas a mis hazañas;
como niña era como un acróbata
 que escalaba muros con alegría,
y nunca me justificaba ante mis mentores
 con creíbles y convincentes patrañas.

Qué recuerdos aquellos 
en los que mi vida era rancia
 y sabía a ponzoña;
cuántos momentos 
hubiese querido desvanecer;
en cambio, mis armas de defensa flaqueaban
sin poder encontrar
 un tostado y agradecido amanecer.


En el ahora, veo portales de madera prensada, pueden abrirse con facilidad;
los recuerdos me acompañan 
en los lechos a los que decido acceder;
los temores, siempre al acecho, 
ya no son barreras
que se acercan con maldad,
para invadir el espacio
 que en mi vida 
he querido restablecer.

De noche, tumbada en un prado virgen
 veo fugaces puntos de luz,
en un universo de satélites 
que alumbran cada estela fugaz;
simbolizan recuerdos 
que exudan chispas reflectantes
siempre intermitentes, cambiantes
que se acercan y se alejan
 caprichosos y galantes.

Recuerdos que construyen etapas 
que ya nunca más se repetirán;
en una órbita en la que mi madurez
 ya se ha avezado;
recuerdos que muy a pesar mío partirán,
mi mente obstinada
querrá tenerlos encabezados,
pero lamentablemente 
el paso del tiempo los velará,
y cada recuerdo 
en forma de imagen, palabra, vivencia,
será una presa fácil 
que el presente marchitará.

Y todos los recuerdos
 transportados en una canoa
el agua los ahogará 
y a la vez cristalizará
como si un espejo pudiera tenerlos custodiados,
en alta mar, en un vaivén retroactivo,
que sin contemplaciones los mecerá.

Dios mío, ¡qué desdicha la mía!
hay recuerdos que saben a miel,
son dulzones, empalagosos
 y se alían a mí como un amigo fiel,
pero por desgracia el cerebro los retrata,
queriendo conservarlos 
hasta maltratarlos
para transmutarse en pura hiel.

Mis amados recuerdos, 
no quiero volcaros en el vertedero,
pero un adiós es necesario,
para poder vivir a diario,
con la consciencia abierta 
a un  ciclo de vida venidero,
en que todo lo que acoja y despida
se mantenga distante
 ante un posible atolladero,
evitando que los recuerdos condicionen
la integridad de mi yo verdadero.

















sábado, 27 de julio de 2019

LA PLUMA QUE DANZA ALREDEDOR DE LAS LETRAS





LA PLUMA QUE DANZA ALREDEDOR DE LAS LETRAS
 

​Dicen que la vida es una combinación de poesía y prosa. Existen manuscritos antiguos, redactados por maestros cuyo legado ha sido ignorado durante décadas. Obras inéditas, inmersas en el olvido, que aguardan la oportunidad de expandir su sabiduría. Es un misterio que ha fascinado a los eruditos durante siglos. Tomemos como ejemplo la Biblia: un libro traducido a infinitas lenguas, sin fronteras, cuya autoría original permanece en la sombra. Hoy, sus réplicas pretenden transmitir incluso a los hombres más austeros —o a los agnósticos— la capacidad de contemplar una teoría teológica sobre el origen del mundo.

​El arte de escribir es una historia atemporal que condiciona el futuro. A menudo, ese rastro queda impreso en los corazones por circunstancias imprevisibles, sin necesidad de que el autor sea un experto académico. Escribir va más allá del aprendizaje ortodoxo o la convención didáctica; no busca nutrir al lector con tecnicismos, sino cautivar y conmover el alma.

​Las letras, al igual que la música, dejan constancia de temáticas complejas. Es necesario dejarse llevar por la esencia que el escritor transmite; una esencia que embriaga los sentidos y energiza la mente, ideal para ser debatida en un diálogo moderado. Leer con asiduidad nos permite evolucionar en una sociedad a menudo competitiva. La lectura es esa melodía plácida que nos acompaña a través de una trayectoria llena de enigmas.

​Hay quienes definen el escribir como el espejo de un aura intangible. Nuestro bagaje vital puede fusionarse en un relato donde el drama y el hedonismo se solapan, enmarcando momentos de placer junto a los fracasos que causan indignación. No todo lo que escribimos tiene un carácter realista: a veces, sostenemos el bolígrafo para dejar volar la imaginación, haciendo emerger el ingenio para crear personajes heroicos o derrotados por sus propias debilidades. La habilidad de transgredir los cánones dogmáticos permite al lector sumergirse en escenarios atípicos.

​El público infantil posee un criterio agudo. Su inocencia, ajena a la ideología adulta, le permite disfrutar de historias con una capacidad innata para discriminar lo mediocre y resaltar lo que aviva su asombro. Obras como Platero y yo, El manuscrito del segundo origen o El principito transportan a los lectores hacia espacios llenos de alegorías. Los niños son la generación idónea para fantasear sin límites.

​La lectura nos hace darnos cuenta de que no estamos solos; estamos interconectados por un preludio que no se interrumpe. Los libros proyectan la rueda del tiempo en párrafos donde el surrealismo intencionado transforma la realidad objetiva. Las aves, por ejemplo, al recorrer el espacio en busca de refugio, son una invitación a soñar despiertos. De igual modo, los libros buscan que el lector eleve la mirada y descubra territorios inexplorados. Cada obra es un terreno que se transita con atención, rompiendo con los finales predecibles para alcanzar una odisea onírica en estado consciente.

​Los diarios íntimos, aunque menos reputados, poseen una valía incalculable. Quienes los escriben buscan liberarse de las cargas emocionales, declarando a título individual secretos y preocupaciones profundas. En las zonas rurales, por ejemplo, existe una mayor conexión con el entorno. Quienes allí habitan suelen sostener un cuaderno para capturar sus memorias en palabras tan transparentes como el agua. Quizás no posean un dominio superlativo de la norma culta, pero no lo necesitan: con sus propios giros, logran expresar con exactitud lo que les suscita una puesta de sol o la llovizna.

​En estas casas, dentro de viejos baúles, se guardan cartas y anotaciones que reflexionan sobre la tierra. Para estos autores alejados de la vida tumultuosa, existe una gran diferencia entre hablar y escribir: mientras el habla cotidiana es limitada, la pluma les permite una riqueza descriptiva impactante y singular. Quien descubre estas obras clandestinas comprende cómo el alma sencilla sabe dirigirse a sí misma.

​El verdadero escritor es aquel que se ha desnudado de estereotipos y ha perdido el miedo a transmitir lo que siente. Podemos concluir que esta entidad es bohemia y soñadora, una figura que, sin presunción, busca reafirmar cada palabra elegida con cuidado. Entonces, la poesía y la prosa bailan al ritmo de una sincronía que parece quimérica, pero que está profundamente vinculada a un plano donde cualquier utopía es posible ante los ojos del creador.

DESPUÉS DE HOY

  DESPUÉS DE HOY Consciencia desnuda; habitación en duelo; recuerdos de anhelo, lenguaje de locura. Verborrea sin nombre viaja en el tiempo ...